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El fiasco del reto del cubo de agua helada

El fenómeno del cubo de agua helada ha recaudado casi cien millones de dólares. El triunfo aparente de la campaña esconde, entre líneas, un fracaso total.

2014/09/18

Por Fernando Travesí

El letargo del final del verano se alteró  con un efecto viral, una cadena contagiosa, que comenzó a propagarse rápidamente por todo el mundo y que primero acaparó la atención de las redes sociales y luego la de toda los medios del planeta. Sin embargo, no se trataba del virus del Ébola (el cual, pese su devastador y letal impacto socio-económico y los estragos que aún sigue causando, tardó bastante tiempo en romper su confinamiento en los medios especializados y aparecer en los grandes medios masivos de comunicación) sino del conocido como el reto del cubo de agua helada. Para los no iniciados: una ingeniosa campaña para recaudar fondos y generar sensibilización sobre la Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad progresiva y neuro-degenerativa que afecta a las células nerviosas del cerebro, la espina dorsal y los músculos.
  
La idea consiguió sorprender a sus organizadores superando la más osada de sus expectativas y recaudando una cantidad ingente de dinero, casi cien millones de dólares en todo el mundo. Sin duda, tendrá un impacto positivo en las asociaciones consagradas a investigar una enfermedad sin cura ni tratamiento, y dedicadas a cuidar a quienes la padecen que cuentan con una esperanza de vida de entre tres y cinco años desde que se confirma el diagnóstico. Y ojalá así sea porque, paradójicamente y pese a su espectacular recaudación la campaña no parece haber sido tan exitosa, ni mucho menos, en su objetivo de conseguir mayor sensibilización sobre la enfermedad. 

Lo que sí ha podido demostrar con toda claridad (y quizá sin tener ninguna intención) es que es mucho más fácil la movilización de millones de personas en una cadena de divertimento colectivo (acompañada en ocasiones por una donación voluntaria) que en una toma de conciencia, en una reflexión seria y solidaria que pudiera marcar diferencias de actitud ante esta y otras muchas enfermedades raras.

Es seguro que la campaña no hubiera tenido tanta resonancia ni seguidores si la cadena de retos contagiosos a lo largo del planeta hubiera consistido en invitar a reflexionar en silencio durante unos minutos, sobre el impacto de la enfermedad en quien la sufre y en su entorno, en la falta de interés e investigación científica por parte de la industria farmacéutica privada y en la escasa cobertura y apoyo de los sistemas sanitarios públicos. Probablemente, su página de Facebook hubiera coleccionado telarañas de no haber sido por la genialidad del cubo de agua helada. 

Pero la verdadera lástima es que tan excelente idea cargada de símbolo y representación, fuera ignorada desde el primer momento, trivializada en cada reto y consumida industrialmente por una masa on-line, ávida de material para sus perfiles y vitrinas públicas que recibió con jolgorio el desafío como un entretenimiento caritativo para aliviar las altas temperaturas del verano.    

Porque, en realidad, era precisamente eso, el tratar de ponerse en la piel de quien sufre la esclerosis lateral amiotrófica, lo que intentaba la campaña en sus orígenes: reflejar el momento terrible, denso e impactante en el que alguien recibe el diagnóstico de la enfermedad. El cubo de agua helada buscaba recrear la sensación en la que el cuerpo se congela por el impacto y el escalofrío de saberse enfermo sin cura ni tratamiento. La parálisis momentánea al darse cuenta que uno lleva dentro una enfermedad degenerativa que te consumirá poco a poco y para la que no existe cura ni tratamiento. Cuando el cuerpo y la mente se congelan dudando entre gritar o salir huyendo. Y solo después de ese instante infinito en el que los sentidos y las emociones se bloquean, darse cuenta que la vida ha cambiado en ese preciso momento en el que cayó sobre la cabeza un gran cubo de agua helada. De hecho, la expresión y la imagen se usa en varios idiomas y culturas para intentar describir el estupor, el shock emocional, la sorpresa paralizante, la decepción, el torrente que ahoga los sueños. No pudo ser… la campaña se hizo viral y se contagió a la velocidad del rayo. A tanta, que no permitió distinguir los detalles del paisaje desde la ventanilla.

El hecho demuestra también el doble filo de las redes sociales. Por uno, su potencial de comunicar, de transmitir mensajes, de generar efectos en cadena y crear conversaciones que se desarrollan en paralelo y con vida propia por todos los rincones del planeta. Por otro, la vida efímera, la superficialidad, la vigencia fugaz de la sangre que corre por las venas de facebook, twitter y similares. Su capacidad infinita de trivializar y de procesar hasta la superficialidad absoluta la esencia y tratamiento de los temas más serios. No hace mucho, se veía otro ejemplo: bring back our girls. 

El fenómeno del cubo de agua helada demuestra también la formidable atracción y poder de convocatoria de los personajes públicos. Y por tanto, nos recuerda la enorme responsabilidad social que conlleva el disfrutar de un reconocimiento masivo causado por una trayectoria personal o profesional. Demuestra también que, aunque casi todos los personajes públicos hagan gala con entusiasmo de su compromiso social con causas diversas, muy pocos lo ejercen y desarrollan con seriedad e interés. Que en la gran mayoría, su solidaridad es a la par fugaz e intermitente. Más vinculada al efecto público que tenga la acción en beneficio propio y los réditos en términos de imagen y perfil social que a la causa en sí. Pareciera que, lamentablemente en este sentido, sí  han conseguido crear tendencia mundial… 

Comprobado: es hoy más fácil que nunca propagar cualquier tendencia, vaciar los temas de contenido y navegar por la superficialidad. Especialmente, cuando el planeta se suma en masa divertido, buscando su ración diaria de entretenimiento y alternando la mirada entre la pantalla y su ombligo (el real o el reflejado). Quizá es también más fácil que nunca recaudar cantidades inmensas de dinero capaces de deslumbrar de tal manera que todo lo relacionado con ellas se considera éxito. 

Pero, bien mirado, si la intención era también sensibilizar, provocar reflexiones, cambios de actitudes y toma de conciencia ante una determinada realidad, la campaña ha sido, sin duda, un fracaso. Cualquier campaña que logre llamar la atención de grandes mandatarios públicos, de los hombres y mujeres más poderosos de la tierra  (entre ellos Barack Obama) pero que en lugar de adoptar un compromiso y una decisión política al respecto, consiga que su acción sea firmar un cheque... es un fracaso.  

Un total fiasco. 

PD.- Si usted ha participado en la cadena tiene todo el derecho a estar en desacuerdo, o a convenir, a enfadarse, a mentir, a reflexionar, a contradecir o a elegir de todo un poco.
  
PD1.- Un estudio reciente de un equipo de psicólogos de las Universidades de Virginia y Harvard demostraba las dificultades actuales del hombre moderno para quedarse a solas y sin nada que hacer con su propio pensamiento. Hasta el punto que dos tercios de las personas que participaron en el experimento, optaron por auto proporcionarse una pequeña descarga eléctrica ante la ansiedad de quedarse sin hacer nada. Quizá, entre las páginas de este estudio se pueda encontrar la verdadera razón del éxito de la campaña del cubo de agua helada.
                                    
                                    If I get 100 likes, I will do the bucket challenge for no reason
                                                         Si consigo 100 "me gusta" hago el reto del cubo de agua helada sin razón alguna

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