La foto de los ocho años

Nicolás Morales pasa revista a las tres ministras de cultura de la era Uribe.

2010/06/29

Por Nicolás Morales

Una foto de tres ministras de Cultura. Sonrientes, por primera vez posan para una revista femenina en las escaleras del Palacio de la Estrada. Las tres cuentan banalidades de su gestión, muy a tono con los productos capilares y con los consejos médicos de la revista Ellas. Nada muy importante encontramos en las páginas de este artículo titulado “Las mujeres de la era Uribe”. Las ex ministras y ministras se ajustan al formato y terminan por caer en la trampa de las respuestas livianas y llenas de clichés sobre la feminidad, la cultura y el gran talante de nuestro próximo ex presidente. Sin embargo, es a partir de esta foto que me gustaría preguntar: ¿cuál fue el verdadero legado de esa década de gestión cultural en Colombia?

El documento de rendición de cuentas y el compendio de políticas culturales dicen mucho y nada. Estadísticas victoriosas, coherencia institucional, progreso en cada uno de los frentes y algunos retos que ajustar. ¿Podría esperarse acaso algo distinto? Sin embargo, habrá que leer y digerir los datos con calma para poder sacar alguna conclusión medianamente real. Pareciera que en el país escasean lectores expertos que puedan hacer balances interesantes y que tracen los verdaderos logros y fracasos de estas administraciones. Jorge Orlando Melo no da abasto, Germán Rey tiene contratos que lo inhabilitan como el agudo observador que es y Jesús Martín Barbero nos ha abandonado, espero que momentáneamente. Así que depositamos nuestra confianza en lo que puedan llegar a decir personas como Ramón Villamizar y Ana María Ochoa, quienes han mostrado su voluntad y capacidad de asumir el reto.

Suelto algunas intuiciones en lo negativo y en lo positivo a partir de la simple percepción y de algunos comentarios y charlas en los que quejas y halagos sobre la gestión del Ministerio durante los dos pasados cuatrienios se repiten: que debió hacerse la ampliación del Museo Nacional; que la Ley 1185 de patrimonio es muy buena; que los montos de las becas se redujeron dramáticamente; que el cubrimiento de bibliotecas fue efectivo y poderoso, pero que, paradójicamente, se descuidaron los planes de fomento a la lectura; que la Ley de Cine, su implementación y resultados fueron buenos; que se hizo mucho para impulsar las comunidades, prácticas y manifestaciones afro, pero que el Ministerio nunca supo qué hacer con los pueblos indígenas; que los museos comunitarios no son sostenibles; que hubo un grupo de restauraciones monumentales; que nunca fue muy claro el posicionamiento institucional frente al turismo cultural; que todo el tema de emprendimiento e industrias culturales es muy peligroso y pone la producción de dinero por encima de la construcción de cultura; que los laboratorios de investigación en artes lograron, a pesar de la falta de recursos y apoyos más amplios, acercarse a los artistas en las regiones; que los costosos salones de artistas son estructuras retrógradas y no sirven para nada; que las últimas administraciones de la Biblioteca y del Caro y Cuervo fueron de las mejores que han tenido a lo largo de toda su historia; que liquidaron el Archivo Nacional; que por fin hubo conexión con el fomento cultural regional; que el de cultura en general logró no politizar sus decisiones ni su red de funcionarios y, por último, que la discreta, por no decir opaca, gestión cultural del Distrito durante la actual Alcaldía ayudó a agrandar los resultados ministeriales.

En la foto de la revista, las ministras sonríen. Es el fin de una era, el momento en el que el uribismo quema sus últimos cartuchos, pero no sabemos muy bien si es pirotecnia o fuegos fatuos. La Unesco dijo alguna vez que se debía esperar décadas para conocer los verdaderos resultados de una política cultural gubernamental. Sin embargo, yo preferí adelantarme porque creo, muy de acuerdo con Keynes, que “en el largo plazo todos estaremos muertos”.

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