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El asunto del planeta Pinchao

Nicolás Morales señala la querra editorial que está ocurriendo en Colombia

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Pinchao esta ganando su segunda batalla. Después de la selva este policía parece ser el vencedor de la nueva era de la guerra editorial corporativa. Una guerra donde se vale todo para vender mucho. Muchos libros.

Las pruebas: el periódico El Tiempo reprodujo el 20 de enero uno de los capítulos del libro de Planeta Mi fuga hacia la libertad. 20 de enero cayó domingo, y el capítulo empezaba en la página 1 A, con lo que el libro secuestró el prime time del periódico. Pinchao cumplió lo prometido con el atroz relato del intento de fuga de Íngrid y Luis Eladio por las selvas vietnotropicales colombianas. El periódico incluyó unas tres páginas, las decoró con la carátula del novelón y anunció que en ocho días el librero de confianza tendría el libro en kioscos. Planeta nos reveló así, cuidándose de toda timidez, que la máquina editorial familiar sería convenientemente explotada. Después vinieron las publicidades pagadas del libro, las gratuitas (como la media página en la nueva Lecturas) y algunos disparos, mosquitos y bejucos repartidos aquí y allá por el periódico. Entre ellos uno muy interesante en el que se aclaraba que nuestro policía héroe nunca recibió de Planeta 100.000 dólares por derechos de autor, desmintiendo un confidencial de Semana que daba cuenta de lo contrario. La cereza en el pastel fue la lista de los más vendidos que coronó a Pinchao como el ultraganador anticipado del año en ventas. A menos que salga pronto El secreto II. Y es que, gracias a todo esto, sin lugar a dudas Pinchao tiene, en su edición legal o pirateado, el libro más vendido en Colombia.

No sé ustedes, pero yo no recuerdo una guerra editorial librada en tantos frentes, regulares e irregulares, en la historia del país. Ni siquiera Intermedio Editores tuvo tanta pista como la que tiene hoy Planeta.

Atrás quedaron la ingenuidad y la candidez romanticonas con que se asociaba a los oficios editoriales. Hace mucho que las empresas de comunicación dejaron los refinamientos y el cuidado en pos de implementar estrategias de venta masivas y complementarias. No voy a escribir cartas a la defensora de lector para exigir que cada vez que El Tiempo hable de los libros de Planeta explique que El Tiempo es de Planeta. Dicen que el libro de Julio Sánchez Cristo, con la entrevista de Lucho, publicado por Alfaguara se vio bastante en Caracol. No me consta. Pero Alfaguara es Prisa y Prisa es Caracol. Y tontos serían si no se dieran mutuamente la patadita de la buena suerte. Todo el mundo se hace bombo con las ollas de la casa. En últimas, algo debieron aprender los grupos económicos del sistema Berlusconi, ¿no?

Sin embargo me preocupa un asunto. Colombia imprimió en el 2006, según Cerlalc, casi los mismos títulos que México, y fue el segundo país en número de títulos por cada cien mil habitantes en toda Iberoamérica. Es decir que, aparentemente y pese a que los colombianos no han aumentado su consumo de libros, estamos inundados de novedades. Esto me incita a preguntar cuántos libros devuelven hoy las librerías a las editoriales. En España las devoluciones alcanzaron un 32,1% el año pasado. Es decir que, de cada tres títulos publicados, uno fue devuelto a las bodegas. No hay datos para Colombia pero recuerden que hay mucho menos librerías aquí que en el mundo ibérico. Y eso puede indicar que el supermercado o la calle son los lugares más importantes para la venta de publicaciones en Colombia. Ahí donde solo llegan los best sellers de las prepago y Las claves del éxito.

En otras palabras, me temo que cada vez la cosa se irá reduciendo a un pequeño listado de títulos bombardeados por algunas filiales multinacionales, trayendo consigo que la diversidad del libro independiente, universitario, importado o simplemente menor se pierda definitivamente.

Es ahí donde utilizar todos los medios que proporciona ser una editorial multinacional se vuelve una ventaja competitiva compleja. Norma y Ediciones B deben estar preocupadas. Yo lo estaría. Panamericana duerme bien, pues controla de maravilla la distribución en sus megapapelerías. Pero los editores pequeños tendrán que luchar por resaltar sus novedades refundidas en los rincones más oscuros y empolvados de los anaqueles. Deberán ser muy inventivos en sus tácticas de prensa y mercadeo reelaborando las formas de contacto con los públicos.

Hacer libros como el de Pinchao es fácil. Y venderlos con todas las garantías, créanme, no es muy complicado. Un par de llamadas bastan para que la Librería Nacional quede inundada de libros del planeta Pinchao. Vender libros buenos, por el contrario, es un verdadero reto. Y hay que decirlo: no es que el intendente Pinchao me haya parecido poco heroico, ni que su historia no tenga interés. Pinchao es un héroe. Logró desafiar el cerco lumpenrevolucionario y contarle al país, de primera mano, algo que le afecta. Pero se trata de un fácil libro de aventuras que no nos permite ver más allá, que no nos deja interpretar y que no construye pensamiento crítico. Y eso en primera plana del principal periódico no es bonito. ¿O acaso ustedes han visto en El País de España que La Hermandad de la Sábana Santa sea portada de domingo?

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