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Ilusiones Rotas

Si pudiéramos transformar la vida en un juego de mesa el resultado sería un inmenso y complicado puzle blanco.

2014/05/11

Por Fernando Travesí


Si pudiéramos transformar la vida en un juego de mesa el resultado sería un inmenso y complicado puzle blanco. Un puzle blanco sin imagen, colores ni dibujo donde el reto sería encontrar, más que elegir, la pieza correcta para poder ir conformándolo encajando unas con otras. Un puzle difícil. Muy difícil. 

Cada jugador que se atreviera a intentar colocar las piezas de su propia vida comenzaría uniendo las fichas que marcan los bordes: es lo más fácil (todo el mundo lo sabe y empieza del mismo modo) y, probablemente, no se pueda empezar de otra manera. Después, comenzaría la búsqueda de la pieza correcta para cada momento, para cada situación. Buscando entre ese montón de piezas que parecen iguales para elegir una, probarla en cada hueco, hacerla girar…hasta encontrar la posición adecuada. Y cuando una pieza estuviera finalmente colocada, tras la satisfacción y el aplauso (ambos efímeros) comenzar la búsqueda de la próxima para rellenar el siguiente hueco. Así una y otra vez. 

Tarde o temprano veríamos al jugador descubrir que pese a su cuidado, a su dedicación, el puzle no avanza. Su presentimiento se convierte en dolor al darse cuenta que ha perdido alguna de sus piezas; y que aunque probara todas las posibilidades y el resto de piezas una por una, concluiría que aquella pieza perdida era única y que en su lugar quedará un hueco eterno que no podrá ser llenado. Deberá asumir que podrá seguir completando el puzle hasta acabarlo pero que ya nunca podrá ser perfecto. El hueco siempre recordará que se perdió una pieza en el camino. Una ausencia presente. 

Y descubrirá también piezas que deberían encajar, pero no encajan. Piezas imposibles de encontrar tras meses de búsqueda. Piezas que parecerían las correctas pero que, tras muchas vueltas, no lo son. Piezas que encajaban pero que el uso y el desgaste las va separando y en su deriva desplazan al resto. Piezas que se rompen en las manos y que cumplirán solo a medias su función. 

Piezas que no encajan. Las que se perdieron. Las que no se encuentran nunca. Los huecos que quedaron. El puzle incompleto. 

Las ilusiones rotas.    


                                         
                                                       fotografía hekival                                      www.hekival.com 

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