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‘La vorágine’: séptima y última parte

‘La vorágine’: séptima y última parte

| 2017/03/17 17:30

"Jamás, en ningún país, se vio tirano con tanto dominio en la vida y fortunas como el que atormenta la inconmensurable zona cauchera cuyas dos salidas están cerradas: en el Orinoco, por los chorros de Atures y de Maipures; y en el Guainía, por la aduana de Amanadona".

‘La vorágine’: sexta parte

‘La vorágine’: sexta parte

| 2017/03/17 16:25

"Antes de la hora en que el sol sanguíneo empenacha las lejanías, fuéles imperioso encender la hoguera, porque entre los bosques la tarde se enluta. Cortaron ramas, y, esparciéndolas sobre el barro, se amontonaron alrededor del anciano Silva a esperar el suplicio de las tinieblas".

‘La vorágine’: quinta parte

‘La vorágine’: quinta parte

| 2017/03/17 16:16

"De allí en adelante, el lente fotográfico se dio a funcionar entre las peonadas, reproduciendo fases de tortura, sin tregua ni disimulo, abochornando a los capataces. ‘Estos crímenes, que avergüenzan a la especie humana —solía decirme— deben ser conocidos por todo el mundo para que los gobiernos se apresuren a remediarlos’".

‘La vorágine’: cuarta parte

‘La vorágine’: cuarta parte

| 2017/03/17 16:05

"Los tiples y las maracas no descansaban, y, a falta de cohetes, disparábamos los revólveres. Hubo cantos, botellas, almuerzo a rodo. Luego, al sacar nuevas damajuanas de aguardiente, pronunció Barrera un falaz discurso, empalagoso de promesas y cariño, y nos suplicó que llevásemos nuestras armas a un solo bongo, no fuera que tanto júbilo provocara alguna desgracia".

‘La vorágine’: tercera parte

‘La vorágine’: tercera parte

| 2017/03/17 15:53

"Empezamos a atravesar unos terrenales inmensos, de tierra tan reseca y endurecida, que limaba los cascos de las cabalgaduras. Y era necesario avanzar por allí, pues zurales laberínticos extendían a los lados sus redes de acequias exhaustas, conocidas sólo del tigre y de la serpiente".

‘La vorágine’: segunda parte

‘La vorágine’: segunda parte

| 2017/03/17 15:44

"Mi sensibilidad nerviosa ha pasado por grandes crisis en que la razón trata de divorciarse del cerebro. A pesar de mi exuberancia física, mi mal de pensar, que ha sido crónico, logra debilitarme de continuo, pues ni durante el sueño quedo libre de la visión imaginativa".

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