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Que el lenguaje no sea una frontera

La comunicadora y artista visual caleña, vieja conocida de lugar a dudas y fotógrafa profesional, Diana Marcela Cuartas, emprendió la tarea lingüística de detectar las particularidades que definen el coloquial lenguaje patrio. Aquí una mirada al primer y, ojalá no el último, volumen: Caleño sin barreras.

2015/03/03

Por Daniel Salamanca

Mientras buena parte del conglomerado artístico nacional se dedicaba a conquistar el viejo continente en el reciente desembarco cultural que significó la presencia de Colombia como país invitado a Arco (la feria de Madrid), los no viajeros, desde acá, en el nuevo mundo, continuaban sus correspondientes labores y compromisos. Entre esos, las socializaciones de proyectos acreedores de becas y estímulos del Ministerio de Cultura otorgados el año pasado. Y bien, ese es el caso de Diana Marcela Cuartas, caleña, comunicadora social de la Universidad del Valle y cuya vida profesional ha estado ligada a la gestión cultural y a la realización audiovisual y fotográfica, entre otros. Su proyecto, llevado a cabo entre noviembre y diciembre de 2014 en una residencia de unos meses en el espacio independiente fundado por Maria Isabel Rueda y Mario Llanos en Puerto Colombia, La Usurpadora, consistía en materializar y redactar un pequeño diccionario con el léxico popular de la costa colombiana. Como quien dice, sacar el primer manual de bolsillo para entender Costeño. Porque a pesar de que todos habitamos el mismo territorio y nos gobierna el mismo estado son muchas las distancias lingüísticas, por no hablar de otras más ideológicas, que nos separan. Éste aún está en proceso y corresponde a la segunda exploración literaria y humorística de esta artista quien se adentra en los matices del lenguaje hasta encontrar las más particulares ocurrencias del hablar. 







La primera versión la había hecho en su ciudad natal (Cali), bajo el sugestivo titular Caleño sin Barreras (diccionario de bolsillo) que recogía expresiones y palabras del argot vallecaucano. 


Transcribo con gusto: Aleta: que llama la atención por su agresividad o rimbombancia; Bluyinear: tener un encuentro erótico con la ropa puesta, generalmente blue jeans; Caneco: botella de licor de 375ml. Se usa generalmente para referirse al aguardiente. Desnucadero: lugar improvisado que se utiliza para una reunión sexual furtiva; Empelucharse: arreglarse, ponerse peluche; Farandulays: nombre con el que se identifican algunos adolescentes caracterizados por un estilo llamativo, colorido y lleno de accesorios; Galaxia: Superlativo de gala (que por su apariencia inspira desconfianza); Jetiao: que se quedó profundamente dormido y con la jeta abierta; Lámpara: llamativo, excéntrico, rimbombante; Mosca: estar alerta, vigilante, en la jugada; Neciar: salir a buscar aventuras con actitud lasciva y/o perniciosa, de manera imprudente; Ñampira: personaje juvenil similar a una gala pero con aspecto más lámpara; Oís: manera de llamar la atención del interlocutor. De uso similar a mirá y vé; Pailander: superlativo de paila. Se usa para expresar que todo puede ser peor con la frase “Pailander el inmortal”; Quimbas: chanclas; Rodachines: poner a circular algo; Songo Sorongo: que ocurre con lentitud, de manera casi imperceptible; Tirar paso: salir a bailar; Uruguay: urgente, muy importante; Vietnam: muy bien, a lo bien; Yiyos: abreviación popular de la palabra “calzoncillos”; Zunga: manera despectiva de llamar a una mujer promiscua. 


Además, el grandioso copy publicitario rezaba así: “Ya está aquí la primera edición de Caleño sin Barreras, el diccionario de bolsillo ideal para la comunicación oral exitosa en una amplia gama de situaciones de la vida cotidiana en Cali. ¡No se quede gringo, conozca nuestro lenguaje y úselo con propiedad! Incluye sus respectivos chascarrillos ortográficos -los originales- que garantizan la auténtica caleñidad de este producto. No pierda más tiempo, ligue ya y obtenga su copia de esta vital herramienta. Directamente desde la capital mundial de los Word Games!".



 


Así que ansioso espero por la versión costeña, aún en proceso, y que, reitero, fue precisamente lo que compartió Diana Marcela en un informal encuentro acá en Bogotá en un bar-karaoke-tienda-café de Chapinero, llamado Coco Miel. Un lugar que recoge el carácter del proyecto y en donde la artista además de contar su experiencia cerró el evento con un lindo detalle extra: la irónica apropiación de la navidad y el clima frío por parte de los habitantes de Puerto Colombia, un lugar donde la temperatura jamás desciende de los 25 grados. VER! 




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