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Nacho Vegas Resituado

2014/06/04

Por Camilo Velásquez

Resituación: Sexto álbum de estudio de Nacho Vegas en el que replantea sus maneras habituales de composición.


  

“Teníamos las tasas más altas de paro, unas de las peores condiciones laborales y sin embargo todo el mundo se quejaba en el sofá o en el bar…”

El tema del álbum a grandes rasgos es claro, cantar el malestar, solidarizarse con los indefensos, denunciar y retirarse de esa zona de confort o de resignación que alimenta el estado de las cosas. Y ya que esa clase de intenciones no coinciden mucho con el tipo de canciones por las que se le reconoce, Nacho Vegas tuvo que resituar el contenido y el deje de intimidad; pero, seguramente de una manera más significativa, aspectos que hacían parte de su marca como esa distinción minimalista en la producción, la reincidencia en las maneras del folk norteamericano o la omisión de estilos populares avalados por el mainstream.

 La llamativa reciprocidad entre las letras y el replanteamiento de la música funciona. La resituación ensaya una especie de revolución al revés, donde se abandona esa individualidad de un estilo demasiado propio para ocupar y sonar desde una zona común.

Un paso por las canciones:

Indefensos: Variación del Acto Inexplicable, bruma y carbón, desde algún lugar de una cuenca minera situada aparentemente entre California y México (Calexico).

Actores Poco Memorables: Un vistazo a los momentos significativos de algunos pintorescos actores (espectadores) de la crisis que hará surgir la resituación; incluido un tal Nachín, que se presenta muy al estilo de aquel lazy bastard living in a Swit (Going home, Leonard Cohen). Poco después del primer minuto la canción rompe como una de Mogwai, con esa característica atmósfera de metal y el sonsonete hipnótico de notas que no se sabe bien si suben o si bajan. Este guiño a la banda de Glasgow anticipa la importancia del ruido a lo largo del álbum, marcando la latencia del malestar, del crack, falseando y desarticulando el discurso soso de las máscaras detrás de las que Nacho Vegas es capaz de hablar.

Polvorado: Canción incendiaria (algo así como su Internacional particular) con cameo incluido del Manifiesto Comunista (…y hay fantasmas recorriendo europa entera). Llama la atención el desmadre del tempo, de las voces, la guitarra que hilvana y el rápido arpegio de un piano eléctrico que anticipa la ambientación tropical. Y todo eso, tan impropio del Asturiano, va demarcando mejor el territorio ocupado que se resitúa.

Rapaza de San Antolín: Canción dedicada a Lola Álvarez, la chica asturiana, sexy y tradicional que con su banda municipal ya empieza a redefinir la modernidad. Su música recuerda la de “Todos ellos”.

Ciudad Vampira: Adaptación de Devil Town (Daniel Johnston), con una introducción cantada en euskera por la artista vasca Musergo.  A pesar de ser prestada, es la canción del álbum que más suena al habitual Nacho Vegas. El banjo contrasta la tristeza que acentúa un bandoneón como traído por el ángel Simón. El ritmo es de ronda, de paseo por la ciudad, una especie de  reconocimiento antes de salir a destripar a los vampiros diurnos del sistema bancario, a los un poco más nocturnos de la esfera bursátil, o a los otros de aquí y de allá que quedaron electos.

Runrún: Seguramente inspirada en el 15Mse quejaba en el sofá o en el bar, y de repente empieza a sonar este runrún: es la gente, en el principio de una insurrección contra la democracia del consumo en masa, del desprecio hacia la cultura y hacia los indefensos. La canción avanza al compás de un lento zarandeo, algo de cajas de música, en el que se va tamizando esta nueva canción que se detiene a (ad) mirar la resituación.

Adolfo Suicide: Esta es una de las canciones que más se sale del área de confort del compositor. Aparece y reaparece un riff eufórico y un coreo tropical nublado como de noise-pop que suena a The Magnetic Fields. Dedicada a otro personaje, actor-espectador del desastroso film: Adolfo, el amigo de Nacho que hizo la portada de La Zona Sucia. Habla en parte de los peligros de ir al volante mientras los que vienen al lado tragan tranquis con cerveza. Primera aparición de los edificios, emblemas de la burbuja financiera, del socialismo bancario donde todos pierden menos ellos. Los muros que se vuelven blandos probablemente hagan alusión a los muros blandos del neoliberalismo; a la libertad de consumo y a la libertad de optar por vivir una vida normal y decente.

 Luz de Agosto en Gijón: Si las ranas al oler la lluvia cantaban como cajas de música difíciles de parar (El Sonido y la Furia), lo más seguro es que ésta que ilumina a Gijón sea la misma Luz de Agosto de Faulkner. Los actos reviven en la canción y es difícil no notar cierto parecido con Tu Nuevo Humidificador, tal vez una mala broma para tantos reseñistas que consideran a ésta canción como la joya del álbum, una broma que más bien parece un lapsus del compositor.

Libertariana Song: Esta es la mejor de las malas canciones de Nacho Vegas. Un calipso cínico y tontarrón en el que se suceden frases como copiadas de graffitis, que critican el individualismo y esa mirada tan del zen y la autoayuda que quiere hacer como si el problema no estuviera afuera sino dentro; también contra la meritocracia y el perverso candor de las elecciones que nos son permitidas. Nuevamente, bienvenidos a los muros blandos de la libertariana. Báilese atento a los teclados del último minuto. Todo depende de ti.

Un día usted morirá: Desde el comienzo, a manera de ruido estilo My Bloody Valentine, irrumpe el runrún del malestar. Un poco de The Smiths y del Alright de Supergrass. Además de parodiar el fatalismo le alcanza para intercalar, entre más edificios, unas viñetas de atropello ultra-sionista.

La vida Manca:  Cabe la sospecha de que aquí quien canta sea el mismo de la Historia de un perdedor, once años después, claro está. La cadencia del fraseo acaba siendo adictiva y aparecen cómplices de la libertariana como Miguel Bosé (flotando boca abajo), Ana Belén y Victor Manuel. Con esta, se suma otra a la saga de canciones con pobres diablos que andan por por ahí perdiendo el control, como el perdedor ya mencionado, Chucho Malherido, y, particularmente, Ezequiel, que esta vez se despeña hacia la mar en tres piruetas, sin maldición, sin tragedia; pero ya se sabe cómo es el final de esta clase de cosas, se muere o se mata; no por nada el rasgueo del principio es alusivo a La noche más larga del año. Ukulele, contrabajo, mandolina, banjo, pesadilla en Hawai y un estruendoso solo de guitarra como no se le conocían.


Llegado el final queda claro que las facultades de Nacho Vegas andan mejor que en muchos otros momentos de su carrera. Y tanto compromiso, salvando las distancias, más bien hace pensar en furores como los del Dylan de Slow Train Coming. Y, cuando se diga:"You gotta serve somebody", la respuesta probablemente sea la misma: A mi juez, mi rey, la canción.



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