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Salud Pública Clandestina

El artista vanguardista Remonoto Ma non Tropo se viene esta vez a intentar atenuar las manías consumistas

2014/04/19

Por Camilo Velásquez

Desde hace varios años, quienes frecuentan conciertos no promocionados ni anunciados, y se mantienen atentos a las acrobacias de perfectos desconocidos; quienes viven en un zambullido constate, de los que casi siempre nos traen regalos, tomados a tientas del fondo, un fondo seguramente lodoso, fastidioso al tacto. Esos, a los que podríamos llamar buzos de la información y el enlace, y que recogen a veces piedras preciosas después de descartar algas y basura cortopunzante. Muchos de ellos, todavía podrían sorprenderse. Porque en sus búsquedas es muy posible que no hayan tropezado con una figura que lleva años metiendo ruido: Remoto Ma non tropo.

Remoto, remite a algo distante; Ma non tropo, traduce "pero no demasiado", y es una acotación que se hace para indicar la velocidad a la que debe interpretarse una pieza de música.

Ahora, como tantas veces ocurre, el nombre resultó ser premonitorio; pues después de haber violado unas cláusulas con cierta multinacional, Remoto Ma Non Tropo (RMNT) tuvo que fugarse de Argentina para algún país europeo donde acabaría de aprender el arte de la confección de sus propios sintetizadores, samplers, cajas de efectos…

De ahí en adelante sabemos que bajo sinónimos siempre distintos, RMNT ha asistido grabaciones de bandas como Air, Boards of Canada, Amon Tobin o Clark; ha trabajado con vanguardias flamencas, con Phil Manzanera, Björk. 


Al grano: Claudia (la llamaré así para evitarle problemas, pues es una especie de agente doble, mitad periodista, mitad empleada de una casa disquera multinacional) me consiguió una entrevista con RMNT. Al principio del encuentro quise preguntarle por sus búsquedas y su carrera; pero desde el comienzo, RMNT se mostró interesado en otra clase de temas. Él eligió el lugar, un restaurante que por las fotos y algunas decoraciones obsoletas, taurinas, dejaba ver las décadas que llevaba funcionando como en su propia inercia, cayendo a pique.

 La entrevista la grabé con mi reportera, que me facilitó recuperar algunos trozos demasiado rápidos y que por sus faltas de eses delatan el origen costero de RMNT; un hombre muy flaco, principiando los cuarenta, parecido a Edward Norton.

 

Hola, ¿Remoto?, ¿te puedo llamar así?

-No hay problema, dime Philip.

 

Philip, ¿cómo empezó esa afición por la música y las  máquinas?

 

 Como a mis quince años a mi tía abuela le dio una enfermedad en los ojos conocida como glaucoma, de ahí perdió al menos dos tercios de visión en ambos ojos, a raíz de esa enfermedad mi bisabuelo le regaló un piano, un piano que a la larga terminé heredando, de hecho hay algunas composiciones de ella que quedaron escritas y que he mezclado en algunas parte de mis álbumes. Lo de los equipos me viene de un tío, que tenía un local en el que arreglaba electrodomésticos, pero en realidad le metía la mano a cualquier caja con cables. Allí fue que aprendí a hacer parlantes y micrófonos; con el tiempo aprendería a hacer cajas capaces de modular distintas variables de sonido, especies de sintetizadores. Pero todo era muy chapotero, mi interés funcionaba a un nivel muy superficial, tenía una noción muy pobre de la teoría detrás de esos aparatos...Te estoy hablando del 91. No había internet. Pero aprovechaba mucho los viajes de mi papá para dar con gente que andaba en las mismas que yo.

 

Sé que por ahora no hay en físico, que las ediciones se acabaron hace rato y que no has conseguido o no has querido llegar a un acuerdo con ninguna casa disquera, menos con el incidente reciente que te tiene en la mira. ¿A qué plataforma estás subiendo tu música?

 

Para empezar tengo que decir que es bastante diciente que alguien como yo deba estar huyendo. Qué curioso que alguien esté tan interesado en lo que sé y que por ello me quiera cuanto antes fuera de circulación, como si representara un peligro para la sociedad. Respecto a mi música, pues tuve que recoger redes, esas plataformas independientes en realidad no lo son tanto como un cree y quisiera que fueran, es una pena. Pero ahí llevo varios meses con una página en la que podría decirse que he datado algunos fundamentos de esta cruzada. Al final verás que las cosas convergen en que no hay un solo orden, ni en la belleza, ni en la sexualidad; ni una franja irrevocable entre el ruido y el sonido, menos una sola forma de tonalidad; en el lenguaje y en su gramática también ves un montón de arbitrariedades hechas regla. Hay un montón de gente que se indigna cuando no se cumplen esas convenciones. Como si muchas de esas reglas no llevaran un par de siglos usándose y no hubieran sido inicialmente implementadas como una concesión a "un error" cometido en exceso por el hablante, el portador, el usuario. Para trabajar con sonido es importante tener claro esa clase de cosas.

