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Los 10 sopores del 2007

Nicolás Morales hace el conteo de los 10 sopores del año

2010/03/15

Por Nicolás Morales

Este fue un año lleno de actividad cultural y, por supuesto, de encontrones, controversias y sinsentidos; de canonizaciones, muertes y novedades. Y entre todo eso hubo tiempo para el asombro, el reconocimiento y el patetismo. Por eso, como es ya costumbre, intentaremos hacer un resumen de los sucesos culturales del año puestos en blanco y negro. Y como no es aún Navidad, y no estamos para dar regalos, hay que empezar por los sopores. En la próxima columna les doy mi piropo del año

1. Deshojando pasaportes. A ver, seriedad. Si Fernando Vallejo no entendía desde el comienzo los placeres de ser un colombiano indignado por todo, posiblemente es que no ha sido colombiano. Y si los entendía, ¿para qué renunció a la nacionalidad? Ahora parece que los entiende de nuevo y quiere volver, pero con un espíritu errante como el suyo nunca se sabe. Maestro, si lo asaltan las dudas, siempre es mejor deshojar margaritas que pasaportes… y al final hay que hacer menos trámites.

2. El Congreso de la Lengua, o una fase superior de la propaganda borbónica. Con Rey a bordo, el Congreso de la Lengua se erigió como monumento al nacionalismo peninsular y a la presencia continuada del Imperio en las colonias. Mucha melanina para embellecer a negros y mestizos, pero ante sus restringidos alcances lingüísticos, esta edición del Congreso no resultó particularmente lengüilarga.

3. Alejandro Gaviria, planeur cultural. El ex subdirector de Planeación Nacional nos sorprendió con dos entrevistas que pasarán a la historia patria del pachuco-pachequismo cultural: la primera, cuando en el marco del F-11 casi lincha a Daniel Coronell, su compañero de mesa durante el panel, y luego, cuando pretendió, durante la peor entrevista del Bogotá 39 (literariamente y literalmente hablando), arrinconar a Wendy Guerra, escritora cubana. Guerra, muy maja, sentenció sabiamente al final del acto: “Fue como una entrevista de un pasajero de clase ejecutiva.”

4. Andrés Caicedo se revolcó en su tumba. La colección “Historias no contadas” de Editorial Norma nos sorprendió con un librillo de menos de 70 páginas que anunciaba la recta final del más atravesado de los escritores colombianos. Todos caímos en la operación comercial post mórtem mejor montada desde José Eustasio Rivera: pocas páginas, texto en grandes fuentes y un ejercicio de nostalgia familiar muy poco adecuado para nuestro consagrado besacalles.

5. El patinódromo de La Candelaria. En la calle 11, el Fondo de Cultura Económica terminó la construcción de su centro cultural. A pesar de las rampas, no es un parqueadero ni un patinódromo. Es, simplemente, un adefesio. Da tristeza que este edificio sea el último testimonio de la arquitectura que nos regaló Salmona, porque el resultado no está a la altura de su obra, como tampoco lo está a la del barrio, su historia y habitantes. Solo queda desear que la oferta cultural y el prestigio del Fondo de Cultura consigan borrar el ladrillazo que este edificio le dio a La Candelaria.

6. El planeta de los vendidos. Ya ni siquiera vale la pena la suspicacia ante las listas de best sellers editoriales de nuestro único periódico. Por eso, debemos conceder que es simple coincidencia el que el listín vendedor de nuestro diario de circulación nacional esté atiborrado de títulos de esa editorial Planeta, pues todos sabemos que El Tiempo fue comprado por una cooperativa de editores paraguayos y no por un grupo español con algunos pocos intereses editoriales.

7. Paquete chileno o la peor exposición del año. En las invitaciones y en el plotter de la entrada decía “Inoxidable Neopop”, pero yo insisto en que a esos letreros les faltaba una “ó” al final, porque si no, resulta difícil entender de qué se trataba este exabrupto de grafiti, montones, cajas revolcadas y fotos de pésimo gusto y peor concepto traído con bombos y platillos por el gobierno chileno hasta la Galería Santa Fe. Una vez la caca afuera, no hay Eugenio Dittborn que valga.

8. Chiste cruel. Clara Elvira Ospina, subdirectora de noticias de RCN, escribe sin inmutarse, en las páginas de Arcadia: “Por ejemplo, en la información de los noticieros, que es a lo que me puedo referir, estamos haciendo mucha información cultural.”

9. Anemic cinema. En el peor año de distribución de cine independiente de las últimas dos décadas nos tocó acudir a los Shrek y demás bichos parlantes de Hollywood para poder, al menos, comer crispetas en multiplex. Si las cosas siguen así, Cinemark y Cine Colombia deberían poner restaurantes y pistas de baile en los teatros, antes de que nos empaquen al perro bombero, la jirafa loca y el pingüino guasón.

10. La gaviota, la ministra y los precolombinos. Se estrenó la Ministra inmoral, film más malo que el de los ninjas perdidos en el Valle del Cauca. Tan malo que ni siquiera tenía ninjas. La novela que inspiró el film ganó el premio Gaviota 2003. ¿De dónde diablos salió el Premio Gaviota y qué clase de genialidades premia? Por otro lado, Claude Pimont, uno de los protagonistas, ¿no es el mismo al que el DAS le incautó más de 700 piezas precolombinas? Como quien dice, se llevan el tesoro y nos devuelven puros huesos.

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