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El sistema

En su columna de este mes, Marta Ruiz habla del sistema que dejo al desnudo Roberto Saviano en Gomorra.

2010/06/30

Por Marta Ruiz

“¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!”. Con esta frase termina Roberto Saviano su libro Gomorra. Todavía está vivo. Pero La Camorra anunció que lo matará antes de diciembre. Ahora el escritor de 29 años ha perdido a su novia y sus amigos. Todos huyen de él como de la peste. Su caso ha sido comparado con el de Salman Rushdie, el autor de Los versos satánicos, que desafió con su literatura a una teocracia dogmática. Saviano penetró en el bajo mundo de Nápoles y se encontró con algo más que una mafia. Encontró un sistema. Una interconexión de negocios, estéticas y políticas que hacen que La Camorra ponga de rodillas al propio Estado.

No fueron los escabrosos relatos de muertes, descuartizamientos con sierra y las venganzas sangrientas las que enfurecieron a La Camorra. De eso se ha escrito mucho, y a juzgar por el efecto que dichos relatos tienen en Colombia, puedo sospechar que tanta sangre escrita alimenta el ego y el exhibicionismo de los criminales. Creo que lo que no toleraron los operadores del “sistema” de La Camorra es que Saviano haya dejado al desnudo los negocios, ese sofisticado mundo de finanzas e intercambios internacionales en el que se mueven como pez en el agua. Tal como lo anunció Moisés Naím en su libro Ilícito, en la globalización los criminales van mucho más rápido que los gobiernos y las corporaciones. Y por supuesto, que la Policía.

La Camorra y sus tentáculos en el negocio de la moda, sus jugosas inversiones en el sector inmobiliario y su mano tras el sucio y millonario negocio de la recolección de basuras y desechos tóxicos; y, por supuesto, el mercado minorista de mercancías chinas, computadores, autos y un largo etcétera. “La estructura federal y flexible de los grupos camorristas ha transformado por completo el tejido de las familias: en la actualidad, más que hablar de alianzas diplomáticas, de pactos estables habría que referirse a los clanes como a comités de negocios”, dice Saviano. La mafia ya no como grupo criminal, sino como sistema económico que se instala en la sociedad, y se hace indispensable, mientras el otro “sistema”, el financiero neoliberal, se viene abajo.

Lo triste es que este retrato de Nápoles bien puede ser trasladado a decenas de ciudades en Europa del Este, África o América Latina, donde las mafias parecen ganar terreno en lugar de perderlo. Mafias que por la vía del control social y económico han terminando sometiendo al Estado y, peor aún, a la sociedad.

Veamos, por ejemplo, el caso colombiano. Solo un sistema muy sofisticado puede multiplicar el dinero ante los ojos de todos como si fuera pan y pescado, bajo la mampara de las pirámides de ahorros, sin que el gobierno logre descubrir el milagro. O el lavado de activos, imparable, a través del contrabando de chucherías como chancletas y tenis, que todos compramos a veces en las calles. O ciudades enteras que viven bajo el imperio de los capos antiguos o emergentes (Cartagena, Buenaventura, Pereira, Cúcuta, Montería, por nombrar solo algunas). También parece mafioso que un desmovilizado no santo ingrese por los sótanos a la casa del Presidente, y que un diplomático de rancia aristocracia terrateniente termine doblegado ante un gran capo del narcotráfico, suplicándole silencio. Las élites del pasado, atemorizadas ante los dueños del nuevo “sistema”.

No hay que llamarse a engaños. Ya no se trata solo de organizaciones criminales sino de un fenómeno social que está cambiando a las sociedades brutalmente. No es un juego de policías y ladrones. La mafia vino a quedarse y se convirtió en un “sistema”. Y como todo sistema, tiene ideología (quizá la más antidemocrática de todas), tiene política (que digan los colombianos si no) y tiene una economía global que quién sabe qué papel jugará durante la recesión que se viene.

Tengo en mi memoria los vagos recuerdos de una novela que leí hace casi dos décadas, Una princesa en Berlín, de Arthur Solmssen, que recrea la recesión de los años 20 en la Alemania de entreguerras. Cómo ascendían las mafias, mientras los dueños de los grandes y prósperos negocios lo perdían todo. Una crisis que le abrió las puertas al nazismo.

Dicen que las mafias son invencibles porque siempre van más adelante que los Estados. Me pregunto, mientras veo caer las bolsas del mundo, y los bancos y compañías cerrando sus puertas, en qué estarán pensando los dueños del otro “sistema”. Quizá estén tejiendo las redes financieras donde caerán desplomadas las economías de sus países. Tiemblo al pensar que al final de la crisis, el mundo tenga un nuevo sistema: el de Gomorra.

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