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“ONCE”: Un musical para el presente.

2011/09/01

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Un chico conoce a una chica en una calle de Dublín. Él canta por unas monedas mientras el resto del tiempo le ayuda a su padre en una tienda de reparación de aspiradoras. Ella es una inmigrante checa que se gana la vida vendiendo flores y haciendo la limpieza en casas ajenas. Sólo una cosa los une: la música. Con esto basta para comenzar una amistad.

 

“Once” es una película musical realizada en el 2005 con un presupuesto de 180.000 euros y ganadora del premio Óscar a la mejor canción por “Falling Slowly”. Gran parte de la historia que se nos relata está basada en la vida de su director, John Carney. Tanto es así que decidió darle el papel principal a su mejor amigo, Glen Hansard (coautor de la banda sonora del film junto a Marketa Irglova, quien interpreta el papel de “Chica”). La amistad de Hansard y Carney data de los años noventa, época en la que conformaron el grupo musical The Frames.  

 

Nada en “Once” tiene razón de ser si la música no está presente. Es el vínculo, el pretexto para romper las barreras que crean los personajes como método de defensa. Sólo los secretos, el dolor y la soledad pueden salir del alma por medio de una canción. No hay otro remedio. A medida que la historia avanza, nos damos cuenta que el mundo en el que vivimos se ha convertido en un enorme jardín de cemento habitado por seres solitarios. Por seres que se han encerrado en los dolores del pasado y cuyo presente sólo puede hacerse llevadero cuando se siente la música en las entrañas.

 

Los personajes principales no tienen nombre. Tampoco es necesario conocerlos, pues todo lo que necesitamos saber sobre ellos nos es explicado por medio de las fantásticas canciones que pasan una detrás de otra, haciendo de ellas una conversación dentro del relato sobre lo complejo que se ha vuelto amar y sobrevivir en medio de la frustración del presente.

 

El amor en “Once” pareciera que sólo puede comprenderse cuando se nos declara en una lengua desconocida o en una canción. Pero no es un amor mentiroso ni caprichoso: es un amor que sólo puede vivirse a medida que la realidad lo permita. Es cierto, todos hemos soñado despiertos, deseado abandonar todo y comenzar una vida en otro lugar junto a la persona que amamos. Pues en el mundo que nos ha tocado vivir andamos deambulando con el corazón roto esperando encontrar quien lo sane. Pero luego, cuando regresamos a la realidad, comprendemos que amamos condicionados al presente que hemos construido y  al cual debemos adaptarnos.  

 

Y al final de la película, cuando comienza a sonar “Falling Slowly”, comprendemos todo. La vida sigue. El “adiós” ni el “hola”  existen, pues nunca sabemos cuándo tendremos que deshacer nuestros pasos para regresar a casa. Lo único que permanece es la música. La música que nos lleva a los recuerdos, a los instantes en que fuimos felices, a los momentos en que cantamos sin importar nada, pues al lado estaba la persona que amábamos.

 

La música nos salva. Y sólo por esto podemos decir que hay un motivo más para vivir.

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