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Las cosas que ya no usamos (I)

Los tiempos cambian. Las cosas también. Y los que nacen y crecen nos miran con desconcierto cuando entre nuestras referencias están aquellas cosas que hoy no forman parte de la vida cotidiana y sólo ocupan un lugar en los recuerdos.

2014/03/04

Por Fernando Travesí

Los tiempos cambian. Las cosas también. Con ellas, nosotros, nosotras…  Los que nacen y crecen nos miran con desconcierto cuando hacemos referencia a aquellas cosas que hoy ya no están alrededor, que ya no forman parte de la vida cotidiana y sólo ocupan un lugar en los recuerdos. 


El contestador automático: 


En un momento, ya lejano, símbolo de la modernidad. 

Precursor de la conectividad constante entre las personas, aunque no fuera en tiempo real, el contestador fue pionero rompiendo el límite de la presencia física en la comunicación telefónica. Ya no hacía falta estar en casa para mantener una conversación. Con él, empezó a desaparecer el sonido eterno e intermitente del teléfono que nadie contesta y nació la posibilidad de dejar mensajes, felicitaciones de cumpleaños, canciones, regaños, preguntas, solicitudes, declaraciones de amor, súplicas de perdón o anulaciones de citas profesionales o sentimentales. 


Toda una caja electrónica de secretos que se dejaban después de oír la señal y cuya existencia se detectaba con una lucecita o un número rojo parpadeante al volver a casa. Instrumento de una utilidad maravillosa (cuando aún no había pantalla que identificaran el número y el sonido del teléfono escondía siempre una sorpresa) para filtrar las llamadas y poder elegir a quién contestar y a quien no.


Nacido (como casi todo) en y para la empresa y para fomentar productividad, consumo y negocio, pronto se colaría en los hogares más vanguardistas para (como casi todo también) irse popularizando poco a poco: con cinta magnética, casette grande, con cinta pequeña, analógicos, digitales... Más tarde, y evolucionado en un correo de voz, incorporados al servicio de la línea telefónica, primero de pago, luego gratis como un servicio más y presentes siempre  en el sistema telefónico de las empresas escondido tras cada extensión… 


Y hoy, casi tan inutilizado ahí como en los teléfonos móviles o servicios de llamada de skype que también lo incorporan... 


Aquí, un precioso homenaje: Ni una sola palabra de amor y proximamente, más.







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