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Elogio a la Séptima, una calle AÚN SIN DESTRUIR

Cuando vivía en Montreal, lo primero que hice para ubicarme fue imaginar que la avenida principal, Sherbrooke, era como la Séptima, y con ese punto de referencia, rebauticé mentalmente el resto de avenidas

2011/03/10

Cuando vivía en Montreal, lo primero que hice paraubicarme fue imaginar que la avenida principal, Sherbrooke, era como laSéptima, y con ese punto de referencia, rebauticé mentalmente el restode avenidas (Ontario era la Novena y Saint Catherine la Quince) parapoderme ubicar. Esto porque la Séptima no es solo un punto de referenciageográfico sino también uno de referencia sentimental. Y económica: losedificios de oficinas más importantes de esa ciudad, las universidadesmás grandes, las tiendas más emblemáticas, los cruces de calles másconcurridos estaban sobre Sherbrooke, mi Séptima.

Entonces abro la Guía Literaria de Bogotá,un libro fantástico editado por Aguilar cuando Bogotá fue CapitalMundial del Libro de UNESCO en 2007, y encuentro que “mi” Séptima, es LaSéptima de generaciones de escritores y fotografos. También hay en ellibro citas de poemas y novelas que hablan de otras calles y esquinas dela ciudad y espacios que son más que espacios y esquinas y calles: sonmoldes vivos que dan forma a la imaginación y a la memoria.

Hoynuestra Séptima está en vías de extinción. No lo digo en el ánimo delludita que ve en el progreso una hidra de mil cabezas. Es importante queevolucione el transporte en la ciudad, que mejore la movilidad,etcétera y etcétera, pero en este momento no hay garantías paraemprender macroproyectos como los son un metro o meter un Transmileniopor la Séptima, y menos cuando esos macroproyectos son una fachada pararobar. ¿Qué se pone en juego con esta inverosímil obra? No es solo lapoca armonía que queda en la ciudad ni los negocios de todos los queviven en y sobre la Séptima. También está en juego un patrimonio vivo dela ciudad que es el patrimonio que construyen los peatones y los carrosy hasta los buses mugrientos en su ir y venir por la calles.

Enun ensayo muy famoso llamado “Andar en la ciudad”, Michel de Certauhabla de cómo la ciudad se construye no solo con obras sino con actos,con las prácticas cotidianas, con el andar y el moverse. Empieza deCertau su descripción de Nueva York desde las cima de una de lasdifuntas Torres Gemelas. Esa visión panorámica, como la de un dios, es afin de cuentas una fantasía, una utopía. La verdadera lectura de laciudad, propone de Certau, se debe hacer desde abajo, pues es a niveldel suelo que se construye la ciudad. El caminante traza un “textourbano que escribe sin poder leerlo […]; las redes de esta escritura queavanzan y se cruzan componen una historia múltiple, sin autor niespectador, formada por fragmentos de trayectorias y alteraciones deespacios”.  Más concretamente, el andar es como el hablar, y cada vezque uno se mueve por la ciudad está hablando esa ciudad, construyendoformas de decir esa ciudad. O sea, una ciudad no son sus obras, ni susgrandes edificios, sino el acumulado de historias y de los caminosescritos y los imaginados por las personas.

Ladestrucción de las vías es, más que la destrucción de la movilidad, ladestrucción de la comunicación en el sentido más profundo y simbólico:cada paso en Bogotá es un paso que uno quisiera no haber dado; es comoquerer borrar cada palabra que uno escribe, o como tratar de hablarmientras alguien de la palmadas en la espalda, calvazos y patadones enel tobillo. Vivir Bogotá es un arrepentimiento permanente. Según elgrupo de activistas “La séptima se respeta”, hay 110 obras en curso enla ciudad, muchas de ellas sin un final cercano, y las más grandesempantanadas en líos de corrupción que superan todo esfuerzo deimaginación. Ellos proponen firmar una petición para aplazar las obras.Tambien habría que proponer una marcha de silencio, porque una ciudadparalizada (sin Séptima, ni Décima, ni 26, ni Autopista Sur, niAutopista Norte, etc x 110) es una aglomeración de gente muda, atada asu empute.

Yasabemos  qué vería de Certau si subiera a la torre de Colpatria. Tambiéntenemos muy claro qué clase de “poética del caminante” compondría estepobre historiador francés  si se atreviera a ir a pie al CementerioCentral, por ejemplo. Menos mal el tipo visitó Nueva York.

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