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Exposición silenciosa

Hasta el próximo 14 de marzo, en la sala de exhibiciones de la Biblioteca Nacional de Colombia, estará abierta la exposición Voces y Silencios, hecha en homenaje a los cien años de la muerte de la escritora Soledad Acosta de Samper.

2014/02/12

Por Daniel Salamanca



Vista de la exposición. Detalle del libro El corazón de la mujer (ensayo psicológico).


La Mujer, La Familia, El Domingo de la familia cristiana, El Domingo y Lecturas para el hogar fueron los títulos de las cinco revistas que dirigió y editó Soledad Acosta de Samper entre 1878 y 1905. Parece mentira. Una mujer, a finales del siglo XIX, en nuestra sociedad, dedicada de lleno al periodismo, a la traducción, a escribir crónicas de viaje, novelas históricas, crítica literaria y ensayos, entre muchos otros géneros, en los que esta legendaria escritora colombiana parecía moverse como pez en el agua. A contracorriente de lo usual, Soledad, que vivió entre Paris y Bogotá, logró ejercer de forma continua y persistente, sin temor a ser juzgada y haciendo alarde de sus posiciones vanguardistas entorno al género y a la sociedad, una profesión mayoritariamente masculina. Las 21 novelas, más de 50 escritos cortos y cientos de artículos y textos variados así lo confirman. Cualquier homenaje, incluida la fea estampilla que se hizo en su honor, me atrevo a decir, se le queda corto. La exposición Voces y silencios, sin embargo, discreta y elegante, es el más bello de los elogios para esta inquieta señora de las letras. 

Por fuera del circuito artístico tradicional, lejos de los titulares de la prensa y de la movida, a veces un tanto snob de las galerías, están las exposiciones que se llevan a cabo en la sala ubicada a la derecha de la entrada de la Biblioteca Nacional. Un espacio neutro y sencillo, con pretensiones culturales bien definidas y en donde el curador a cargo, Carlos Betancourt, ha logrado establecer una linda conexión entre literatura y artes visuales. Allí, en esta ocasión, y como si entráramos en un espacio de ficción literaria, se dieron cita tres creadores: Leyla Cárdenas, Camilo Sanabria y Soledad.  Entonces uno entra a la sala y luego de leer una cronología histórica va descubriendo un silencio que nos habla. Me refiero a todos los manuscritos de puño y letra de la escritora que están dispuestos entre sillas, escritorios y gabinetes de curiosidades que han sido repensados por Leyla en un ejercicio de encuadres o cortes escultóricos. Como en un museo de curiosidades uno va decantando la intensidad detrás de esta obra literaria y se adentra en la intimidad de la creación así como en los sutiles detalles de otra época. Dan ganas de oler las cosas, de tocarlas y de tomarse un tiempo para uno. Esto, mientras se escuchan unos pasos y una lectura en voz alta de ciertos apartes de los textos. La sensación es sumamente acogedora. Ideal para un domingo. 

Abierta hasta el 14 de marzo, creo que es una muestra imperdible para aquellos espectadores pacientes y solitarios que encuentran en el arte otra forma de ver las cosas. Y repito, me parece no sólo el más lindo de los elogios para esta escritora única, sino un acertado ejercicio que nos habla del nombre mismo que le pusieron sus padres y que representa, desde mi punto de vista, el verdadero accionar de todo artista y escritor: la soledad.

Aparte los dejo con el trabajo de Carlos Betancourt, explicado por él mismo en el formato Pecha Kucha

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