RevistaArcadia.com

Krokodyl-Ayahuasca: Un mural digno de Banksy

Farmacología artesanal: Separados por siglos de intenciones, el Krokodil y la Ayahuasca representan búsquedas opuestas

2014/04/14

Por Camilo Velásquez

Tratar en detalle los métodos de preparación, la etnofarmacología, o el perfil bioquímico de sustancias tan distintas como el Krokodyl y la Ayahuasca, no es el objeto de este texto. Tampoco forzar un parecido más allá de sus semejanzas; sino más bien describir algunas figuraciones sobre la brecha que las media y las separa.  

De las selvas suramericanas

Seguramente no hay otro ejemplar más llamativo en la historia de la farmacología artesanal al de la Ayahuasca (o Yagé), que desde un tiempo impreciso, que bien podría ser de milenios, combina estratégicamente sustancias que la química occidental vino a descubrir hace menos de un siglo.

La Ayahuasca es una bebida de uso sacramental con propiedades curativas y alucinógenas, que se obtiene al combinar infusiones de plantas psicoactivas. Desde el siglo XVI,  misioneros de España y Portugal en la Amazonía observaron sus efectos en los indígenas, y en un gesto muy cristiano la describieron como el trabajo del diablo. Pero no fue hasta la década de 1940 que el etnobotánico, Richard Evan Schultes, hizo el primer estudio detallado de sus componentes. Desde entonces, esta preparación se ha popularizado como una pócima espiritual que ayuda a devolver el sentido de la existencia. Su uso se ha extendido: chamanes o taitas, que dirigen y protegen la experiencia, viajan desde sus respectivas selvas hasta las ciudades donde se les solicita. Hasta se tiene una versión de laboratorio conocida como Pharmahuasca.

Una de las preguntas que suscita con frecuencia la ayahuasca, es cómo los indígenas pudieron llegar a una mezcla tan refinada-una mezcla que de hecho tiene en cuenta pasos metabólicos que deben ser burlados para que la sustancia no se inactive antes de llegar al cerebro- sin las herramientas del método científico. Algunos dicen que la respuesta es la misma respuesta de tantas otras preguntas: por ensayo y error; sin embargo, los indígenas afirman que esa respuesta, como tantas otras, les fue dada por el alma de la planta.

Preparado Ruso

El Krokodil es una mezcla casera de la que se obtiene un analgésico opiáceo de acción rápida y corta duración conocido como desomorfina. La desomorfina fue sintetizada por primera vez en 1932, en Estados Unidos.


Con la guerra soviética en Afganistán (1979-1989) se establecieron múltiples rutas de tráfico a través de la frontera Kazajistán-Rusia. De Rusia salen armas y-cada vez a volúmenes mayores- a Rusia entra heroína. Con el colapso de la unión soviética crece abruptamente el número de consumidores, el sur de Siberia recibe el embate de frente.

Sin dinero, frente a los altos costos de la heroína, los adictos buscan una alternativa; el síndrome de abstinencia no da tiempo. Es en esta coyuntura que empieza a popularizarse, en la ciudad de Novokuznets, a mediados de la década pasada, una confección casera de la desomorfina. Jóvenes entre los quince y los veinticinco años se encierran en apartamentos ruinosos a cocinar una mezcla hecha con ingredientes fáciles de conseguir en cualquier farmacia: pastillas con algún contenido de codeína, ácido fórmico, gotas oftálmicas (tropikamida), cafeína, gasolina y otros ingredientes que varían según la desesperación. Los efectos también varían.

Cuando se les pregunta a los consumidores por qué incluyen tantas sustancias en la mezcla, responden que probando-por ensayo y error- han ido descubriendo la combinación que genera un efecto más fuerte, más rápido. Sin embargo, esta mezcla es demasiado impura, tiene un alto contenido de toxicidad, gangrena rápidamente los miembros y necrosa los órganos, deja la piel como la de un cocodrilo. Las sectas religiosas, que en Novokuznets crecen a una tasa de progresión geométrica, afirman que el Krokodil-en cada uno de sus componentes- es un arma del diablo para captar almas.

Selva-Distopía

Separados por siglos de intenciones, el Krokodil y la Ayahuasca representan búsquedas opuestas en un momento en que el mundo se integra de un modo brusco y desigual. El cierre de este texto es el ya sabido: contraponer la sabiduría ancestral al extravío del hombre civilizado, y hacer como si en el fondo de esa conclusión hubiera una especie de oportunidad.

Sin embargo, los contextos, la historia y la morbosa relación que puede hacerse entre estas sustancias da también para otra clase de cosas: Un enorme mural pintado en los paramentos de una base militar al sur de Siberia, muestra a un grupo de hombres rodeados por vegetación, semidesnudos, con el rostro pintado y plumas en la cabeza, haciendo gestos de furia hacia un cocodrilo que está empalado en el centro. Semejante figuración está inscrita en una nube, como cuando en los comics se da entender que un personaje piensa o fantasea. En este caso, se trata de un joven de pelo muy corto y muy rubio, con las pupilas como la cabeza de un alfiler, recostado contra algo que puede ser una cama o un sofá; la jeringa en su brazo, da a entender que la nube que inscribe a los indios y al cocodrilo no es un pensamiento ni un fantaseo, sino un sueño, o mejor un delirio. La base militar funciona con normalidad.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.