Lecciones de espacio público

Andrés Ramírez comenta el High Line Park de Nueva York, un revolucionario proyecto de espacio público.

2010/09/21

Por Andrés Ramírez

A pocas cuadras del río Hudson, en el lado oeste de Manhattan, se encuentra uno de los proyectos de espacio público más revolucionarios de los últimos tiempos. Es el High Line Park, un soberbio ejemplo de creatividad y trabajo comunitario que atraviesa el sector artístico de Chelsea y el Meatpacking District.

Y aunque parezca extraño, estos vibrantes vecindarios que hoy albergan algunas de las más importantes galerías y estudios de arte de la ciudad eran —no hace más de tres décadas— sectores oscuros, sucios y peligrosos, colmados por antiguas y abandonadas bodegas industriales. Y en el medio corría una de las mayores cicatrices de la isla: el pesado puente de hierro por el que transitó (hasta 1980) el antiguo ferrocarril de Manhattan.

La rápida transformación y cotización del West Side hizo que las autoridades plantearan derrumbar esta herida urbana que oscurecía y obstaculizaba el tránsito de los peatones. Pero los nuevos inquilinos no estaban de acuerdo con la idea de borrar esta huella del pasado (así el pasado estuviese representado por un error) y propusieron en cambio abrir un concurso arquitectónico para aprovechar esta emblemática estructura en bien de la comunidad.

Las firmas de arquitectos James Corner Field Operations y Diller Scofidio + Renfro ganaron la convocatoria, al proponer un particular parque lineal construido sobre las antiguas líneas del ferrocarril. El proyecto se dividió en tres etapas, la primera de ellas abierta al público hace dos años y la segunda etapa en construcción.

El diseño del parque es notablemente sencillo. Se trata de una intervención vegetal inspirada en la naturaleza salvaje que creció durante los casi treinta años en los que el puente permaneció cerrado. La naturaleza salvaje, como si perteneciera a una metrópoli sin humanos, incluye diferentes especies de plantas y pastos que cubren las líneas del ferrocarril. Sobre la otra mitad del espacio se despliega una pasarela de concreto con espejos de agua, iluminación y mobiliario. En algunos puntos estratégicos se construyeron baños públicos, ascensores, instalaciones de arte y miradores con pisos de madera. El parque serpentea entre edificios y calles, y su impacto ha sido tan positivo que a lado y lado se levantan nuevas construcciones, algunas de ellas diseñadas por Jean Nouvel, Richard Meier y Frank Gehry.

Hace pocos días el Concejo de Nueva York aprobó por unanimidad la extensión del parque hasta el antiguo patio de maniobras del tren, ubicado cerca de Times Square. Cuando se complete el proyecto, el High Line Park será otro de los grandes íconos arquitectónicos de la Gran Manzana. Escribo estas cortas líneas viendo el atardecer en este lugar. Y allí sentado pienso cuánto podemos aprender los arquitectos de este sencillo e inspirador proyecto.

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