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Campo expandido

Mientras todos los medios y la gente involucrada en el campo del arte se pregunta por el boom que está viviendo Colombia en esta materia, yo me pregunto por el mundo laboral que rodea al circuito artístico. Algo así como la letra menuda del asunto y no los grandes titulares.

2014/10/21

Por Daniel Salamanca

Para nadie es un secreto que Colombia está de moda. Nuestro equipo de fútbol nacional tiene al número 9 del Manchester United y al número 10 del Real Madrid, sólo por citar lo más extravagante del panorama. Como quien dice, el mejor delantero del mundo y el mejor armador del planeta. Pero también es de por acá el campeón y el sub-campeón del último Giro de Italia y, sin duda alguna, el futuro rey del tour de Francia (será pan comido para Nairo en unos años). Y como si fuera poco la campeona mundial de las campeonas mundiales de bicicross también es Colombiana. Y lo más curioso y desconcertante es que lo estamos asumiendo. Normal. Como si esto no fuera Colombia y estuviéramos acostumbrados a los éxitos del día a día. Y si eso pasa con el deporte, en el arte tampoco damos tregua. Decenas y decenas de artistas son invitados cada vez con más frecuencia a  los eventos más destacados de la escena mundial. De repente, los peces gordos parecen haber descubierto la leyenda contemporánea del Dorado. Carlos Motta comparte espacio con otras jóvenes promesas en el grandilocuente Future Generation Art Prize, Felipe Arturo presenta hasta 5 proyectos en 5 ciudades distintas en 1 sólo mes, Mateo López deslumbra a la crítica en Art Basel (Suiza), Nicolás Consuegra gana una residencia en Filipinas, Roca es curador adjunto para Latinoamérica en la Tate Modern, en donde, Doris Salcedo, ya dejó una imborrable cicatriz, Daniel Santiago Salguero es invitado a La bienal de Mercosur, Iván Argote presenta sus trabajos en el Palais de Tokyo y la Bienal de Sao Paulo, Nicolás Paris pone en marcha sus talleres en la Bienal de Venecia y en el New Museum en Nueva York, Abel Rodríguez gana el Premio Príncipe Claus y Juan Fernando Herrán el Premio Pictet de Fotografía, y así, sucesivamente, podría seguir línea por línea destacando las participaciones de primer nivel de los artistas  colombianos en el exterior, así como las excepcionales muestras que suceden aquí mismo en el país. Esto probablemente hasta caer, a fuerza de obviedad, en enormes titulares del estilo: La nueva capital del arte mundial, Boom o especulación, etc.. Cierto hasta cierto punto y falso, si lo revisamos moderadamente. Como todo en este mundo. 

Pero hay algo, un tema que tal vez no se ha tocado del todo, que tiene que ver con todos los oficios y servicios que rodean este auge artístico y que aún no están profesionalizados, y que creo, es lo que realmente nos atañe, más que los grandes coleccionistas, los super-mecenas, la inversión pública o los enormes cambios culturales que, considero, no son más que los colinchados oportunistas de todo este genuino proceso. Me interesa, en cambio, aprovechando el dinamismo propio de la escena, pensar en cómo trascenderá esto, por ejemplo, a la industria del papel, de las telas, de las pinturas, del cemento, de la madera o del grafito. ¿Incentivará todo esto a que hayan más y mejores estudios de diseño y comunicación para la cultura? ¿Empezaremos a fabricar nuestros propios insumos de calidad? ¿Seguiremos comprando lápices diseñados en Alemania y hechos en China? ¿Conseguiremos cintas no ácidas para conservar nuestros dibujos? ¿Se montarán más marqueterías profesionales y con materiales de primer nivel? ¿Habrán mejores sitios de impresión y retoque de imagen? ¿Existirán más alquileres de equipos audiovisuales y nuevas productoras especializadas en arte? ¿Se incrementarán los estudios de grabación y de post-producción para cine no convencional? ¿Tendremos más gente encargada de los registros, la catalogación o la restauración? ¿Habrán más periodistas informados y curiosos que no repitan las notas de prensa? ¿Mejorarán las facultades de arte en el país? ¿Se fomentará más la formación de docentes en arte? ¿Abrirán nuevas maestrías en arte, curaduría, gestión, museografía o historia? ¿Tendremos más y mejores arquitectos para realizar guiones museográficos y puestas en escena no tradicionales? ¿Habrán bibliotecas especializadas en arte, diseño e ilustración? ¿Habrá espectadores para tantas obras? ¿Subirán los precios de producción y ejecución? ¿Seguirán los artistas desmembrándose para hacerlo todo? O, resumido en una única pregunta: ¿Hay suficientes actores de reparto para toda esta película? 

Supongo, como casi todo, que será el tiempo el que nos dará las respuestas a esto. Sin embargo es evidente que en el país, al igual que pasó en Francia, Estados Unidos o China, la cultura puede ser un motor, o mejor, un nuevo pulmón, que oxigene la economía dando paso a una profesionalización de todas las aristas de esa pequeña burbuja que llamamos mundo del arte. Y esa percepción, puesta en marcha, es mucho más perdurable en el tiempo que el gusto pasajero de un par de personas, con dinero, por la abstracción geométrica o el arte político. Así que no estaría de más que los grandes medios, y todos los interesados, nos diéramos a la tarea de hacer un balance de todo este campo en expansión para llegar a conclusiones tangibles y no a acertijos sobre las tendencias provenientes de multi-millonarios y extranjeros que, en muchos casos, tan solo voltean a mirar nuestro país bajo la lupa del exotismo. 

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