RevistaArcadia.com

El acto solitario (no, leer no; lo otro…)

El editorial de Arcadia este mes reflexiona sobre Internet, el sexo y las fantasías de los cibernautas.

2010/03/23

Todos estamos de acuerdo: internet es un artefacto, un sistema, un universo extraordinario. Hoy por hoy todos los periodistas se preguntan cómo podían hacer su trabajo sin él. La banca también. La investigación académica, el comercio, las empresas. Así mismo, los amigos, los novios, los hijos que están lejos de sus padres, los padres que están lejos de sus hijos, consideran que internet es un poderoso vehículo de acercamiento y contacto.

Algunos pronostican que el problema de la propiedad intelectual, unido al problema del costo de los contenidos de calidad, acabarán por convertir internet en una mera red de contenidos basura y de comunidades virtuales. Twitter triunfará sobre Google. Los facebooks de moda, llámense como se llamen, tendrán sus primaveras, sus veranos y sus otoños, dependiendo de cómo suba o baje la marea de las modas. La prensa está llena de artículos sobre esas especulaciones.

Pero es curioso: hay un tema vedado. Cuando pensamos en internet, hablamos casi siempre de medios de comunicación, digitalización de libros, blogs y redes sociales. Y, si acaso, de venta en línea de productos. Pero dejamos siempre por fuera un asunto más o menos vergonzante (según el pudor convencional), que se cristaliza en el gremio económico más poderoso de la red global: el sexo.

En Alexa, la página web de análisis de tráfico en la red, está la lista, actualizada diariamente, de los 500 sitios más visitados del mundo. La mayoría de los sitios son buscadores. Unas cuantas redes sociales compiten con Youtube, Amazon y con un par de portales de compraventa. Pero en los 100 primeros puestos, hay solo tres medios de comunicación (BBC, CNN y The New York Times) mientras que seis portales de sexo están cómodamente ranqueados, y en mejores posiciones que los portales de noticias. (Sí, estamos en el negocio equivocado, pero eso ya lo sabíamos.)

Todo esto viene a colación porque este mes ha salido a la venta el dominio sex.com. y el precio base es la mágica cifra del millón de dólares. La subasta es un buen motivo para recordar la increíble historia de este dominio, muy bien contada hace ya unos años por la periodista Kieren McCarthy en el periódico The Guardian.

La historia, dice McCarthy, es digna de Homero: toda una batalla de Troya, por la hermosa Helena del sexo virtual, ese decorosísimo eufemismo para el viejo pecado de la masturbación. Y la batalla comenzó hace quince años, en octubre de 1995, cuando Garry Kremen, un judío norteamericano de clase media, se dio cuenta de que el dominio, que él había registrado hacía año y medio, ya no le pertenecía. El ladrón se llamaba Stephen Cohen, otro judío norteamericano de clase media. Pero poco tenían en común en realidad este par de personajes. Kremen había sido un niño brillante, con una carrera académica excepcional que incluía la Universidad de Stanford. Cohen, en cambio, era un desastre. Casi analfabeto, se había dedicado a una vida criminal gracias a un don espectacular para engañar y timar a la gente. Claro que para ello requería una inteligencia natural poco común, y con ella y su talento para la conquista, convenció a los proveedores del servicio de registro de dominios de ponerlo a su nombre. Es decir, logró robarse el dominio sex.com.

Lo que siguió fue una década entera de batallas legales, con episodios sórdidos y hasta robos de documentos jurídicos, una persecución policial, peleas con tiros incluidos, cuentas ilegales en islas paradisíacas y transacciones fraudulentas.

Al final, la batalla la ganó Kremen, pero aún no ha visto el primer centavo de los 65 millones de dólares que debía pagarle Cohen como compensación. Lo que hizo este último fue mover todo su dinero (estamos hablando de cientos de millones de dólares) a cuentas en paraísos fiscales entre el 2000 y el 2001 y mudarse a vivir primero a México y luego a Montecarlo, huyendo de la justicia.

Hoy, finalmente, Cohen está en la cárcel. Pero la noticia de la subasta este mes de sex.com y esta breve historia sirven para comprobar que internet y el sexo forman una dupla fantástica. Se llevan muy bien. Combinan. No en vano, el gran poeta inglés Philip Larkin dijo una vez: “Sex is too good to share with anyone else” (“El sexo es demasiado bueno para compartirlo con alguien más”). Y es cierto. En internet, nadie sufre de pánico escénico. En internet, nadie se angustia por el qué dirán. En internet, el cuerpo propio no es sometido a ningún escrutinio. En internet, toda perversión secreta puede ser satisfecha, por lo menos en el terreno de la fantasía. Pero es que sexo y fantasía secreta tienen profundos vasos comunicantes. Tan secreto sigue y seguirá siendo el universo sexual de los seres humanos, que apenas si se habla en los medios de comunicación del negocio que más dinero mueve en la red.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.