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Misi se fue de Q

En un cultivo de prejuicios y taras mentales se estrena Avenida Q, un musical que les canta a la homosexualidad, el racismo, el sexo y la pornografía.

2014/09/13

Por Laura Galindo

El Ministerio de Cultura suspendió la exposición Mujeres Ocultas de la artista plástica María Eugenia Trujillo porque a un grupo de católicos les parecen ofensivas las vaginas; un concejal que se hace llamar “concejal de la familia” quiso censurar a Shakira porque le resulta inmoral que salga con otra mujer en un video de pop, y el procurador general de nación se opuso a la ley antidiscriminación porque los hombres no deben enamorarse de otros hombres ni las mujeres de otras mujeres. En este cultivo de prejuicios y taras mentales se estrena Avenida Q, un musical que les canta a la homosexualidad, el racismo, el sexo y la pornografía.

María Isabel Murillo (Misi), que se volvió sinónimo de navidad, niños y escarcha, le apuesta esta vez al público adulto, a la irreverencia, la denuncia y la transgresión. Con un guión de Jeff Whitty, música de Robert López y un concepto inspirado en Plaza Sésamo - por aquello del revuelto entre marionetas y personajes de carne y hueso-, el espectáculo narra la historia de Princeton, un recién graduado en letras que tras emprender la búsqueda de su meta en la vida llega a vivir a la Avenida Q. Sin un peso y estrenándose en la independencia, se encuentra con un homosexual enclosetado, con un adicto a la pornografía, con una sicóloga sin éxito y con el amor de su vida.

El elenco me recuerda la película 300 de Zack Synder, para la que grabaron a un grupo pequeño de actores que luego multiplicaron en pantallas verdes creando una multitud de hombres medio empelotos. Algo parecido sucede en Avenida Q. Son siete artistas en el escenario, pero parecen cincuenta. Hacen las veces de personajes de humanos, luego son muñecos, luego son otros muñecos diferentes, luego aparecen manejando marionetas dobles, luego cantan, luego hacen coros y luego vuelven a ser los personajes del principio. “Eso es lo interesante de la filosofía del teatro musical, todo el mundo está trabajando. El 100% de los actores está ocupado todo el tiempo”, cuenta el director Leonardo Palacios.

Grita lo que quieras mientras haces el amor, Todo el mundo es algo racista, o mi gran favorito, Hay porno por Internet son algunos de los controversiales números musicales de Avenida Q, y aunque suene escandaloso en una primera impresión, es en realidad una consigna contra de la desigualdad y la discriminación, en palabras de Misi, “un tratado de respeto a la diferencia y de tolerancia, porque claramente somos muy intolerantes y este espectáculo logra ponernos de frente a una enorme verdad”.

Para mi sorpresa, el musical no ha tenido ningún tipo de censura, tal vez porque Misi Producciones se curó en salud permitiendo la entrada solo a mayores de 14 años, o tal vez porque el procurador andaba muy ocupado trabando la adopción por parte de parejas homosexuales y no ha tenido tiempo de ir a verlo. Como sea, tampoco tendría por qué. El sesgo desaprobatorio lo impone la sociedad, que bajo una falsa moral convierte en tabú temas que son inherentes a la naturaleza humana. La obra no habla de nada ajeno a la vida cotidiana y todos sus temas “son parte de la realidad, de la realidad de la esencia humana”, dice Felipe Salazar, uno de los actores tipo 300 que da vida a tres muñecos, hace coros y tiene partes solistas.

No sé que tan efectivo sea el arte comprometido, ni que tan comprometido sea el arte de Avenida Q. Tampoco sé que tanto cale en este panorama ultraconservador e intolerante, pero sí sé que es una buena apuesta por el respeto, que está bien hecho y que es divertido. Yo francamente, lo recomiendo.

¿Dónde y cuándo?
Hasta el 21 de septiembre en el Teatro Cafam de Bellas Artes (Av. carrera 68 No. 90-88), de miércoles a sábado a las 8:30 p. m. y domingos en función de 5 p. m. Boletas disponibles en Primera Fila de Cinecolombia y en la taquilla del teatro, entre 81.000 y 146.000 pesos.

Por: @LauraGalindoM

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