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La extraña no ampliación

Nicolás Morales propone tres hipótesis que podrían justificar el abandono de la ampliación museográfica más importante de Colombia

2010/07/28

Por Nicolás Morales

Decía el titular de El Tiempo: “Se enreda la ampliación del Museo Nacional por decisión del Concejo de Bogotá”. Así que el 2009 arranca movido por polémicas, peleas de cocina y derrotas del campo cultural que, por cierto, vuelve a mostrarse completamente fracturado e incapaz de erigirse, como diría Bolívar, por encima de la lucha de los partidos.

En resumen, la ampliación museográfica más importante del siglo en Colombia se fue al traste por un par de decisiones del Concejo Distrital y la Alcaldía de Samuel Moreno. El Museo Nacional aparentemente no podrá ampliarse porque el Colegio Mayor de Cundinamarca, su vecino, perdió la oportunidad de irse al lote del antiguo Matadero Distrital. En su lugar, la Alcaldía usará el terreno para construir una nueva sede de la Universidad Distrital. Así, una idea tan simple como bien sustentada, terminó haciéndose añicos: construir un museo mucho más completo, inclusivo y potente, al estilo del extraordinario Museo de Antropología de México. Nada de esto queda y deberemos conformarnos con lo que tenemos: un minimuseo con sus salitas para las exposiciones temporales, las salas anexas y el teatrino. Propongo algunas hipótesis explicativas. Todas subjetivas, personales y provisionales, como siempre.

1. Le faltó agresividad al Museo Nacional

La actual administración del museo ha demostrado una positiva continuidad técnica. Buenas exposiciones y excelente curaduría. Pero María Victoria Robayo no es Elvira Cuervo, y ha quedado claro que las aptitudes de negociación de esta se echaron en falta para esta gestión específica. En Francia, España o México las figuras que ostentan los cargos directivos de museos son personalidades de un extraño mundo que combina cultura y política; son personas que tienen que conseguir recursos, publicitar exposiciones, negociar colecciones y claro, hacer política. Mis críticos dirán que es posible que la administración del Museo se haya movido por debajo de cuerdas con absoluta discreción para hacerse con el lote, pero, desde mi punto de vista, hay un momento en el que la discreción se tropieza con la gestión.

2. El extraño silencio de una ex funcionaria del Ministerio

Catalina Ramírez, la actual secretaria de Cultura, Recreación y Deporte del Distrito fue directora de la Biblioteca Nacional, establecimiento del Ministerio de Cultura (y hermana, en términos administrativos, del Museo), durante la primera administración de Álvaro Uribe. Ahora, siendo Ramírez la primera autoridad cultural del distrito, prefirió no decir nada sobre este espinoso asunto y dejar que otras instancias tomaran las inconvenientes decisiones, olvidando sus anteriores lealtades políticas. ¿A cuántos consejos de cultura en los que se habló hasta la saciedad de la expansión del Museo debió asistir Ramírez? Si algún día se logra la ampliación del Museo, el nombre de esta funcionaria no será tallado en la placa de agradecimientos.

3. ¿Moreno pasa factura a Uribe y el que paga es el Museo Nacional?

Es claro que los desencuentros entre los gobiernos distrital y nacional están ocasionando los primeros resultados negativos en los proyectos culturales que imbrican la ciudad y la nación. Si bien es obvio que se trata de dos administraciones de filiación política distinta y, en consecuencia, es normal que difieran, creo que no valía la pena sacrificar al Museo Nacional. Un proyecto coherente y suficientemente publicitado, con un lobby cuidadoso de años, avalado incluso por la primera administración distrital del Polo Democrático resultó derrotado por un mediocre plan de expansión de la Universidad Distrital. Escribe Antonio Caballero en Semana que los caprichos burocráticos y la miopía politiquera arruinaron este asunto, y estoy parcialmente de acuerdo con él, pues me parece que a punta de politiquería también se habría podido conseguir la ampliación del Museo. En otras palabras, faltó algo más de politiquería para lograr un buen resultado. Si nos detenemos a mirar el Museo Nacional de hoy, levantado en medio de un país tan escéptico frente a lo cultural como este, es claro que no se armó a punta de rezos, caridad y agua bendita ¿Cierto, Elvira?

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