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Black Sabbath: Preferiría no hacerlo

Vino Black Sabbath a Bogotá y se presento con un concierto breve y de mala calidad.

2013/10/29

Por Camilo Velásquez

 

Está bien, algunas cosas que nos pasan no son fáciles de reconocer, más cuando luminiscencias y multitudes de semejantes proporciones vienen a sumarse a la nostalgia y al impulso, para algunos inevitable, de cantar las canciones.  

Una de los primeros grupos de rock a los que me aficioné,  fue a Black Sabbath (Black Sabbath el original, por supuesto… para mí, daba muestras de mal gusto todo el que fuera capaz de oír un Black Sabbath con otros vocalistas).

 En un par de meses me hice a su discografía, en este caso, como ya lo sugerí, la que va del 70’ al 78’. Me “aprendí” (hice lo que estaba  a mi alcance) casi todas sus canciones y fue gracias a ellos que mi vocabulario bilingüe se amplió con términos místicos y patológicos. Ese era el Ozzy que todavía no decapitaba murciélagos con la boca pero que ya seguro había empezado a leer Mr. Crowley.

Recuerdo que a pesar de mi condición de púber disidente, las letras no me las tomaba en serio, algo en Ozzy anulaba el contenido de sus perversiones y sus denuncias. Sí, el responsable de que yo fuera un sectario descarriado no era otro que el mismo Ozzy y su falta de seriedad.  Podía cantar las cosas más sórdidas valiéndose de una melodía y un timbre de voz lleno de esperanza. Pero más que eso, dejé de creer en la “posible” maldad de Black Sabbath, cuando después de meses de espera recibí un VHS que reunía conciertos de distintas épocas en los que cantaba sus mejores canciones. Fue entonces que vi las particularidades: el cantante de los flecos deambulando por el escenario incesante, aplaudiendo y mirando a sus compañeros de banda como si tuviera alguna discapacidad cognitiva, luego se quedaba junto a Tonny Iommy imitando el solo de Iron Man o el solo de War Pigs. Bueno, el hecho es que aunque dejé de oírlos por muchos años, Black Sabbath me siguió pareciendo una superbanda, cada vez que sonaba algo por casualidad, lo oía hasta el final cantando con una memoria que ojalá tuviera para otras cosas.

Por eso fue que hace unas semanas me emocioné mucho cuando un amigo dijo que venían a Colombia, juntos, y que él ya había comprado la boleta. En ese momento olvidé que Ozzy hace relativamente poco había visitado Colombia promocionando alguno de esos álbumes no muy buenos que ha ido lanzando desde Ozzmosis.  De pasada también olvidé que dicho concierto tampoco recibió buenas críticas. Sí, olvide eso y otras cosas; pero aun si las hubiera tenido en mente, si me hubiera ido al concierto a regañadientes no habría esperado encontrarme con algo tan precario como lo que tuvieron para darnos.

No haré una descripción detallada del concierto, al fin y al cabo son los mismos errores dispersos por las pocas canciones que tocaron. El show abrió con War Pigs “Por Dios, War Pigs, si uno no puede cantar afinadamente una canción como War Pigs, qué se puede decir de más de la mitad de las canciones de la banda". El hecho es que Ozzy no solo desafinó en cada canción sino que se le notaba el esfuerzo que tenía que hacer para que no se rompiera el hilo delgado que sostenía la canción que estuvieran tocando. Imagínense: el señor tiene sesenta y no sé cuantos más y todavía cree que esas maneras de animador tienen alguna gracia. No pasaba un minuto sin que gritara sus proverbiales “I don’t see your fucking hands”, “Loud that” “ I can’t Hear you” y esa molesto vicio de ponerle el micrófono al público que no se le ve bien a alguien que está teniendo un mal desempeño.

No sé cómo habrá sido el acuerdo con los empresarios. Lo que sí es seguro es que compraron el paquete más barato. No lleve la cuenta exacta, cantarían  unas 12 canciones. Después de haber visto a Paul Mccartney cantar el triple de esa cifra teniendo más años que Ozzy, con una voz admirablemente conservada y una interacción con el público que es de homo sapiens sapiens a homo sapiens sapiens.

Cuando se despidieron hicieron algo que sólo les he visto hacer a ellos: irse de verdad. No volvieron y empezaron a encender las luces. Al comienzo estaba abrumado y confundido por el gentío, sabía que no había sido un buen concierto pero todavía no estaba en condiciones de ser sincero conmigo mismo ni con los amigos que sí parecían menos insatisfechos que yo.

En Colombia se han hecho conciertos muy buenos, difíciles de mejorar en cualquier otra parte del mundo, ahí está el de Roger Waters, por ejemplo. Es un grosería que usufructúen el nombre de una banda como Black Sabbath para traernos ese despojo de vocalista. Mis respetos para el resto de la banda y mis felicitaciones para el nuevo baterista, ojalá le estén pagando bien.

 

Camilo velasquez

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