 

¿Me podrías dar el link?

Claro, http://rmnt.co/ . Aunque te advierto que le han estado metiendo la mano. Muchas cosas que dejé completas se están desmoronando. Hay alguien trabajando en eso. De todos modos, hasta donde sé, está funcionando.

 

¿Y en qué andas ahora?

 

Es una historia bonita y frustrante. Hace un año estaba en París. Utilizando el laboratorio de una universidad de cuyo nombre no quiero acordarme para evaluar como ciertas emisiones de ultrasonido podían llegar a reducir la ansiedad.

 

¿Y?

 

No podíamos creerlo. A los dos meses dos de las personas que trabajan en el equipo habían perdido varios kilos. Todos los que estábamos sometiéndonos al experimentos obtuvimos resultados muy buenos. La concentración, la calma, la disposición... fue sorprendente. Los resultado fueron muy claros: Las emisiones intervenían en el consumo. Disminuían notablemente la impulsividad de consumo, funcionan como un antagonista de

los comerciales.


 ¿Pudieron identificar rutas nerviosas asociadas a los efectos de la publicidad y la compulsión de la compra?

 

No, mi querido amigo. Eso hace tiempo que está resuelto. Los publicistas han exprimido la psicología y la neurobiología todo lo que han podido para identificar los colores, los sonidos y los tiempos idóneos para sembrar una idea que luego te lleve a adquirir eso que en principio bien podrías no desear. Son rutas, como tantas, que van del tálamo a la corteza y que a su vez, como tantas otras, inducen una pequeña liberación de dopamina… nuestro experimento atenua exclusiva y significativamente esas rutas.

 

Un gran hallazgo para ustedes y la universidad, supongo…

 

Todos lo supusimos. Se hicieron más pruebas y los resultados no podían ser mejores. Tremendo serendipity. Pero muy pronto-demasiado pronto- se infiltró una mano negra que con un manotazo nos mandó a la basura... acabamos entre la espada y la ilegalidad.

 

¿Mano negra? ¿Comidas rápidas, marcas de ropa, de cosméticos?

 

No podría precisarlo, pero ten por seguro que siendo época de elecciones también debió haber un poco de eso por ahí. Lo resolvieron de un manera tristemente elegante: Hubo un comité y dijeron que si queríamos implementar antenas en cualquier ciudad del mundo teníamos que someterlo a una votación popular (imagínate el barullo) o caeríamos en el mismo delito epidemiológico en el que se cayó hace ya varias décadas fluorizando el agua sin consultar a la población. Nos dijeron que no importaba cuán buenos parecieran los resultados. Que habían dos peros con mayúscula: el primero, que no se conocían ni se podían conocer los efectos a largo plazo; el segundo, la violación al consentimiento informado. Así que como medida de salud pública quedamos afuera.

 

¿Hubo pleito legal?

 

Ja, con esa gente no se puede pelear así. El enfrentamiento no puede ser más desproporcionado. Hubo pleito, claro, verbal. Dime: ¿Cómo es posible que unas emisiones de alta frecuencia comprendan un problema de salud pública pero un bombardeo publicitario no? Sales a la calle y el espacio público está colonizado, está usurpado, y por favor, ¿eso no es salud pública? Colores y sonidos atraviesan nuestros cerebros, interfieren en nuestra capacidad de decisión... para eso no se necesita un consentimiento informado.

 

¿Entonces, Philip, aplazaron el proyecto?

 

No, ahora estamos en Bogotá. En Suramérica están los focos más vulnerables. Vamos a seguir con el proyecto desde la clandestinidad. Es un hallazgo demasiado valioso para dejarlo ir por el sifón de las empresas para las que solo representas un minúsculo pero imprescindible pack-man.

 

¿Ahora que hablas del espacio público me haces pensar en Banksy?

 

Claro, a Banksy lo admiramos mucho. Es insultantemente brillante, además es visible, ojalá se multiplicara y se llenaran los muros de esa ironía tan diciente. Creo que el arte de Banksy puede reforzarse con estas emisiones, al menos me gusta pensarlo.

 

Llegó el almuerzo ¿continuamos?

 

Ojalá esta conversación no te la saboteen, si es que piensas publicarla.

 

 

 

 

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