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¿Cultura de izquierda o de derecha?

En seis puntos Nicolás Morales resalta algunos puntos de la gestión pública de el nuevo año

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Nuevo año. Comienzo con algunas constataciones de los nuevos vientos distritales y nacionales de la gestión pública en cultura. Empecemos entonces diciendo que:

1. En Cultura, poco importa el prontuario político

Catalina Ramírez, la nueva directora de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, viene del Ministerio de Cultura, institución que pertenece al gobierno central, en la que se desempeñaba con un extraordinario exceso de discreción como directora de la Biblioteca Nacional. Antes, había estado vinculada a la administración de Enrique Peñalosa, otrora rival del nuevo alcalde Moreno. Hace algunos meses se presentó en la administración de Lucho Garzón el caso contrario: Margarita Valencia, directora de Bogotá, Capital Mundial del Libro, en una administración, creo, de izquierda, renunció para irse a la Biblioteca Nacional, como directora, en un gobierno que, según he oído, es de derecha. Afortunadamente para los lectores de Arcadia, su paso por el Estado fue fugaz. Muy parecido es el caso de Yaneth Suárez, actual Secretaria General del Ministerio de Cultura, quien fue jurídica de Martha Senn, directora de la política cultural de la Alcaldía de Lucho Garzón. Ya lo dijo Bobbio: “Izquierda y derecha se diluyen en un mar de incertidumbres”.

2. En Cultura, mandan las gerentes

Catalina Ramírez y nuestra actual Ministra de Cultura, Paula Moreno, reafirman esa condición sine qua non que se viene presentando en las élites de la cultura desde hace casi seis años: para mandar hay que ser gerente (sirve finanzas, administración de empresas, mercadeo, publicidad, ingeniería industrial y cualquier cosa que implique manejos de cifras y porcentajes). Adiós a los intelectuales. Puede que en los corredores los encontremos, pero en la silla del poder hace mucho que no despachan. Por cierto, se rumora sobre el reciente fichaje de Germán Rey y John Landaburu como asesores del Ministerio. Lucho Garzón, en su momento, contó con el juicioso Víctor Manuel Rodríguez, y la Conchi exprimió al ahora diplomático Luis Armando Soto. Pero hace años los intelectuales salieron de los altos cargos. Los últimos fueron, tal vez, Juan Luis Mejía en el Ministerio y Rocío Londoño en el Distrito.

3. La Cultura, a veces es importante

En los círculos culturales capitalinos se dice que Lucho le paró bolas a la cultura solo el último año, justo cuando llegaron los premios y las certificaciones. Por los lados de Presidencia, habría que preguntarse si Uribe entiende, entre otras muchas cosas, la revolución cinematográfica que está viviendo este país gracias, en buena medida, a la acción del Ministerio. A lo que va mi inquietud es a intentar saber qué esperan las administraciones de sus políticas culturales o, mejor aún, si estas existen o son apenas florescencias espontáneas que solo hay que agacharse a recoger.

4. En Cultura no hay marcas ideológicas, solo buenas y malas acciones

¿Cuándo una administración pública en cultura es de izquierda y cuándo es de derecha? ¿Fue el de Martha Senn un ejercicio más de izquierda que una administración, digamos, como la de Rocío Londoño? ¿Fue Ramiro Osorio más progresista en su Ministerio que, digamos, Alberto Casas? Misterio total. En España y Francia las políticas culturales públicas tienen marcas, acentos y tendencias políticas. En Colombia invito al debate, porque yo no veo los énfasis por ningún lado. No digo que esto sea necesariamente malo, pero es, definitivamente, curioso. ¿No será por una total ausencia de posición y perspectiva que los equipos de gobierno son aquí tan heterodoxos?

5. En Cultura, balances rápidos

Es prudente que nuestro maestro Jesús Martín Barbero comience a leer los informes de gestión de las administraciones salientes, nacionales y distritales. Así evitaríamos la levedad con que los grandes medios realizan esos balances. Que María Consuelo Araujo fue solo bibliotecas no es cierto, para bien y para mal. Y que Martha Senn no hizo más que intentar un ajustado ejercicio de inclusión social no es verdad, ni en lo bueno ni en lo malo. Porque, en la práctica, hubo de todo: un sistema distrital de cultura impresionante o un boom de proyectos artísticos nacionales inigualable, pero también improvisación y gastos innecesarios, espectáculos caros y estériles, programas autistas, peleas a muerte por las metodologías, etc.

6. En Cultura subsisten los misterios

Y claro, al final, las preguntas se agolpan, confundiéndose hábilmente para que no las podamos plantear con claridad. Sin embargo: ¿cuándo la Biblioteca Nacional conocerá de nuevo un periodo de estabilidad y producción como el de Carlos José Reyes? ¿Cuándo el Archivo General de la Nación volverá a ser importante? ¿Por qué se dejó caer el Observatorio de Cultura Urbana? ¿Por qué está escriturada a perpetuidad la antigua y hoy crecidísima Fundación Gilberto Alzate Avendaño a los herederos del calvo político? ¿Volveremos a ver a la Galería Santa Fe como en sus viejos tiempos? Preguntas puntuales que deberían ser contestadas por funcionarios específicos antes y después de iniciar los mandatos que, señores funcionarios, nuestros impuestos también financian.

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