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Co

2010/06/29

Por Carlos Castillo Cardona

No era necesario revisar códigos ni decretos ni jurisprudencia ni era indispensable esculcar en el derecho internacional. Una simple revisión de los diccionarios, como el de María Moliner, bastaba para que magistrados, fiscales, procuradores y entidades de control no hubieran metido la pata de forma tan contundente cuando tuvieron que afrontar los casos de la yidispolítica o de la teodolindocracia. Co no es una palabra. Es­ un elemento prefijo, variante del cum del latín, que expresa participación o cooperación. Está ligado a consocio, conllevar, coheredar. Co expresa lo mismo que con.

Queda claro que cohecho resulta de acciones de cohechar o de dejarse cohechar, en cualquier acepción, (fácil, todas empiezan con co). Cohechar, de confectäre, es acabar, negociar, y consiste en ofrecer o hacer regalos a un juez o empleado para que obre de determinada manera, sea o no justa. Se relaciona con comprar o corromper que es igual a sobornar. Antiguamente, la palabra también tenía el sentido de obligar o coaccionar, acciones que se han mantenido vigentes en Colombia. Curiosamente, el verbo cohechar también tiene el sentido de levantar el barbecho o labrar la tierra por última vez antes de sembrarla. Esto tiene entre nosotros un gran sentido cuando se trata de sembrar un plebiscito.

Pero, en todo caso, la partícula co está presente en todas estas palabras, lo cual indica que claramente existe corresponsabilidad, compañía, cooperación y correlación. Sí. Incluso es lícito pensar en eso de cohonestar, en hacer aparecer como honesto, justo o razonable lo que no es. También tiene el sentido de simular. Incluso, tiene que ver con armonizar o hacer compatible una cualidad, actitud o acción con otra. Por ejemplo, “cohonestar la virtud con la alegría”. Aunque en nuestros casos los cohechadores han seguido tan alegres con su falta de virtud.

Y, para que quede claro, los que elaboraron los diccionarios no fueron capaces de prever en sus definiciones nuestro alto grado de corrupción (también con co). Usualmente definen al cohechador como a la persona que cohecha a un funcionario público. Los diccionaristas no pueden imaginar que sean nuestros funcionarios públicos los que cohechan a los representantes del pueblo para que cambien su voto o se ausenten en el momento de las votaciones. Los que, para ser coherentes, se dejan cohechar con o sin cohesión, por las buenas o por la fuerza. Por supuesto no se trata, o por lo menos no lo sabemos, de que existan en nuestros casos una coherencia de ideas, doctrinas y que respondan a un altruista conjunto sin contradicciones. No. Parece ser un simple comportamiento mafioso, llevado por el interés de violar las normas en favor propio, por un lado, y el de obtener beneficios y favores mezquinos, por el otro. La única coherencia que se logró fue la de unirse en el acto ilegal y corrompido.

Y es evidente que ninguno de los que vigilan el cumplimiento de la ley sintió alguna cohibición para hacerse el de la vista gorda y no quedar atado a la idea de que cohecho es un hecho que implica colaboración. Quizás porque entre las entidades que ejecutan, las que legislan y las que vigilan se ha logrado la cohesión, por aquello de que las partes están fuertemente unidas física o espiritualmente, como un todo, hecho de hormigón, aglutinado, compacto, consistente, denso y duro. Es una manera de gobernar: es una cohabitación que nos cohonde, es decir, que nos mancha, nos avergüenza y confunde.

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