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El último vuelo de Bakary

El pasado 24 de julio se estrelló el vuelo 5017 que viajaba desde Uagadugú, Burkina Faso y con destino Argel, capital de Algeria. En él iba Bakary Diallo, un joven artista de Mali que conocí en septiembre del año 2011 en el marco del 17 Festival Video Brasil, realizado en Sao Paulo. Desde el más acá, un saludo silencioso.

2014/08/20

Por Daniel Salamanca


Lo que imagino de un último viaje en avión. 



Primero que todo, un minuto de silencio. Segundo, maldecir porque la vida puede ser un cúmulo de desgracias. Tercero, pensar en que el último vuelo de una persona tiene un alto grado de poesía. 


A Bakary Diallo lo conocí brevemente en septiembre del año 2011, durante el 17 festival Videobrasil, realizado en la ciudad de Sao Paulo. Su trabajo audiovisual, una potente mezcla entre superstición, tradición y herencia cultural en regiones rurales de su país natal, Mali, no pasaba desapercibido. Tampoco él, que poseía ese carisma propio de aquellos que están destinados a permanecer en la memoria colectiva de la humanidad. Logro mayor. 


Pero la casualidad por la cual aparece él en este blog es que teníamos una amiga en común, Laura Huertas, también artista, a quien entrevisté por este medio, y que estudió con él en la prestigiosa escuela Le Fresnoy, Tourcoing, Francia. Pues casi 3 años después (24 de julio del presente año) Laura postea un mensaje de duelo en su página de Facebook. Aunque al principio ignoro de quien se trata, luego me doy cuenta que es ese mismo personaje que yo me había cruzado. Lo corroboro luego de que la organización del festival mencionado hace un anuncio oficial de la noticia. Sería el último viaje de Diallo. La desgracia aérea del vuelo de Air Algeria se lo llevaría, junto con otras 115 personas, al más allá. 


Entonces me preguntaba: ¿Cuantos aviones pueden caer al año? ¿Cuántas personas que conozco morirán antes que yo? ¿Se imaginaba Bakary que haría parte de un accidente aéreo? La vida a veces es sumamente extraña. A lo lejos, sentí que esto no debió pasar, pero pasó. Y seguirá pasando. Porque como humanos nos inventamos un mundo que falla constantemente. Y aunque Bakary se proyectaba como un artista más que prometedor, no pudo vivir para contarlo. 


Lo que nos queda es pensar que el arte debe actuar como una lápida viviente de la memoria. Como un canal de comunicación que está por encima de las personas y sus egos, y que promete siempre, volver al futuro. Tan solo eso. Desde por acá, un querido adiós a alguien que conocí.  


Dos videos de Bakary: 


Dankumba / Les feuilles d'un temps

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