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"UNA SEPARACIÓN": Cuando la verdad es más grande que la fe.

2012/03/17

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Desde la primera escena comprendemos que nuestro rol de espectador estará puesto a prueba. Debemos ser jueces de un relato en donde los opuestos sociales, religiosos y de género buscan interactuar sin destruirse entre ellos. Nuestro sistema de pensamiento occidental intentará comprender que el relato de “Una Separación” no se limita a un país, a un continente o a un sistema religioso diferente. Probablemente nos impactemos al ver a una mujer llamando a una línea de atención islámica para pedir una autorización sencilla: ayudar a bañar a un anciano con alzhéimer que acaba de orinarse en la cama. Allí está justificada  gran parte de la tesis de la película: ¿dónde está la frontera que separa la fe y la convivencia, la moral religiosa y el deber como ciudadano?   

 

Una pareja, Nader y Simin, deciden divorciarse luego de quince años de matrimonio. Ahora, la pelea ante los tribunales será por la custodia de su hija de 11 años quien debe escoger con quién desea vivir. Mientras el proceso avanza, Nader debe contratar a una mujer, Razieh, para que cuide a su padre enfermo mientras él va al trabajo. Sin embargo, Razieh guarda dos secretos: su marido (un hombre ahogado en deudas) no sabe que ella trabaja en la casa de un hombre divorciado (lo cual es un pecado ante la fe islámica), y no ha dicho a Nader que está en embarazo, situación que podría dejarla sin empleo. Todo se complicará cuando un descuido de Razieh provoque un ataque de ira en Nader, hecho que lo conducirá a un complejo proceso judicial.

 

Este filme iraní, escrito y dirigido por Asghar Farhadi, cuenta con unas cifras alucinantes. No hay festival o premiación en donde no haya descrestado por su valiente guión y por las interpretaciones de Peyman Moadi, Leila Hatami y, en especial, Sareh Bayat, quien encarna a Razieh. “Una separación” se ha llevado 45 premios a nivel internacional entre los que se destacan el Oso de oro y plata en la Berlinale, el “Otra Mirada” del festival de San Sebastián y a “Mejor film extranjero” por parte del Círculo de Críticos de Nueva York, los Globo de Oro y, recientemente, los Oscar de la Academia (en donde también competía en la categoría de Mejor Guión Original).  

 

Para entrar a las imágenes que “Una Separación” nos presenta, debemos estar atentos al otro personaje de la película: la mentira.  Acá la mentira no es utilizada para sacar provecho de una situación. Es la barrera detrás de la cual se esconden los temores, las frustraciones, las dudas existenciales y religiosas, las dificultades económicas y las diferencias de pareja.

 

A partir del divorcio de Nader y Simin van a quedar al descubierto las fragilidades de una sociedad que busca, luego de 32 años de un sistema político basado en la fe islámica, comprenderse, cuestionarse y refundarse. Ya habíamos visto en la magnífica “Persépolis” de Marjane Satrapi el cambio abrupto que sufrió el pueblo iraní luego de la Revolución de 1979 y cómo la mujer quedó relegada a una posición de sumisión ante el estado y la religión. Una sumisión que, tres décadas después, ahora es el punto angular del debate que proponen de los nuevos directores del país persa. Un debate que ha causado el arresto de Jafar Pahani, quien denunció la discriminación que sufre la mujer al entrar a eventos deportivos en la graciosa “Offside”, y la censura a Bahman Ghobadi, realizador de la estremecedora “Turtles can fly”.    

 

“Una Separación” impacta, conmueve y cuestiona. La universalidad de su trama, la manera como los personajes van dejando al descubierto sus infiernos propios y aquel magnífico clímax en donde la verdad obliga a escoger entre la fe y la supervivencia hacen de esta película una obra incómodamente necesaria para entendernos como sociedad. Poco importa la latitud donde nos encontremos: el temor y el dolor no tienen estado ni religión.

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