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"DETACHMENT": Una fábula sobre la tristeza

2012/05/02

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No se pueden encontrar mejores historias que aquellas que suceden en la cotidianidad, en el mundo que vemos y escuchamos. Los mejores efectos especiales son creados por la mente en los momentos de dificultad: cuando se buscan las posibilidades de salir del pozo de la tristeza. El mundo que nos rodea está lleno de antihéroes. Seres con un propósito de vida, dudas, angustias, sueños, ilusiones y fracasos. Todos guardamos dentro de nosotros la rabia y dolor, una culpa y un secreto. Sabemos que detrás de cada sonrisa que expresamos, de cada caricia que ofrecemos, hay un trasfondo de tristeza y soledad.

 

En base a lo anterior están construidos los dos personajes más significativos de la obra del director londinense Tony Kaye: Derek Vinyard en “American History X” y Henry Barthes en su nueva película “Detachment”.

 

Adrien Brody interpreta a un maestro sustituto que se pasa la vida yendo de una escuela a otra intentando enseñar inglés a jóvenes desmotivados, llenos de ira y rechazo. Henry Barthes conoce bien su oficio, conoce las reglas y trampas que pueden aparecer en su camino. Desde que entra por primera vez al salón de clase nos damos cuenta que no es un principiante. Sabe exactamente a qué va y con qué tipo de alumno va a enfrentarse. “Cuando eres maestro sustituto –nos dice en un pasaje- no tienes que preocuparte por enseñar nada. Estás ahí de paso. Sólo debes preocuparte por mantener el orden y evitar que los muchachos no se maten entre ellos”. Es un personaje huyendo de la constancia. Necesita estar en constante movimiento, cambiando de escenario. De lo contrario, la tristeza y la soledad terminarán por apabullarlo, si no es que ya lo han hecho.  

 

Como lo hicieron Laurent Cantet y François Bégaudeau en la maravillosa “Entre les Murs”, Tony Kaye y Adrien Brody entran en el universo de los maestros para enseñarnos sus debilidades y frustraciones. Mientras pasan los minutos somos testigos de la impotencia que genera dedicarse a la enseñanza en un mundo donde los jóvenes ya no tienen aspiraciones, sueños o, tan siquiera, una idea exacta de por qué están sentados en un aula de clase. Aquellas personas que se levantan temprano, toman el bus, siguen un programa académico y regresan a sus casas en la noche a corregir exámenes encierran dentro de sí un grito de desespero, de querer dejarlo todo y empezar de nuevo en un lugar diferente.

 

Henry Barthes sabe que sólo está de paso, no tiene nada que perder y por ello se da la licencia de explicar a sus estudiantes que el mundo es un lugar detestable para vivir, pero aún así es necesario pasar por encima de la porquería que nos rodea para tener, al menos, alguna satisfacción en la vida. Es a ellos de tomar las riendas de su vida o simplemente hacer parte del 80% de trabajadores norteamericanos que se sacrifican por un salario deprimente.

 

 “Detachment” es una pequeña joya que sobresale en medio de la temporada de premios (donde se encuentran grandes películas como The Descendants y The Artist) y se agradece que no haya sido nominada a nada. Así, en medio del anonimato, se hace más valiosa y necesaria. La universalidad de su tema, el realismo de las interpretaciones y la hermosa fotografía guiada por la mano de documentalista de Tony Kaye hace de esta película un retrato fiel de nuestra cotidianidad. De los temores y frustraciones que rebotan en las paredes del alma buscando una salida. 

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