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La ausencia kitsch de Othoniel

Retrospectiva del artista francés Jean Michel Othoniel. Su obra gravita en torno a una reflexión sobre la ausencia y sobre el cuerpo que no está presente. Collares enormes que delinean un cuello invisible, un cuerpo ausente gigante, que se ha ido, que no está ahí.

2012/09/28

Por Gloria Esquivel

Soufre

m. sust. azufre

 

Souffrir [sufrir]

I vtr (soportar) sufrir;

no poder aguantar a alguien.

II vi (tener dolor) padecer, sufrir;

padecer de las muelas.

 

Souffreteux

adj (de la salud) delicado(a)




My Way” es el título de la retrospectiva del artista francés Jean Michel Othoniel que se podrá ver hasta el 2 de diciembre en el Brooklyn Museum de la ciudad e Nueva York. En la entrada, un conjunto de coloridos globos de vidrio hechos a la forma de cada una de las letras del título de la exposición (inspirado en la canción de Frank Sinatra), dan la bienvenida a dos salas en las que se puede recorrer el universo sensual, mutable y voluptuoso de este artista francés que dialoga con las obras de otros contemporáneos como Sophie Calle y Félix González Torres.

 

Su obra gravita en torno a una reflexión sobre la ausencia y sobre el cuerpo que no está presente. Collares enormes que delinean un cuello invisible, un cuerpo ausente gigante, que se ha ido, que no está ahí; tapices con orificios sobre los que los cuerpos juegan a taparse y a revelarse; la promesa irresuelta de un amante que puede derivar en placer o en dolor.

 

Las esculturas de Othoniel utilizan materiales mutables, sensuales, como el vidrio y el azufre. El líquido hirviendo se transforma en liso y frío sólido; así como el amado, su cuerpo, sus orificios, dejan de estar presentes para convertirse en un doloroso fantasma. Azufre-padecimiento-enfermedad. Soufre-souffrir-souffreteux.


Un ábaco en donde las cuentas oscilan del blanco al negro (de la felicidad a la tristeza) como registro emocional de un año convulso. Un colorido barco hecho de vidrio erigido en honor al desarraigo. Una mesa en la que descansan frascos de vidrio que se llenan con lágrimas sobre las que flotan esculturas de penes y corazones, como si se trataran de las ofrendas funerarias de un gigante. Mi necesidad, como espectadora, de querer tocar las obras, de tenderme sobre la cama de princesa kitsch que ha diseñado entre velos y cuentas de colores pastes, de enredarme entre esos collares y buscar a los voluptuosos fantasmas que alguna vez los usaron.

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