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CANINO: El horror puede estar dentro de nuestra propia casa.

2011/08/25

Resulta incomprensible pensar que esta película es una comedia o un drama. Resulta incomprensible pensar que el horror que estamos presenciando puede estar sucediendo en cualquier lugar del mundo, pues la crueldad y la sobreprotección hacen parte del código genético de la humanidad.

 

“Canino” (Kynodontas) es una película incómoda que no nos permite quitar la mirada de la pantalla. Esa misma incomodidad se convierte en un film fascinante. Giorgos Lanthimos nos abre las puertas de una casa en donde, desde la primera escena, nos sentimos extranjeros. Lo único que separa el mundo de aquella familia con el nuestro es un enorme portón. Sólo el padre puede salir. Encerrados en aquella casa que cualquier familia de estrato medio envidiaría (iluminada, con jardín y piscina), permanecen la madre, dos hijas y un hijo. En ese microuniverso todo es diferente: incluso el lenguaje. Una escopeta es un pájaro, un salero es un teléfono, zombi es una pequeña florecita amarilla. Y si bien todo esto puede resultar cómico en un comienzo, con el pasar de los minutos nos vamos sumergiendo en una pesadilla que invita a recordar la violencia de los estados totalitarios, el temor a la autoridad, lo aterradora que resulta la sumisión y lo dañina que resulta ser la ingenuidad.

 

“Canino” ve al mundo como un lugar peligroso. El padre, quién es el titiritero de todo lo que observamos en la película, dice a sus hijos que los gatos son animales que devoran a los hombres. Por eso, lo mejor es no salir de casa. De lo contrario, les sucederá lo mismo que a su hermano mayor (quien en realidad es sólo una invención de los padres para intimidar a los hijos): por ser rebelde, nunca más podrá entrar a casa. ¿Por qué? Porque sólo puede salir de la casa aquella persona que haya perdido su diente canino. Cuando el diente vuelva a salir, podrá conducir el carro familiar.

 

Los hijos, ya entrados en sus veinte años, parecen tres pequeños e indefensos niños que pasan su tiempo en el jardín viendo aviones pasar en el cielo: “quisiera que un día cayera uno en nuestro jardín”, dice la hermana mayor. El padre, comprendiendo que su hijo tiene necesidades fisiológicas, trae semanalmente a la celadora de su fábrica para que calme los calores del muchacho. Todo se complicará cuando esta mujer intente manipular a una de las hijas para obtener “placer”.

 

Pues el placer en esa casa puede ser cualquier cosa: desde lamer el hombro de una persona, hasta jugar a quemarse un dedo con agua caliente. Todo está permitido dentro de la familia. Pero todo lo externo que intente penetrar en ella será expulsado, y aquel que permitió su entrada tendrá un severo castigo. 

“Canino” es el horror. Es el temor. Es la intimidación. “Canino” es el mundo en que vivimos.  

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