Emergencia

En estos días en los que la palabra "emergencia" ha sonado tanto, Carlos Castillo recuerda su etimología.

2010/03/16

Por Carlos Castillo Cardona

¿Sabía usted que emergencia viene de la palabra somorgujo? Cuando oí sobre la emergencia social decretada por este gobierno llegué a pensar que emergencia provenía de confusión, improvisación, mal hacer, mal hablar y mal hadar. Pero, no. Pongámonos claros: viene de somorgujo, ya usado en 1591, de acuerdo con lo que dice el infalible Joan Corominas. Antes se decía somurgujón, en los siglos xii y xiv, cosa que poco nos aclara el enredijo. Pero, al ir un poco más allá, vemos que somurgujón viene del latín mergus, derivado a su vez de merg re, que quiere decir “zambullirse, sumergirse”. Ya es algo. Es decir, el ministro de la Protección Social está zambullido en un mar de torpezas, aunque no sea esto lo que el gobierno quiere decir con lo de la emergencia social.

Para aclararnos, el lenguaje es incierto: Según el DRAE, emerger viene de latín emergere, que es brotar, salir a la superficie del agua u otro líquido. Dice que también se usa en sentido figurado. Y emergencia (de emergens, -entis, emergente), no tan claro aún, se refiere a acción y efecto de emerger; a suceso, accidente que sobreviene; a situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata. Incluso, se dice que en Guatemala, Puerto Rico y Venezuela se asimila a la atención médica que se recibe en un hospital. Esto último ya nos suena más parecido a lo que dicen que trata la emergencia social decretada —aunque no sepamos muy bien de qué trata la tal emergencia—. Sin embargo, todo parece indicar que estamos más cerca del sentido de “freno de mano”, tal como se le da en Puerto Rico. O, peor aún, el verdadero sentido que le puede dar este gobierno a emergencia, es el de cuando se refiere a aquella acción “que se lleva a cabo o sirve para salir de una situación de apuro o peligro”. No es fácil saber si el gobierno estaba en apuro o peligro antes de decretar la emergencia o lo está ahora que la ha decretado y la gente opina sobre tal absurdo.

Pero, por otra parte, también la Constitución Nacional nos hace dudar de la emergencia social, uno de los estados de excepción. Dice que el Presidente y todos los ministros pueden decretar el estado de emergencia?–además de situaciones de guerra exterior o de grave perturbación del orden público–, cuando sobrevengan hechos… que perturben o amenacen perturbar en forma grave e inminente el orden económico, social y ecológico del país….”. Es decir, la palabra “sobrevengan”, presente del subjuntivo de sobrevenir, se vuelve fundamental en su relación con la palabra “emergencia”. Y, aquí se puede enredar la pita, pues “sobrevenir”, de supervenire, se dice de una cosa que acaece o sucede además o después de otra; y, también, de algo que viene improvisadamente; o viene a la sazón.

Nada claro queda que la emergencia social haya sido decretada porque la situación de salud, que altera el orden, haya acaecido después de otras o haya venido de improviso (pues hace años hacemos cola en las clínicas) o “a la sazón”, pues esto último querría decir que llegó oportunamente.

Este desastre no parece tener sentido de emergencia ni de urgencia ni de oportunidad. Por el contrario, los decretos de emergencia social parecen ser tardíos, incompletos y ponen una especie de “freno de mano” a los derechos de los pacientes, es decir, de los ciudadanos. Todo parece ser, más bien, que los intereses de los intermediarios de la salud nos somorgujaron en fondo del océano de la corrupción que nos ahoga.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.