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El fin del mundo

Dijeron que el 21 de diciembre del 2012 se acababa el mundo. No supe muy bien a qué horas sucedió, pero igual, escribí algo al respecto y lo ilustré con obras de Alejandro Obregón, Doris Salcedo y Adriana Martínez.

2013/08/02

Por Daniel Salamanca

Lucía miró una vez más por la ventana de su apartamento. Todo estaba igual que siempre. Ahí permanecían los cables de la luz haciendo un nudo ciego al final del enorme poste de concreto. También se conservaban intactas las materas que adornaban el borde de la celosía de enfrente, así como la garita del portero, a medio hacer, con latas, tejas, e insipientes retazos de construcción. A lo lejos aún se oía el constante sonido del tráfico. Ese ruido periódico, que cuando se escucha bien, contiene la impaciencia humana y los latidos de todo aquel que se dirige rutinariamente a su lugar de trabajo. 


Lucía bebió un sorbo de té. Dejó pasar unos instantes. Pensó en lo lejos y solitarios que se debían sentir aquellos amigos que partieron obligados a otro lugar del mundo. Recordó entonces algunos de sus viajes. Sobre todo los que hizo en la infancia junto con sus padres. Recordó cada una de las curvas de la carretera. Recordó el olor a campo y la sensación de mareo al mirar demasiado tiempo por la ventanilla del automóvil. Se sintió feliz y emocionada. Un tanto nostálgica. Pensó de nuevo en sus amigos. De pronto se tomó la oreja derecha con sus dedos. Hizo consciencia de que la parte superior era redonda y formaba un pequeño arco. Lo dibujó con el índice, una, y otra vez. 


Esa mañana las palomas habían aterrizado más temprano que de costumbre. Se posaron como pequeñas gárgolas en la estructura más alta del edificio de la esquina. Hicieron popó. Mucho. Sobre el asfalto y sobre la ropa que habían puesto a secar en el tercer piso. El ambiente era húmedo, como el de una ciudad quieta, en la que hace poco ha cesado de llover. 


Lucía se tocó las arrugas del rostro mientras oía una canción de Leonard Cohen que se titula The Stranger Song. Entonces se acabó el té y se dirigió a la cocina a poner a calentar un poco más de agua. Rato después, volvió a la ventana. Al parecer, ese era el fin del mundo.     


Lento y parsimonioso. Y es ese el problema del mundo. Que nunca se detiene ni tampoco colapsa del todo. Anda a 465 metros por segundo sobre sí mismo, haciendo que se repitan por siempre los mismos ciclos, los mismos dictadores, el mismo concreto en las ciudades, las mismas malas decisiones, o buenas, que vuelven y se van abajo con las malas, y así sucesivamente. Se reciclan los mismos seres humanos, torpes y vanidosos, inventándose toda clase de ritos para no aburrirse -religión, deporte, política, cultura, inversiones económicas, invasiones bárbaras, y una que otra guerra sin sentido-. Entonces volvemos y leemos nuevos libros, que en realidad son las mismas historias, pero contadas de forma distinta. Vemos las mismas obras de arte, las mismas películas, y ante todo, nos convencemos de que la revolución aún sigue de moda. Y de pronto, morimos. Y volvemos y nacemos, y un día, vomitamos, como todos los mortales que viven en el planeta tierra. Soñando poder ir al mar,  a la montaña, o al llano, para ver esa inmensa bóveda terrestre que siempre nos recuerda lo insignificante que somos. Todo, mientras transcurre el tiempo en las agujas de un reloj, mientras los aviones despegan o aterrizan, mientras las nubes siguen pareciendo algodón y mientras se disipa en nuestra mente, el eterno miedo a morir.  


Lucía pensó en dos imágenes antes de dejar la ventana para volver a las páginas de otro buen libro, que como los horóscopos, parecía narrar su propia historia.





El mundo no se había acabado, los fantasmas seguían sin existir y ningún Dios daba la cara. Todo seguía igual. La misma violencia. Las mismas brechas que separaban al mundo. Y la vida. Que para ella, había que vivirla intensamente, aún si al mirar por la ventana todo seguiría igual, pero distinto.  


Les dejo unas imágenes del proyecto “FINes” de la artista colombiana Adriana Martínez, también gestora del espacio independiente bogotano MIAMI y que ilustran mi idea. Diversos finales de películas ocultando mapas y que me hacen pensar en cual será el verdadero “The End” del mundo.






Y como regalos les recomiendo ver este documental sobre la retrospectiva de Marina Abramovic en el MOMA. >>


http://lalulula.tv/cine/marina-abramovic-la-artista-esta-presente

 

Y tener cuidado, hay formas muy bobas de morir:

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