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Pensar con imágenes

La artista Ana María Montenegro hace obras de arte que son difíciles de exponer en un espacio físico y, por eso, muchos de sus proyectos usan como plataforma espacios virtuales. Aquí una mirada a algunos de esos proyectos que, como yo los veo, son pensamientos y reflexiones sencillas convertidos en imágenes.

2014/03/28

Por Daniel Salamanca


El taller de Ana María.



Ana María Montenegro hace arte. Lo sé, en parte porque eso fue lo que estudió en la Universidad de los Andes, pero sobre todo, porque suelo hablar con ella. Y cada conversación que tenemos me lo reafirma. Lo que pasa es que ella no necesariamente se sienta a dibujar, o a pintar, que son las tareas que la gente suele asociar al oficio del artista. Ella hace otras cosas que tienen más que ver con un modo de percibir el mundo y una forma estética de abordar el pensamiento. Que para mí es la verdadera definición de arte y la cual, creo, ella ha entendido muy bien. El problema es que, en ese mismo sentido, los espacios para mostrar lo que hace y lo que piensa, que parece ser otra premisa de la carrera artística, es decir exponer, o mejor, exponerse, son limitados. De ahí que el internet se haya vuelto uno de sus principales lugares de exhibición y una plataforma aliada cuyo público es distinto, y mucho más variado, que el que acude a una galería o a un museo. Esto, aún si sus obras bien podrían encajar en estos sitios. 


Lo cierto es que Ana María se pregunta todo el tiempo sobre cosas muy sencillas pero importantes. Su último trabajo, por ejemplo, si bien no ha tenido la cantidad de vistas que el video Happy de Pharrell Williams –tampoco es la intención-, propone una idea similar, en el sentido que es un video que está todo el tiempo reproduciéndose y, depende del momento en el que uno acceda a él, se puede ver una parte distinta. Y el video se trata de eso, de Nunca decir nunca. Porque a pesar de que el tiempo transcurre, y pareciera que ciertas cosas cambian, en realidad nada está pasando o están pasando muchas cosas que se suceden las unas a las otras. Y eso es lo que uno puede ver ahí. Una chica que deambula observada por una cámara, entre la gente, entre los carros, entre el comercio, entre la ciudad y con la ciudad. Y nada pasa. Sólo una voz en off que se pregunta lo mismo que la artista. Preguntas sin respuestas que son más como reflexiones que fluyen en la consciencia. Parecido a como lo hacía el personaje principal en el Ulyses de James Joyce mientras demabulaba por Dublin. Y similar a éste tiene otros trabajos que podrían ser video-arte pero también películas o cortometrajes de ficción. Que tal vez lo son todo a la vez. Como uno en el que una pareja habla sobre la idea de pensar una película pero en realidad están construyendo una conversación, Como todas las conversaciones. O tiene otro proyecto, Cada uno de los lugares, que además obtuvo una beca de residencia y creación en el que se reconstruye un viaje, un viaje a Buenos Aires. En esta película, que el espectador tiene que reproducir ayudándose de las flechitas del computador, uno va descubriendo una posible relación, una persona que deshace sus pasos para volver al lugar de origen. Son imágenes nostálgicas, casi quietas, como si se trataran de pinturas de Edward Hopper pero que el espectador anima a su antojo. Y todo en silencio. En el silencio de los pensamientos. Y así sucesivamente En otros idiomas que no conozco y Así como suelen contarse las cosas. Ese es el sutil cuerpo de trabajo que ha venido desarrollando esta artista, que también pinta, para salir de la rutina, y también dibuja, para pensar qué significa dibujar. Además construye juegos de palabras, y escribe recuerdos, como si se le fueran a escapar un día de la memoria. Seguramente no lo harán por que ahí están, colgados en su sitio web (www.montenegrojaramillo.com), esperando a ser vistos, oídos y descubiertos. 


Mi obra favorita es un texto en donde describe un viaje en automóvil con sus padres. Y me gusta porque crea en mi cabeza una imagen. Y es una imagen con la que me identifico y que me gusta recrear de vez en vez cuando estoy aburrido. Entonces espero algún día poder comprarle esa obra o cambiársela por un statement que hice tras ver un día pasar. También espero que pronto avancemos en un proyecto de escritura-narración-curaduría-literatura-arte donde ella, y otros colegas más, pretendemos parecernos –en un sentido que aún nosotros mismos debemos definir-, a los personajes de Los detectives salvajes de Bolaño. Por ahora, y mientras eso pasa, somos vecinos de taller. 

 



Ana María en su taller.


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