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Las conservas como laboratorio creativo

Una mirada al proyecto de la diseñadora y artista Camila Gallego, Taxiderm Lab, en exhibición en el gabinete de Flora (ars + natura).

2015/02/04

Por Daniel Salamanca

“En la alternancia entre utilidad práctica y gratuidad que caracteriza a todo gabinete, en el deseo de crear un orden propio, aunque sea arbitrario, hay, sin duda, una imitación del gran juego divino. No sería, quizá, del todo falso concebir el mundo como gabinete de curiosidades de Dios.” Sintetiza María Negroni en su Pequeño mundo ilustrado acerca de los gabinetes de curiosidades. 

Una de las principales apuestas del curador José Roca, al abrir el espacio Flora* en un barrio popular de Bogotá, era generar estrategias para involucrar a su comunidad y así tender puentes que acercaran a sus vecinos a lo que llamamos arte contemporáneo. Una de esas maniobras fue la de crear una pequeña sala de exhibición que da hacia la calle 77 y la cual puede ser vista por cualquier transeúnte desprevenido que deambule por el barrio San Felipe. Su nombre: El gabinete. Una vitrina muy similar a aquella que da al barrio Granada en el espacio Lugar a dudas de la ciudad de Cali (el cual Roca ha repetido, numerosas veces, ha sido su principal referente). Este nicho, o ventana hacia el exterior, hace referencia a aquellos cuartos repletos de maravillas raras que dieron paso a los museos europeos en el siglo XVI y XVII. Las exhibiciones que allí ocurren se dan gracias a una convocatoria pública que en su primer año (2014) alcanzó los 120 inscritos, y este (2015), los 152, y de los cuales, sólo se eligen 9 proyectos distribuidos en exposiciones de 1 mes a lo largo de cada año. Una de las ganadoras del año pasado fue la diseñadora y artista Camila Gallego. Una chica de 24 años, graduada hace un año de la Universidad  de los andes y que, con su proyecto de grado, Taxiderm Food lab, supo aprovechar no sólo las condiciones físicas del espacio sino el carácter multidisciplinar y experimental que éste mismo promueve. 

Taxiderm Food Lab es una propuesta que, aunque parte de una necesidad funcional de conservación de alimentos, pronto se va convirtiendo en un proyecto de carácter abierto cuya principal virtud, desde mi punto de vista, es la mezcla entre diferentes disciplinas creativas e inclusive científicas. Con el ánimo de indagar sobre las posibilidades de preservación de ciertos productos alimenticios la artista se fue introduciendo en el mundo de la cocina profesional. Allí, para su sorpresa, se encontró con unos cocineros muy apegados a las normas y especificidades de las recetas. Profesionales que les costaba, por momentos, no seguir al pie de la letra las onzas, mililitros y temperaturas que rezaban los libros. Entonces Gallego, en búsqueda de despertar nuevas metodologías y de romper con la ortodoxia de la práctica gastronómica se dio a la tarea de inventarse unos frutos y recetas, de ficción, que los cocineros debían reproducir o tomar como referente para crear nuevos productos, platos y sensaciones. Estos alimentos, de mentiras, los construyó a partir de diferentes ilustraciones sacadas de los archivos de la expedición botánica generando unos collages y unas historias nuevas. A ella le interesaba no sólo esa ficción, sino cómo esos injertos visuales, podían dar pie a nuevas texturas, colores, combinaciones, sabores y preparaciones que se pudieran, como bien lo planteó en un principio, conservar. Verbo que al fin y al cabo también describe el espacio mismo donde se muestra este laboratorio: un gabinete. Así que resulta fascinante ver como un proceso académico termina bordeando los límites de la ilustración, el vitrinismo, la gastronomía, la industria de los empaques, la literatura, la historia, e incluso, se vuelve arte relacional. Esto último en el sentido de que las pruebas hechas por estudiantes de la escuela El Gato Dumas estaban a disposición de los asistentes, quienes a su vez, podían probar y aportar sus impresiones al proyecto. 




Un trabajo redondo, y bello en su forma, que abre la reflexión hacia esa necesidad, tan humana, de congelarlo todo en el tiempo:un recuerdo, un instante, una imagen y hasta la vida misma.  

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*FLORA ars+natura es un espacio para el arte contemporáneo en Bogotá, Colombia, con énfasis en la relación entre arte y naturaleza. FLORA se enfoca en la producción, a partir de comisiones y residencias; en la difusión de los resultados de estos programas, y en la educación.

 

FLORA es un sitio de reunión para artistas e interesados en el arte contemporáneo. Se trata de un espacio de escala doméstica y carácter abierto, inclusivo, y de alto nivel de calidad. El propósito de FLORA es constituirse en sitio de referencia de la escena artística en Bogotá, estableciendo vínculos con el resto del país y el exterior a través de residencias artísticas internacionales, proyectos comisionados, y una intensa actividad pedagógica.


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