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Los sopores del 2008

Nicolás Mendoza hace anuncio de su selección anual de los nueve sopores culturales del 2008.

2010/07/28

Por Nicolás Morales

Cierto: cosecharé nuevos enemigos y algunos de los que se dicen amigos dejarán de saludarme. Lo siento, pero ustedes ya saben que antes de la primera novena y las dulces natillas anuncio la selección anual de nueve sopores culturales del 2008. Prometo mesura para el próximo año. Más piropos, mejores sentimientos y más columnas alabando a los quijotes de la cultura. Y a sus Sanchos, rocines y jumentos.

1. El festival VivAmérica se exporta como modelo de lo que nunca se debe hacer. Cuatro reglas básicas para la organización de cualquier tipo de festival en el que se invertirá más de setecientos millones de pesos: 1) No harás un festival sin saber para qué lo haces. 2) No harás un festival internacional sin organizarlo. 3) No cancelarás un festival una vez convocado y 4) Nunca traerás a un invitado internacional, p. ej., al venerable editor Mario Muchnik, si no invitas al menos a un puñado de personas que hagan las veces de público. Por supuesto: es nuestro sopor del año.

2. Juan Fischer cree que es Dago. En una nota en El Tiempo en la cual el director se la emprende contra la crítica cinematográfica colombiana, el cineasta dice: “Pienso que (a la cinta) la mató la piratería. Posiblemente nos hubiéramos ganado el premio de la película más pirateada en el 2007”. El director de Buscando a Miguel quizá se confunde, pues preguntamos en cuanto cuchitril de películas piratas se ve en las calles de Bogotá y en todos nos decían “Buscando… ¿a quién?”. Y nosotros nos preguntamos lo mismo.

3. A reconocida periodista le encargan un publirreportaje de perros calientes. Es la entrevista más soporífera del año. Fue publicada en media página de la sección de cultura de El Tiempo. Paola Villamarín le pregunta, entre otras cosas, al gerente de Cine Colombia: ¿por qué se han estancado con crispetas, gaseosa y perro caliente? Habrá que perdonar a Paola pues, seguramente, en el periódico le pidieron evitarle molestias a tan selecto pautante con preguntas difíciles. Sin embargo, a riesgo de atorarme con un maíz, yo le habría preguntado mejor: ¿sabía usted que de la última selección de las mejores películas realizadas en el actual milenio (hecha por Taschen) solo se han proyectado en Colombia el 18%?

4. La prensa nacional intenta asesinar a reconocida empresaria de teatro unos días antes de su muerte. Los artículos de cierre del domingo de los importantes diarios y revistas no sabían qué hacer. Se la jugaron por adelantar una muerte que no llegaba. Resultado: un obituario con dos días de antelación. Ya lo dijo Ambrose Brice cuando definió la palabra “matar”: crear una vacante sin designar sucesor.

5. Novela mal librada recibe jugoso premio diplomático. Dicen los chismes que el gobierno nacional premió una extraña novela, comentada muy desigualmente por la crítica. Al parecer el premio consistió en un suculento consulado. No, no fue en el Hotel Pekín. Por cuestiones de método, resultó mejor en la India. Habría que disuadir a nuestro escritor Gamboa para que no siga la saga literaria de algún escritor cordobés cuyo servicio diplomático en Nueva Delhi la cancillería prefiere no recordar.

6. Le Clézio hunde a los vendedores de libros y a sus importadores. Mala suerte. Las cajas de libros de Roth, Llosa y Tournier se quedaron sin abrir. Y descubrimos que, aparte del Fondo de Cultura Económica, nadie sabía quién era este escritor galo. Ni la propia Academia del Nobel, creemos.

7. La tumba de Rafael Pombo es ultrajada. Un disco sacudió la industria discográfica. Rin-rin renacuajo reclutó a ingenuos y rencauchados. Cayeron los pesados en este experimento. Incluso Karl y Eduardo, nuestros amigos chapinerunos, fueron engañados por una buena causa: producir un disco pésimo sin pagar derechos de autor a la pobre viejecita.

8. Goya opacó el verdadero robo. El turbio robo del grabado y su seriado detectivesco posterior fue el capítulo más vistoso de un año aburrido en la política de arte distrital. Más silenciosa pasó la franca decadencia en la que ha entrado la Galería Santa Fe a la que, por cierto, un robo próximo no le caería mal para ver si se despierta.

9. José Obdulio no pudo ser Héctor Abad. Pese a tener algunas relaciones con la casa editorial que arrasó este año la lista de libros más falsamente vendidos, el consejero presidencial no logró mayor impacto editorial. Duró pocas semanas en los listados y ni siquiera pudo ganarle al libro de Madame Rochi. ¿No es este un buen preludio editorial para el 2009? ¡Feliz año!

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