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Chess Boxing: el deporte paradoja

Hay ajedrez. Hay boxeo. Y solo después hay Chess Boxing, un improbable deporte que combina minutos en el tablero y en el ring. Ha sido descrito “como hacer matemáticas con una pistola apuntando a la cabeza”.

2014/08/19

Por Christopher Tibble


Hay ajedrez. Hay boxeo. Y solo después hay Chess Boxing, un improbable deporte que combina minutos en el tablero y en el ring.  Ha sido descrito “como hacer matemáticas con una pistola apuntando a la cabeza”. 


Nikolay “The Chairman” Sazhin comienza la partida con la defensa Grünfeld, una famosa apertura que viene de la escuela hipermoderna de ajedrez de los años veinte. Su oponente, Leo “Granit” Kraft, de Bielorrusia, está concentrado pero nervioso. Con tan solo 17 años, Kraft disputa el título de peso mediopesado de Chess Boxing frente a 2.000 personas en el Palacio de Deportes de Krasnoiarsk, en Siberia. Sabe que su contrincante es de la región y que tiene un mejor ranking de ajedrez, pero también sabe que hace poco se lesionó la rodilla. Así que va a concentrar su energía en el ring y no en el tablero. 


Después de mover sus peones y desarrollar un par de piezas, ambos se cambian la ropa y se ponen los guantes de boxeo. Kraft, hábil y ligero, domina la ronda. Hasta la fecha ha disputado 50 peleas amateur y ha ganado 45. Sazhin, en cambio, ha salido victorioso en 85 de 95 combates. Tras unos minutos de puños, sudor y adrenalina, vuelven y se sientan. Kraft se enroca apenas puede, quizá prematuramente. Sazhin se emociona y asedia con violencia al rey de su oponente. Su confianza se extiende al ring. En el próximo round le propicia una paliza a Kraft. Pero su emoción lo traiciona: su enérgica iniciativa deja a su rey vulnerable. Tras varias rondas, Sazhin se encuentra en una encrucijada: noquea a su oponente en los próximos tres minutos o pierde en seguida en el tablero. Así que se lanza con todas sus fuerzas, pero el esquivo Kraft sobrevive. Luego, ya sentados frente al reguero de piezas,  el bielorruso sonríe exhausto: jaque mate. 


El deporte de Chess Boxing aparece por primera vez en las novelas gráficas del francés Enki Bilal a comienzos de los años noventa. En ellas los habitantes de un planeta desolado compiten en varias actividades físicas con elementos ajedrecísticos. Una idea similar aparece en Checkmate Ninja, una película de kung fu de 1979. Pero es de los cómics que el holandés Iepe Rubingh saca la inspiración y funda, en 2003, la Organización Mundial de Ajedrez Boxeo en Berlín. Desde entonces el deporte ha ido ganando seguidores y hoy cuenta con más de 400 clubes afiliados en todos los rincones del mundo: desde Calcuta hasta Dublín.

  

Las reglas son simples. Una partida dura 11 rondas: seis de ajedrez, cada una de tres minutos, intercaladas por cinco de boxeo, de la misma duración. Tras cada round, los combatientes tienen un minuto para descansar y cambiarse la ropa. En el tablero, cada jugador tiene 12 minutos en el reloj. El encuentro se puede ganar por  jaque mate, knock-out, decisión de juez o si el oponente se resigna. En ciertos combates, de hecho, algunos competidores cometen suicidio ajedrecístico (se dejan ganar), para no tener que aguantar más golpes en el ring. Si el juego queda en tablas, gana el que más puntos haya cosechado boxeando. Si en ese caso todavía tienen el mismo puntaje, el jugador que tenía las piezas negras resulta victorioso.


Si bien en muchos círculos Chess Boxing causa risa, sus promotores se lo toman muy en serio, al punto de que han hecho lobby para que sea incluido en los Olímpicos de Rio de Janeiro 2016. Argumentan además que en los setenta la gente se burlaba de la misma forma de los triatlones y de otras prácticas que fusionan deportes. También advierten que el juego tiene una función terapéutica e incluso sanadora, pues le enseña a la gente a calcular y a concentrarse justo después de realizar una actividad tan intensa como el boxeo. 





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