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Ad Hominem, Ad Uribe Vélez

En esta clase veremos el Ad Hominem, el recurso infalible de Alvaro Uribe. Popularidad

2014/09/24

Por Camilo Velásquez

Estuve viendo la plataforma y muchos de ustedes no se han inscrito todavía en el seminario: “Pharmaguedon: solíamos llamarle medicina”. Recuerden que deben hacerlo, pues es co-requisito de esta clase.

Recibo faltando cinco la tarea que les puse en la clase #3 de Megaminería en el subdesarrollo.

Y bueno... ¿Cuál es la clase de hoy? Ya responderé a esa pregunta; antes quisiera decir que no se puede hablar de todo, no se puede citar a cualquier ejemplar de las falacias lógicas teniendo un portafolio con grandes exponentes. Y lo digo porque quizás muchos de ustedes quisieran que aquí se mencionara al presidente, que digámoslo de paso, es un buen aliado. Qué le vamos a hacer, cada dirigente tiene su estilo, pero al final lo que cuenta es la eficacia; y lo cierto es que el primer mandatario, al menos en su faceta de demogogo, que es lo que nos atañe, deja mucho que desear.

Hoy aprenderemos un poco de la mecánica detrás de aquellas salidas fuertes e impulsivas, que tanto gustan y asustan; y que valen más que mil argumentos para una de las subespecies del país.

Si por una parte está la izquierda, la verdadera izquierda, esa religión sin Dios;  y por otra parte, esa especie de status pos-político de los países sumidos en el libre mercado; en Colombia tenemos un blend de otras cepas que vale la pena destacar.

Muchachos. No nos digamos mentiras, porque yo también voy a misa; pero la iglesia católica se ha convertido en una especie de hábito colectivo, en un club al que se pertenece sin demasiada convicción. Hace tiempo que nadie se mata por el Papa. Y muy pocos lo harían, seguramente. Algunos  de ustedes podrían preguntarse ¿Dónde quedó la barbarie, profe?, ¿se esfumó?, ¿evolucionamos?

La respuesta no es afirmativa: la barbarie vive aquí, con nosotros. Entender eso hace la diferencia a la hora de gobernar. Entender que la gente de lo que está ávida no es propiamente de argumentos, ahorra trabajo.

Recuerden la primera ley de la termodinámica, esa que dice que la energía no se destruye sino que se transforma. Y de paso recuerden también la segunda ley, que es muy bonita: el vaso que se rompe contra el suelo ya no volverá a ser vaso; las cenizas no vuelven al papel. Y esto, ahorrándonos algunas ecuaciones y conceptos, según la usanza, quiere decir que el universo cada vez se desordena más; más y más y más… aunque lo haga de formas elaboradas no exentas de peculiaridad.

Pero bueno, dirán ustedes, esta clase no es de física. Y no lo es… ¿Y por qué hablamos de leyes si las épocas del Deuteronomio hace rato ya que claudicaron? ¿Será que sí, muchachos?, ¿será que el Antiguo Testamento ya pasó de moda? Hmm… La respuesta no es afirmativa.

 A lo que voy es que bajo estas circunstancias una persona determinada puede despertar el siempre dispuesto espíritu de barbarie que cohabita y habita por aquí. No digamos que puede hacer surgir una religión, que ya es exagerado, pero sí puede explotar un contexto mental de fervor en el que la argumentación pasa a un plano irrelevante.

 ¿Que cómo se logra esto, en la era del pensamiento y la educación? No lo sé con exactitud. Quizá no esté Colombia todavía en esa era. O quizá sea cierta esa tesis de que la enfermedad del hombre moderno es el aburrimiento, un aburrimiento que se extiende bajo nuestros pies como un desierto. Donde un oasis, para cualquiera de nosotros, bien puede ser la entonación o el calor de una cierta desmesura.

En el discurrir de un buen bromista, de un buen conversador, como lo era en sus años mozos cierto expresidente de cuyo nombre… porque dicen sus amigos que no era raro oírlo esquilmar el argumentum Ad Hominem.

Ver conjugación esquilmar.

(De quima).

1. tr. Coger el fruto de las haciendas, heredades y ganados.

2. tr. Dicho de una planta: Chupar con exceso el jugo de la tierra.

3. tr. Menoscabar, agotar una fuente de riqueza sacando de ella mayor provecho que el debido.



De hecho, aprovecho aquí para una breve digresión, las falacias Ad hominem engrosan  el catálogo de las salidas, de las piruetas ocurrentes con que el más sagaz del grupo pone en su lugar al que le atiza y le juega pesado.

Digamos a Juan le dicen que es homosexual. Se lo dice Juanelo. A lo que Juan le responde que él no oye comentarios de alguien que el día del paseo de Caty acabó durmiendo en la misma cama con el raro de séptimo B (Todos se ríen).

No veo qué necesidad hay de citarme

Era solo un ejemplo, Caty.

