RevistaArcadia.com

Editar

Una estética militarista, una estética de héroes y villanos en donde no hay análisis sino evidencias editadas.

2010/03/15

En el número pasado de Arcadia el artista José Alejando Restrepo señalaba, a propósito de la manipulación que hacen los medios de comunicación del material que editan: “Podríamos pensar que la historia que escriben los medios, es en realidad un fenómeno de posproducción. Lo que hacen es arreglar y acondicionar un discurso, a partir de unos sucesos que interpretan no se sabe bien bajo qué criterios y, sobre todo, no se sabe bajo qué responsabilidad. Una de las preguntas que me hago es saber finalmente quién toma las decisiones de editar, de organizar de tal o cual manera”.

El mismo día en que circulaba nuestro número anterior el canal RCN anunció con bombos y platillos la noticia de que esa noche, el lunes 4 de agosto, presentaría un largo aparte del video de la Operación Jaque I en la que fueron liberados Íngrid Betancourt y 14 militares. Aún no se sabía si se trataba de material sin editar o si se trataba de un documento obtenido por el canal y sometido a la posproducción de la que hablaba Restrepo. A las ocho de la noche, cuando apareció el primer corte en el que se veía a un grupo de hombres con los rostros velados por un efecto de blur pintando unos helicópteros en un hangar del complejo de Tolemaida, todos comprendieron que se trataba de un material editado. Lo cual, por supuesto, no es un problema. Todo esfuerzo periodístico requiere contar o narrar una historia. Narrar es editar. Y eso implica, cueste aceptarlo o no, un punto de vista de quien manipula el material. Uno pensaría que es injusto criticar una “de las chivas del año”, como calificó María Isabel Rueda en La W al video el día siguiente arguyendo que ya muchos otros medios habían salido a descalificar el video, a tildarlo de amarillismo. Rueda se preguntaba si era “envidia lo que movía a muchos de los otros medios que no habían podido difundir la noticia”. El debate se acrecentó por cuenta del presidente Uribe que, una vez más pidió que el material obtenido por las Fuerzas Militares debía repartirse a todos los medios por igual, pero que en este caso lo que había ocurrido era una venta que incluía, según él, traición a la patria.

Lo discutible aquí es cómo se presentó ese video. Es decir, para seguir con la idea de Restrepo, cómo y bajo qué criterios se editó. Sin duda alguna se trataba de uno de los documentos fílmicos más apetecidos por cualquier canal de televisión, pues recogía una operación a todas luces “cinematográfica”. Sin embargo, quizá por esa aura de operación increíble, quienes editaron el video decidieron dotarlo de una serie de efectos que, tratándose de una pieza periodística, parecían más una propaganda del heroísmo de un grupo élite del Ejército. No hubo, de ninguna manera, un criterio periodístico. Se intentó contar una historia pero eso resultó fallido. El texto de la voz en off era pobre y parecía una propaganda institucional. Y como si esto fuera poco, se decidió incluir una banda sonora —¿con derechos reservados?— inspirada en el cine de Hollywood para conmover lo que visualmente por sí solo conmovía. Así, Metallica y Pink Floyd se convirtieron en el sonido de fondo de una operación que, en los momentos de tensión fabricados por la edición, le daban un tinte de película de Vietnam al documento. Durante una hora, vimos varias tomas hechas con teléfonos celulares, vimos a los soldados terminar de pintar los helicópteros, vimos gente almorzando, vimos gente despidiéndose, vimos el peto de la Cruz Roja sobre el cuerpo de uno de los soldados, vimos la previa de la operación en una finca, vimos hasta chistes con una gallina —sí, el locutor, el editor, fabricaron la nota de color, en algo que no merecía nota de color—. Y vimos, claro, el momento en que por fin el helicóptero aterrizó en campo enemigo.

Lo que vimos fue una edición de cientos de horas de imágenes que no escaparon a la polémica por lo que allí se mostraba, sin ningún tipo de análisis de lo que se estaba presentando. El documento de la Operación Jaque, con la nueva minicrisis que originó por la evidencia del peto de la Cruz Roja y los logos de Telesur y Ecuavisa, fue simplemente una cadena de imágenes que correspondió más a una estética que comienza a apoderarse de los medios en Colombia: una estética militarista, una estética de héroes y villanos en donde no hay análisis sino evidencias editadas. Quizá sea importante advertir que los medios tienen una responsabilidad, como lo señalaba José Alejandro Restrepo: la de dudar y reflexionar sobre los materiales que obtienen y después editan. Al final de la entrevista, Restrepo recordaba una pertinente frase del brillante agitador austríaco Karl Krauss: “La prensa pretende que los acontecimientos verdaderos sean las noticias sobre esos acontecimientos.”

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.