Historia de la infamia

Antonio Caballero comenta el juicio a los generales Videla y Menéndez en Córdoba.

2010/09/21

Por Antonio Caballero

Estos dos vejetes rendidos por el sueño, dormidos el uno sobre el hombro del otro, parecerían dos niños fatigados por el juego si no fuera por su atildamiento en el vestir: chaleco abotonado bajo la chaqueta, mancornas de oro en los puños de la planchada camisa, corbata de puente, y en la solapa del uno el estoperol discreto de una condecoración. Fueron hombres temidos. Son dos ex generales argentinos, jefes de aquel régimen siniestro y asesino de las juntas militares que Jorge Luis Borges, para vergüenza de sus opiniones sobre la infamia en la historia, llamó en su momento “un gobierno, por fin, de caballeros”.

Borges lo llamaba así por contraste con los gobiernos, en su opinión, de truhanes, que habían precedido a las juntas militares de los años 70 y 80: el de Isabelita de Perón, el de Perón, los de las otras Juntas militares, y más atrás aún el otro de Perón, y el otro de Perón... En fin: para qué voy a resumir aquí la historia de la Argentina en el último siglo. El mismo Borges escribió más o menos, en uno de sus textos memorables, hablando de alguno de sus bisabuelos: “Le tocó vivir, como a todos los hombres, tiempos infames”.

Pero a estos dos los están juzgando. Esta fotografía que los muestra dormidos como dos pajaritos fue tomada durante la audiencia pública que se les sigue en la ciudad de Córdoba por dos o tres, no importa cuántos, de los miles de crímenes de lesa humanidad que cometieron cuando eran poderosos. Son Jorge Rafael Videla, presidente de la primera Junta, a la izquierda en la foto; y a la derecha, Luciano Benjamín Menéndez, entonces comandante del III Cuerpo del Ejército. Mientras los testigos del juicio hablaban de torturas, de asesinatos, de desapariciones, de fusilamientos, los verdugos se fueron quedando dulcemente dormidos. Se despertaron sobresaltados (cuenta el diario Clarín de Buenos Aires, que publica la foto); pero no por los remordimientos de conciencia, sino porque unos papeles se les cayeron de las rodillas al piso.

¿Hay que juzgar a los culpables y a los responsables, hay que saldar viejas cuentas, hay que olvidar, hay que reparar a las víctimas de las infamias cometidas? Arduo debate sobre la “justicia transicional” y sobre la necesidad de la reconciliación. Pero este par de vejetes, este par de asesinos, están siendo juzgados. Y que se les siga un juicio por sus crímenes a altos jerarcas militares y políticos es cosa —relativamente— novedosa. Que los juzguen los jueces, quiero decir: la justicia. Y no sus enemigos: otros verdugos. Digo que la novedad es relativa porque en los últimos años se han visto algunos casos; los generales uruguayos, Fujimori del Perú, Taylor de Liberia, Milosevic de Serbia. Los mismos dos ancianos asesinos de la foto, por ejemplo, ya habían sido juzgados y condenados antes, y luego indultados por el presidente Menem, y luego vueltos a juzgar y nuevamente condenados a cadena perpetua sin beneficio de su casa por cárcel. Pero que sean juzgados los poderosos cuando dejan de serlo sigue llamando la atención.

En éste último juicio por las atrocidades de la represión en Córdoba, se defendió el ex-general Menéndez explicando que lo que hicieron ellos “fue una guerra para vencer al terrorismo marxista que había asaltado nuestra Patria”.?¿Les suena a los lectores esta palabra “Patria”

 ¿Esta palabra “terrorismo”? (Lo de marxista empieza ya a oler a algo anticuado: pasado de moda, como esos chalecos de muchos botones). Esas mismas palabras, patria y terrorismo, las oímos a diario pronunciadas por los dirigentes políticos y militares de los Estados Unidos y de Irán, de Rusia y de Chechenia, de Serbia y de Croacia, de la China y del Tibet, de Venezuela y de Colombia, de los dos Chipres, de las dos Coreas: indistinguibles. Y no sabemos bien cuál es el patriota, y cuál el terrorista.

Ese es el tema, justamente, de todos los relatos de infamia que escribía Jorge Luis Borges: el tema ambiguo y tal vez irresoluble del traidor y del héroe, que suelen ser el mismo.

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