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Ir para volver

Desde el 28 de marzo hasta el 27 de junio se lleva a cabo en la ciudad de Cuenca, en Ecuador, la versión número doce de su Bienal de arte contemporáneo. El título: “Ir para volver”. He aquí un breve relato de mi visita a las 6 sedes que acogen el evento y a esta interesante ciudad colonial.

2014/05/30

Por Daniel Salamanca

Mi padre siempre me decía que lo que más le gustaba de viajar era el momento de volver. Y yo, poco a poco, he aprendido a entenderlo y a pensar parecido. No sólo por esa sensación de tranquilidad que genera el poner la cabeza en la almohada propia, sino también, porque considero que la única forma de saber que te fuiste es recordando que estás de vuelta. Tal vez a eso se refiera el título de la actual Bienal de Cuenca Ir para volver. Un oxímoron, muy propio del pensar artístico contemporáneo, que reúne una serie de obras que hablan sobre esa linda contradicción que subyace al viaje. Ahí cabrían entonces maletas, éxodos sociales, peregrinajes, exilios políticos, migración, mezclas culturales y un sinnúmero de conceptos derivados de esta idea de explorar el mundo para reconocerse a sí mismo. De eso se trata precisamente esta muestra que ha sabido reinventarse y llegar, con todas las dificultades propias de la gestión cultural, a su doceava edición. 


Creo que parte del éxito y subsistencia del evento se debe a que la ciudad que lo acoge mantiene vivos y latentes, además de su arquitectura, unos bienes inmateriales ligados a las ciencias, la educación, el medio ambiente y el arte. No en vano ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad y apodada la Atenas del Ecuador, Santa Ana de los Ríos o Cuenca de los Andes. Las otras virtudes de esta Bienal son su facilidad para recorrerse y el respeto con el espectador. A diferencia de las grandes exhibiciones de este tipo esta es una muestra puntual y reducida, con una selección rica en temas y recursos, pero sin pretensiones monumentales, en el buen sentido de la palabra. Bastan 3 días cortos para ir de un lado a otro, circular por las 6 sedes y, además, conocer buena parte de los sitios de interés de la ciudad. Es interesante también la pluralidad de los espacios que se escogieron para su realización y que varían desde una galería independiente, pasando por un colegio, una iglesia, un espacio institucional, una vieja casona, un bellísimo Museo de Medicina y el Museo de arte Moderno. Esto lo vuelve, desde mi posición como extranjero, un evento incluyente que activa un recorrido urbano interesante, y que por el otro lado, exige para los curadores y los artistas un reto interesante en términos de museografía y montaje. 


Todo esto sin contar con lo más importante y aquello que, verdaderamente, hace una exposición de este tipo: las obras y los artistas. Un conjunto heterogéneo de piezas con las que uno va haciendo asociaciones y saltando por todo el abanico que se desprende del título. Muchas cosas me gustaron. Sin embargo y para no entrar en detalles, ya que esto no es una columna de crítica ni un artículo de prensa informativa, quisiera enumerar las 6 obras que más me sedujeron, que más me parecieron pertinentes (sin ser obvias), que mejor resueltas y terminadas estaban y que todavía guardo en mi memoria, luego de volver. Se trata de The story of a stone de Adrian Paci, Folklore #2 de Patricia Esquivias, Medio Camino de Adrián Balseca, El arte de navegar de Manuela Ribadeneira, Otros de Jorge Satorre, Cordillera paralela de Daniel Steegman y The library of unborrowed books de Meriç Algün Ringborg. El primero es el complejo proceso de realización de una columna de Mármol en un enorme barco. Allí la composición fotográfica es bellísima, el ritmo envolvente y la calidad de la imagen impecable. Los relatos informales de Esquivias son extremadamente lúcidos y divertidos. La versión no animada del periplo de un carrito para llegar a la exhibición, de Balseca, es casi enternecedor. Los artefactos de navegación, dispuestos de manera sutil por Ribadeneira, son de una elegancia envidiable. La mezcla escultórica y artesanal que pone en juego Satorre, más que las caricaturas, logran un efecto de transculturación supremamente afortunado. Las delicadas y minúsculas formas geométricas en papel cuadriculado de Steegman, para hablar de paisaje, me conmovieron. De igual manera lo hizo la silenciosa instalación con los libros jamás consultados de Meriç Algün Ringborg. 


Así que esas fueron las percepciones que se me fijaron en mi mente y estas las imágenes de las obras en mención luego de mi viaje a Cuenca desde Guayaquil. 



Adrian Paci



Patricia Esquivias



Adrían Balseca



Manuela Ribadeneira



Jorge Satorre



Meriç Algün Ringborg


Un traslado geográfico que implicó ascender por la empinada colina de los Andes, hasta ver las nubes que cubren su falda, para luego volver en medio de infinitas hileras de platanales que cercan la avenida. Para mi fortuna era justo el momento en el que el sol se pone. Y lo teníamos justo en frente. 


He aquí 3 de las obras que destaco y que estaban grabadas en video:

The Story of a Stone

Otro video de Patricia Esquivias

Trailer de Medio Camino


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