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Solo 85

85 personas, no son muchas. No es un grupo grande. ¿Sería posible reunirles y plantearles una serie de preguntas para escuchar lo que tienen que decir?

2014/01/26

Por Fernando Travesí

Ochenta y cinco personas no son muchas. 

Podría ser, aproximadamente, el número de compañeros de clase con los que compartimos los años de universidad. Quizá, la cantidad de contactos de la agenda del teléfono, la lista de invitados a una boda, los que acaban mezclados en cualquier bar tomando unos tragos o los que llenan una sala de cine. 

Podría ser, más o menos, la cantidad de gente que se apelmaza en un autobús de servicio público en hora punta o los que se aprietan (casi siempre más de lo que quisieran) para que puedan cerrarse las puertas del vagón del metro. 

Es, en realidad, un grupo pequeño de personas. De esos en los que aún se es capaz de recordar y reconocer rostros, e incluso nombres, si se frecuenta al grupo con frecuencia: si son quienes se reparten en los apartamentos del edificio en que vivimos o los que se dispersan por los metros cuadrados que ocupe nuestro lugar de trabajo y con quienes nos cruzamos a diario.  Podría ser también la suma de los miembros de una familia que insiste en ser numerosa generación tras generación y que mantiene los vínculos con parientes cercanos y lejanos. O los miembros de una congregación, los de la asociación de padres del jardín de infancia, los de una orquesta sinfónica o los de un club de lo que sea cuyo interés común les hacer reunirse los fines de semana. 

Es, en definitiva, un número de personas fácil de reunir y con quien compartir charlas, celebraciones, intereses, aficiones, obligaciones o rituales . Un grupo que puede encontrarse para brindar, trabajar, festejar, conmemorar o reflexionar.  

Por tanto, no debería ser difícil convocarles en un cómodo salón para conversar y presentarles la metodología y resultados del último informe de la organización Intermón-Oxfam que asegura que en el mundo, tan sólo ochenta y cinco personas acumulan la misma cantidad de riqueza y recursos que otras tres mil quinientos setenta millones.

85 frente a 3.570.000.000 

La ecuación es difícil de digerir pero, en realidad, no de entender. La sustentación de la fórmula se nos muestra y demuestra cada día en miles de hechos y sus matices. 
  
Pero los números son fríos, asépticos y esconden demasiadas cosas cuando tratan de explicar la realidad. Por eso sería un maravilloso ejercicio poder juntar a esas ochenta y cinco personas y saber qué piensan, qué sienten, cómo lo viven, cómo lo explican (o cómo se lo explican) y, simplemente, escuchar lo que quisieran decir al respecto. 

Hacer el ejercicio a la inversa y preguntarles a los más de tres mil quinientos millones de personas, se antoja más difícil. 

Mientras, las voces de unos y otros resuenan diariamente, de manera muy distinta, confusa y desigual, en los noticieros, en los periódicos, en cada conflicto y en cada esquina de cualquier ciudad. 

Desde cualquier rincón del mundo. 

Fotografía: Hekival www.hekival.com

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