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El mundo, ¿farsa o realidad?

¿Cuántas veces se ha preguntado, al volver a casa, al cerrar un periódico, al apagar la televisión... si el mundo y las cosas que pasan son reales o una pura farsa?

2015/01/29

Por Fernando Travesí

Por la cuestión han deambulado grandes filósofos y personajes místicos pero también se la plantea, en algún momento, cualquier persona corriente, incluyendo las almas más prosaicas. Y la respuesta puede buscarse en el silencio de la meditación y al olor de lo inciensos, en el diván del psicoanalista, entre el ruidoso alboroto de las tertulias de café, copa y puro (este ya fuera, en la puerta y a la intemperie) o entre las ideas desconectadas que suben y bajan del pensamiento en un día cualquiera.

Quizá, la pregunta debería acompañarnos durante todo el día. O, mejor, esperarnos junto a la puerta de casa para encontrárnosla al regreso, suspendida en el aire y dibujada con letras de neón. Mirándonos fijamente y, con sonrisa irónica, planteándonos el reto de resolver el acertijo después de un día recorriendo los vericuetos habituales de la ciudad, explorando el laberinto de relaciones humanas en el que vivimos y habiendo navegado los caminos del país y del mundo a través de los medios de comunicación. 

¿Farsa o realidad? 

Parece que el realismo mágico ha dejado de ser patrimonio exclusivo de Colombia y que, ahora, el país lo exporta a todo el mundo. Una parte importante ha sido comprada por el poder del dólar petrolífero que, incluso en horas bajas, sigue siendo mucho: como si no hubiera sido suficiente la obtención del Mundial de Fútbol de 2022 (con la polémica y el halo de sospecha que aún lo rodea y el cual ahora no saben muy bien cómo diseñar para que jugadores y público no mueran de asfixia), Qatar organiza en estos días el Campeonato Mundial de Balonmano masculino para ofrecernos una imagen que va más allá del absurdo. Dado que la tradición del país en este deporte es más bien escasa, Qatar ha alquilado a un grupo de aficionados españoles para que animen sin descanso a su selección. Una selección, por cierto, en la que no abundan los jugadores qataríes sino más bien compuesta por figuras internacionales del Balonmano fichadas también a golpe de cheque y nacionalizaciones exprés. 

Ahí está, una nueva modalidad de mercenarios: El esperpento implica que los fans españoles, con viaje y gastos pagados y provistos por su patrón de tambores, trompetas y los utensilios habituales en estos casos, estén obligados por contrato a animar con emoción, ruido y jolgorio (eso sí, no se lo pierdan: en inglés) a la selección Qatarí en todos sus partidos. Incluyendo el recientemente jugado contra España. El dinero, imponiendo su lógica propia, y alzándose como conector identitario nacional entre el país, sus jugadores y su afición.    

¿Farsa o realidad? 

Cuando el fotógrafo José Palazón publicó en internet su fotografía  “Paisajes de desolación” tuvo que defenderse de las críticas que le acusaban de haber hecho un montaje. La instantánea, que retrata con precisión quirúrgica el límite entre el Norte y el Sur, muestra el momento en el que un grupo de inmigrantes del África Subsahariana trepan por la valla-frontera de la ciudad española de Melilla. La polémica valla, cada vez más custodiada y defendida para intentar evitar este tipo de saltos, no sólo separa África de Europa sino también la aridez de las montañas con un verde y cuidado campo de golf en el que dos jugadoras continúan practicando su afición. 

Esta dosis de realidad cruda y de calidad fue ganadora del Premio Internacional de Fotografía Luis Valtueña que todos los años convoca y organiza la ONG Médicos del Mundo. Junto a ella, otros finalistas muestran la cara de la realidad que nos empeñamos en arrinconar entre los restos de nuestro entretenimiento. Lo hace también, especialmente, la serie del segundo finalista, David Rengel, que revela el hecho cotidiano y desalmado que ocurre en un vertedero de Camboia al que no llegan soluciones pero, sin embargo, suelen arribar autobuses con turistas para “sentir pena” y retratar y hacerse fotos con los niños y niñas que se buscan la vida entre la basura en condiciones infrahumanas y a los que regalan caramelos. Un zoo humano. 

¿Farsa o realidad? Los fotógrafos nos plantean la pregunta, ofreciéndonos los hechos detenidos en el tiempo e invitándonos a que nos tomemos un segundo de reflexión para contestarla. 



PD.- Aunque la pregunta planea casi siempre, suele disiparse con asombrosa facilidad cuando uno se asoma a los primeros círculos de la política: ahí, todo farsa.  

     

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