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###El diablo está en los detalles###

El miércoles pasado, a 3 días de abrir su primera exposición individual con la galería Instituto de visión, el artista Santiago Reyes me invitó a charlar con él mientras yo inspeccionaba un poco el desarrollo del montaje. Aquí un diario visual y unas breves citas.

2015/02/18

Por Daniel Salamanca

Hace casi 5 años escribí un artículo sobre un proyecto que, en ese momento, era un híbrido entre un colectivo curatorial, una plataforma para promover artistas y una galería itinerante que tomó por nombre: La Central. Dirigido por Beatriz López y Katy Hernández, este proyecto poco a poco se convirtió en un espacio comercial como cualquier otro pero con la firme intención de crecer junto a una serie de artistas que asumían grandes riesgos formales y que le apostaban a tener una mirada crítica de su contexto. Parte de la premisa tenía que ver con lo que López llama “cheverismo”, otra forma de denominar una actitud "buena onda" y de practicar las artes de manera fresca pero aguda. De esto quedó la constancia de numerosas exposiciones en Bogotá, una decena de artistas que han ido transformado la escena local y latinoamericana y, sin duda alguna, una red de contactos excepcionales, luego de sus múltiples visitas a ferias internacionales. Con esa materia prima, pero bajo la dirección de un nuevo grupo de personas y profesionales, incluyendo a Beatriz, abrió sus puertas otro espacio denominado Instituto de visión*. Una galería comercial cuyo programa incluye no sólo la investigación, experimentación e intercambio entre artistas locales e internacionales, sino una revisión a procesos y obras de artistas de larga trayectoria en su práctica pero de poca presencia en la historia, aún si sus obras marcaron claras tendencias y rompieron paradigmas. 

Aunque su programación expositiva arrancó lento por los múltiples compromisos de sus directoras y artistas, el sábado pasado inauguraron su segunda muestra, Contramuro, que presenta un diálogo entre los trabajos del colombiano Santiago Reyes y el brasileño Marlon de Azambuja. Para evitar caer en la obviedad de las reseñas o en una diatriba ensayística, preferí hablar directamente con Santiago, colega y vecino de taller, y dejar que me contara un poco sobre su trabajo, sus preocupaciones actuales y la percepción que tiene él mismo de su obra. El resultado es un diario visual del montaje que, junto con unas citas de la agradable conversación, dan ciertas pistas sobre lo que encontrarán en la exposición. Una muestra que me sorprendió por su sobriedad, sutileza y frescura.








“Toda obra debe siempre tener un lejos y un cerca”
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“Hay que jugar con la contingencia. Esa posibilidad de que algo se contraiga o se expanda”
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“Es claro que ninguna de mis piezas puede poner en riesgo una vida humana”
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“Me interesa ese punto de vértigo donde conviven el riesgo con la calma”
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“En todo proceso hay intensos momentos de aprendizaje”

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“Mi obra está en constante tensión con el concepto de gravedad”
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“Las ideas me hacen fuerte y los detalles invencibles” (tomado de un graffitti bogotano que vió Pedro, el ayudante de Santiago. 

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“No es lo mismo el resumen que uno puede encontrar en El rincón del vago que leerse el libro completo. Saborear las cosas y que nunca dejen de hablar”
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“Todas las medidas que elijo tienen una relación directa con mi cuerpo”
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“Es increíble todo lo que puede decir y contener una máquina simple como una cuña. Un dispositivo para cambiar el ejercicio de las fuerzas. 
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Bogotá, 11 de febrero de 2015
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* El nombre Instituto de visión es tomado de un proyecto del artista Nicolás Consuegra

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Fe de erratas: en el anterior artículo me equivoqué en el nombre del proyecto. No es Taxiderm Lab sino Taxidermy Lab. Envío disculpas a la artista. 

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