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Vientos nuevos, colores distintos

2013/08/25

Por CATALINA HOLGUIN

Un partido de fútbol a los siete años en el jardín de su casa en Kenya; un escritor de cuarenta años instalado en una universidad en Estados Unidos: estos son los dos extremos de vida que cubre Algún día escribiré sobre África, del escritor Binyavanga Wainaina, nacido en Kenya en 1971. El texto autobiográfico es un salpicón poético que anda de a capítulos breves, y cada capítulo se enfoca en un episodio central: el reencuentro familiar en Uganda, los primeros años de universidad en Suráfrica, el internado, la gran sequía del 84, el primer trabajo visitando agricultores en las provincias de Kenya. Todos los episodios suman a la educación sentimental y política del escritor, y alrededor de cada episodio destellan miles de imágenes, sin hilo ni lógica aparente más que la memoria.  


Se trata de una música nacional, sacada del folclore y llevada a hileras y columnas por los tronos de Galletas Imperiales Británicas, los porteadores a pie, los diligentes misioneros, los soldados de Birmania, los caciques coloniales con silbatos militares y guitarras y cornetas y otros sonidos de las filas de trabajadores y de los guetos de la colonia, las universidades inglesas y sus satélites locales y las promesas de los nietos y nietas de los primeros que fueron tan violentamente formateados. Nosotros. Yo.


La prosa de Wainaina es como un caleidoscopio en el que se mezclan palabras en suajili e inglés, descripciones frenéticas de una calle en Nairobi o un mercado de telas en Togo, la mezcla alegre y explosiva de tribus y etnias. Pero vemos África a través de la perspectiva de un hombre crítico, que desconfía del lenguaje impuesto por las agencias de ayuda humanitaria, que está cansado de ser objeto de representación de otros ojos, los ojos de de corresponsales, siempre a la caza de la siguiente guerra, o del turista avezado en busca de la siguiente emoción REAL. El colonialismo se ha transformado en intervención económica y humanitarismo.


El muerto más muerto a machetazos, el más corrupto de los corruptos del fisco, la guerra más guerra y más civil con más devoradores de entrañas, el más dictador de los dictadores con sonrisa de cocodrilo, el genocidio más sobrecogedor para ganar el Pulitzer, el niño más negro, más hambriento y de ojos más grandes Oxfam, el más salvaje de los salvajes africanos con sida, violando salvajemente a la más mutilada de las chicas genéticamente mutiladas, etcétera.


La prosa de Wainaina es crítica, pero también está abierta a la maravilla y la belleza.  Un episodio particularmente sobrecogedor es cuando Wainaina llega a la provincia de Mwingi y pasa una noche de fiesta con jefe de la tribu kamba. Comen chivo asado, toman cerveza, hablan debajo de los árboles:


Algunos nos vamos a bailar y nos reagrupamos otra vez. Hablamos y bailamos y hablamos y bailamos, sin pensar en lo extraños que nos sentiremos los unos con los otros cuando el sol regrese al cielo y nuestro plumaje sea inevitable y los árboles tengan repentinamente espinas y por todas partes se extienda un vasto horizonte de problemas posibles que vuelva a levantar nuestras defensas.


Algún día escribiré sobre África es apasionante y apasionado, lejano de esta ciudad, de estas calles, de las referencias de siempre, de las imágenes refritas y repetidas. Un viento fresco y alborozado que viene con otro sabor.


Lea acá un adelanto:

https://docs.google.com/viewer?url=http://sextopiso.es/descargables/adelantos/binya.pdf

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