Los premios de la Bienal

Andrés Ramírez pasa revista a los premios entregados en la XXI Bienal Colombiana de Arquitectura.

2010/06/29

Por Andrés Ramírez

La XXI Bienal Colombiana de Arquitectura otorgó el primer premio al Colegio Santo Domingo de Medellín, proyecto diseñado por los arquitectos Carlos Pardo, Nicolás Vélez y Mauricio Zuluaga, directores de la firma Obranegra.

El Colegio Santo Domingo, ubicado en lo alto de la comuna nororiental de la ciudad, es un excepcional proyecto porque su arquitectura irrumpe con fuerza dentro de un entorno deprimido, de construcciones improvisadas y topografía fuertemente inclinada. Es un proyecto inspirador porque rompe, como muchas otras obras que se levantan hoy en día en esta ciudad, con los viejos dogmas de la “arquitectura de lugar” y la “identidad nacional”.

El Colegio Santo Domingo es un edificio contundente, permanente y universal. Es una estructura de concreto abierta al paisaje y con una estupenda vista panorámica de la ciudad. Sus amplios espacios representan un nuevo símbolo de orgullo para los habitantes de este lugar. Es una arquitectura que educa por sí misma porque seguramente los estudiantes podrán conocer mejor su ciudad desde estos grandes patios que parecen volar al horizonte.

Este premio también es un reconocimiento a Medellín y a su acertada y continuada política de promover edificios y espacios públicos bien diseñados (adjudicados mediante concursos transparentes) generosos con los peatones y amigables con el medio ambiente. Es un premio a un modelo de ciudad que entiende la arquitectura como un camino para reducir la enorme desigualdad que reina en las calles.

La Bienal también reconoció el valor de otros edificios públicos construidos en diferentes regiones del país. Es el caso de la Biblioteca de Villanueva, Casanare (Miguel Torres, Alejandro Piñol y Germán Ramírez); y el Jardín Infantil El Porvenir, Bogotá (Giancarlo Mazzanti). Visto así, este premio representa un giro de fondo en la concepción de la arquitectura nacional. El acta del jurado respalda la idea de los que siempre hemos creído que la contemporaneidad tiene como principal sustento el uso de diferentes caminos para abordar el trabajo creativo: “Tanto los proyectos ganadores como la muestra en general son testimonio de la gran diversidad de arquitecturas y, por tanto, de la vitalidad, de la arquitectura colombiana contemporánea”.

Qué alivio se siente al escuchar estas sensatas palabras. Qué bueno que ya estemos superando los discursos de estilo y de la búsqueda de identidad (por ejemplo, que una obra colombiana debe ser en ladrillo, y que todo aquel que proponga algo diferente se le acuse de plagio). Asumo este reconocimiento como un acto de desagravio por parte de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, quienes hace dos años cometieron el inmenso error de negar el premio a las bibliotecas públicas impulsadas por el ex alcalde Sergio Fajardo (premiadas en todo el mundo menos en Colombia).

Este es un excelente preámbulo de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura de Medellín que ya se avecina.

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