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Espectador inmóvil

Revisión al proyecto web La máquina de Gornajur Jarjar, de la artista Samaria Maria Cristina Agudelo, y las contradicciones que implica ver arte por internet.

2014/07/09

Por Daniel Salamanca

Imagen de un video de Universal Everything Studio

Un impactante aviso de atención, similar al que antecede usualmente a las películas grabadas en video, reza la siguiente afirmación: “¡Alto ahí. Antes de ver esta exposición piense muy bien qué es lo que quiere ver. Si usted es de aquellos que deliran con Cézanne, y considera a la Monalisa como la obra de arte más significativa de todos los tiempos, esto no es para usted. Bienvenido al futuro. - La Máquina de Gornajur Jarjar”. Es ésta la introducción a un proyecto de bitácora digital, de la artista Maria Cristina Agudelo, que consiste en reunir en un blog una serie de obras y registros de importantes artistas alrededor del mundo. En general son muestras y proyectos que van mucho más allá del imaginario tradicional de obra de arte y que reflejan un claro interés, dependiendo del caso, por la monumentalidad, la ‘extravagancia’ o el uso de medios tecnológicos novedosos. Es en esencia, una mirada, desde su posición, a la versión más globalizada del arte. Dicho de otra forma, todo lo que no pasa por My-Stream

Sin embargo, y a pesar de la ingenuidad que significa subestimar de antemano a todo aquel que aprecia una naturaleza muerta de Paul Cézanne o la misteriosa mirada que esconde la Monalisa de DaVinci (statement un tanto desatinado para darle la bienvenida al internauta), es llamativo ver cómo una artista en Colombia, alejada de la escena internacional del arte, se propone construir un copioso archivo de videos de aquello que ella considera el arte del futuro. No sólo la convierte en una coleccionista digital, o curadora vía streaming, sino que denota el nivel de instantaneidad y consumo al que podemos llegar los espectadores en frente de un computador portátil, una Tablet o un aparato celular. Las fotocopias, los libros y demás formas de reproducción parecen estar pasando a la historia. En uno u otro caso, desde este lugar del mundo, pareciera que siempre seremos espectadores y estudiantes de registros y documentos, y no necesariamente, de ‘obras de arte’ y piezas originales. ¿Estará cambiando esto con la vinculación de Colombia, cada vez más evidente, en el circuito del arte global?, y ¿Cómo afectará esto al campo del arte en Colombia? Son preguntas que me hago constantemente. Sobre todo cuando en todos los artículos que hablan sobre Colombia siempre se repite la tesis de José Roca, que considero cierta, de que gran parte del éxito de los artistas de nuestro país tiene que ver con el hecho de haber producido por décadas sin las presiones del mercado, los intereses casi ideológicos que a veces implica la participación en una gran bienal o la influencia inevitable de acceder a todo lo que pasa fuera de nuestras fronteras.  

La máquina de Gornajur Jarjar es precisamente la puerta de entrada a todo ese mundo y a todo ese futuro, que siendo sinceros, luce incierto. Dudoso, en el sentido que sería muy triste sentir que poco a poco el artista colombiano tiene la necesidad de copiar tendencias, o de ocultar un pasado histórico particular, como lo fue el modernismo de los cincuentas y sesentas, o la politización de los ochentas y noventas. Dudoso ya que esa sensación, y posibilidad, de presenciarlo todo, pasa por la calidad de una pantalla, la subjetividad de un fotógrafo o la capacidad luminosa de un lente. Me pregunto, además, si ver una de estas grandes instalaciones, en vivo y en directo, no generará la misma desilusión que produce ver a la diminuta Monalisa original, cuando en el libro de Gombrich la reproducción a full color se veía tan especial. ¿Será así de impactante, como no lo muestra el video, el sol de Elliason en la Tate? ¿O la gigantesca esfinge de Kara Walker? ¿Hay que referirse siempre a ese arte que pasa por fuera para validar lo que pasa por dentro? ¿No es preferible conmoverse con una idea que pasa desapercibida en la galería de nuestro barrio? Y si efectivamente lo que nos ha hecho sólidos y resistentes es ver las naranjas de Cézanne en un portavasos y no en un museo. Son cosas que me rondan en la cabeza mientras releo todas las entradas de este blog y me veo los videos que ha recopilado juiciosamente la artista. ¿Cuál es el afán por pertenecer a esa masa indistinta? ¿Será por la misma razón que James quiere jugar en el real Madrid? Bienvenidos al futuro. 

Lo cierto es que hoy en día estamos, y nos proponemos, estar mucho más cerca. Las ferias son eso, las bienales son eso, los salones son eso, el internet es eso, esta máquina, es eso. Y aunque en apariencia pareciera positivo creo también que es como trabajar en medio de una gran fiesta, con mucho alcohol gratis, con exceso de gente y con la música en su volumen más alto. La diferencia es que estamos en una silla solitaria y nos cuesta concentrarnos. Somos como espectadores inmóviles de lo que pasa en algún lugar del mundo. Al punto que a veces creo que hay que retomar la parsimonia de los tiempos largos, la soledad de no tener Wi-fi y la persistencia en ver más acá y menos allá. Pero es una resistencia difícil. Porque también se perdería uno cosas como estas -Los teatros de Saturno por Adrián Villar-, que me despiertan de nuevo la emoción de dedicarme al arte.  

Aquí, La Máquina de Gornajur Jarjar y Vernissage (The window to the art world), un lugar donde pueden ver muchas de las inauguraciones que suceden en el mundo. 

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