Bueno, me disculparás pero Juan crece, se desarrolla, estudia en el exterior y viene dispuesto a llegar a la cima; tiene una voluntad de hierro. Juan es director de la aeronáutica civil, Juan es alcalde, gobernador, Juan…

No veo la necesidad de seguirle diciendo Juan…

No lo digas, Caty, no digas su nombre, no puedes hacerlo.

Claro que puedo, pero dele pro, continúe.

El hecho es que Juan llega muy alto y planea y zarandea y tras una sistématica salida de aprietos a punta de Ad Hominems, logra institucionalizar este recurso como contraargumento oficial.

Pero pro, todavía no nos ha dicho en qué consiste la falacia Ad Hominem.

—Creí que les había dado un ejemplo con lo del niño raro.

—Un ejemplo un poco confuso, ya sabe, la sexualidad…

—Sí, sí, sí… la noche oscura y yo que no veo, entiendo. Una falacia ad Hominem, también conocida como argumentum Ad Hominem, es un tipo de falacia que consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de ésta. Esta falacia no es otra cosa que la consabida desacreditación que hago de quien me acusa de algo que yo no me tomo la molestia de desmentir con pruebas.

Me acusan de mis sospechosas relaciones con el general Santoyo,  y yo muestro evidencias de la deshonestidad del acusador. Me acusan de contratar a sabiendas un tal Noguera para dirigir el departamento administrativo de seguridad, y yo devuelvo la acusación… Me acusan de haber sabido lo de las chuzadas y yo devuelvo la acusación… Me acusan de complicidad con el AIS, y yo devuelvo la acusación. Me acusan de que se me fue la mano en las épocas de las convivir, y yo devuelvo la acusación. Acusan a mis hijos de un usufruto indebido y yo devuelvo la acusación. Me acusan de que mi política de estado algo tiene que ver con los falsos positivos, y yo devuelvo la acusación. Me acusan con el cuento de la Yidispolítica, y yo devuelvo la acusación. Me acusan de…

—Creo que ya entendimos, pro, muchas gracias.

Sí muchachos. Con esto no quiero decirles que se puede hacer cualquier cosa, supongo que aun para un país como Colombia la falacia Ad Hominem ha de tener sus límites. Pero el tiempo es propicio. Búsquense un líder que hable duro, eso gusta. Alguien donde la gente se identifique, se vea pintada, como dicen. Las ideas allá no pasan por sus mejores épocas. Busquen alguien que no se arredre, que esté dispuesto. Que vaya porque vaya… ¿Qué es eso?

—¡Está temblando!

—No, Caty, no está temblando, es solo un Deus ex Machina.

Versos de reflexión

Todavía vivimos en un bosque

¿No sentís el murmullo de las hojas?

Porque no me diréis que estoy soñando

Lo que yo digo debe ser así

Textos de Apoyo: El otoño del patriarca (G,G.M), 

Canción: Adolfo Suicide


Así que te has vuelto a enamorar, 
otro trágico final con un nazi y a la francesa. 
Y ahora deambulas con tu cruz, 
te dormiste en Waterloo, 
pero amaneciste en Elba. 

Y es que no, no aprendes nunca, 
hermoso como un asturcón 
surgiendo entre la niebla. 
Más allá del precipicio, hay edificios 
que en tu mente tiemblan. 

Y que te está grande el mundo es ya 
esa nueva enfermedad 
a la que dices que eres propenso. 
Pero ya no solo estamos solos, 
ya no solo estamos rotos, 
estamos también indefensos. 

Otra idea, yo estaré al volante, 
y tú a mi lado tragas tranquis con cerveza. 
Luego encuentran nuestros cuerpos 
estrellados en una cuneta. 

Y los muros, al volverse blandos, 
te nublan la razón; 
y en tu mundo nunca hay gente a salvo 
y reina la confusión. 

Y entras como siempre en bucle 
y te transformas en Mr. Hyde. 
Miéntete a ti mismo, si es lo que hay, 
Adolfo Suicide. 

Y se supone que esta vez también 
te tendría que creer, 
que hay una soga para tu cuello, 
que lo harás de noche en la cuadra 
yo no intentaría nada, 
o se vendrá abajo el techo. 

Llámame lo que tú quieras, 
di que yo era tu chapera 
y te salí barata. 
Ya ves que te lo consiento, 
ya estás puesto como una rata. 

Y los muros, al volverse blandos, 
te nublan la razón; 
y en tu mundo nunca hay gente a salvo 
y reina la confusión. 

Y entras como siempre en bucle 
y te transformas en Mr. Hyde. 
Miéntete a ti mismo, si es lo que hay, 
Adolfo Suicide. 

Y los muros, al volverse blandos, 
te nublan la razón; 
y en tus calles nunca hay gente a salvo 
y reina la confusión. 

Y cuando pienso en que te quiero, 
te transformas en Mr. Hyde. 
Miéntete a ti mismo, si es lo que hay, 
Adolfo Suicide; 
miéntete a ti mismo, si es lo que hay, 
Adolfo Suicide.

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