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Arte aleatorio

John Cage, el polifacético artísta norteamericano, dio vida a sus cuadros a través de un particular sistema de operaciones aleatorias

2013/10/20

Por Nando Travesí

Durante el año pasado, y al cumplirse los cien años del nacimiento del polifacético artista norteamericano John Cage, se multiplicaron las exposiciones, retrospectivas y homenajes sobre su obra por todo el mundo. Entre ellas, la realizada en Medellín que se centraba en su revolucionario (y como tal, controvertido) abordaje al mundo musical y de la que dio debida cuenta la edición número 85 de ARCADIA en un artículo en el que también se repasaba su vida.  



Pero John Cage fue también un artista visual que creó numerosas colecciones de dibujos, acuarelas y grabados y que pensaba que el arte no debía comunicar las ideas o los sentimientos del artista sino, más bien, imitar a la naturaleza en su forma de funcionamiento. Por eso, dio vida a sus cuadros a través de un particular sistema de operaciones aleatorias las cuales, lejos de poder ser consideradas como mero azar, se basaban en los principios de la filosofía y cosmogonía china recogida en el Libro de las mutaciones (I Ching).  



Al igual que cuando entregamos una decisión a lo que una moneda lanzada al aire pueda determinar, John Cage buscó conseguir resultados imprevistos en sus cuadros después de aplicar reglas o parámetros que ponían límite o incluso eliminaban la posibilidad del artista de elegir



John Cage NewRiver Watercolors



The National Academy Museum de Nueva York realizó una interesante exposición (John Cage: the sight of silence) que recopilaba, entre otras piezas, sus grabados y acuarelas y que sigue recorriendo caminos y museos menos reconocidos a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Además del reconocimiento obvio que supone dedicarle sus salas y exponer gran parte de su obra pictórica el diseño de la exposición le rindió, a la vez, un homenaje más íntimo y sutil siendo fiel al espíritu del artista y replicando sus principios creativos a la hora de distribuir y colocar sus obras en las paredes de los museos: tirando los dados.  


En la primera jugada, los dados decidieron la ubicación de cada obra: un número par, galería uno del museo; número impar, galería dos. 



Sigue el juego: los pares llevaron cada obra a las paredes de la derecha; los impares, a las de la izquierda. 



Más sofisticadas la tercera y cuarta ronda: una cuadrícula imaginaria dividió cada pared y los dados determinaron las coordenadas precisas de su ubicación vertical y horizontal.



Y una regla preestablecida (llevar la obra a ángulos contrarios) dispuesta a resolver el caso en el que los dados decidieran colocar dos obras en un mismo lugar. 



Cabría preguntarse si existen muchas diferencias entre esta distribución y otra cuidadosa y milimétricamente diseñada tras muchas horas de pensamiento y reflexión de un curador que analiza meticulosamente el espacio y la iluminación buscando el lugar único y adecuado para cada obra... 



Y, a lo mejor, la respuesta es no.





Para saber más

www.johncage.org





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