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¿Otra vez a cantar?

Antes, un miembro del star system de la cultura llamaba al director del medio, le pedía el favor y...

2010/03/15

Es paradójico: los medios de comunicación tradicionales están en vías de extinción. Y al mismo tiempo, nunca en la historia de la humanidad ha estado más fanáticamente “mediatizada” la sociedad. Antes, salir en medios era vital para actrices y actores de televisión. Para entertainers. Ahora, la necesidad del protagonismo mediático se ha extendido de manera acelerada —en Colombia— a los políticos, ministros, jueces, magistrados, candidatos y funcionarios públicos de todo tipo. Salir publicado en un medio de comunicación tradicional (radio, TV o prensa) se ha convertido en el más importante indicador del éxito de una gestión , y los medios se han convertido en un frenético objetivo de instituciones públicas y privadas, de galerías de arte, lanzamientos de libros, de gestores sociales y culturales y también de lobistas. Los departamentos de prensa y relaciones públicas son más importantes que nunca, y el éxito de su trabajo se mide en minutos al aire y en centímetros cuadrados de contenido.

Eso es comprensible y no necesariamente criticable. La imagen de éxito puede ayudar a conseguir recursos, a abrir puertas necesarias, etc. Quien sale publicado se construye como una voz relevante. Es legitimado, es premiado y, por supuesto, es protagonista.

Pero la vuelta de tuerca está más allá.

Ahora, algunos sectores públicos dan la impresión no de querer que lo que hacen salga en medios de comunicación, sino de llevar a cabo actos especialmente pensados para salir en los medios de comunicación. “Eventos mediáticos”, los llaman. Es decir, espectáculos. Que haya un proyecto sólido detrás es lo de menos: lo que importa es la imagen de que lo hay.

Y eso parece estarle ocurriendo al Ministerio de Cultura.

Antes del boom de los departamentos de prensa, la alianza medios-cultura se manejaba en Colombia de una manera muy elemental y parroquiana: los gestores culturales —ese glamuroso star system de la cultura— llamaban al director del medio y le pedían el favor de publicar tal o cual asunto. El director decía que sí. Y punto. No salía publicado un texto crítico o periodístico, no. Salía uno publicitario. Un mero anuncio que pocos leían porque bastaba con la foto y el elogioso titular. Así funcionaban las cosas. No es que hayan cambiado mucho, pero ahora todo se ha profesionalizado.

Los departamentos de prensa tienen una actitud paternalista con los medios, cosa que no sucede en ningún otro ministerio del gobierno. Todo el tiempo quieren hacer alianzas y proyectos conjuntos, cosa que no sucede en ningún otro ministerio del gobierno. Invitan a los periodistas a viajes internacionales, cosa que no sucede en ningún otro ministerio del gobierno. Se inventan rutas históricas, efemérides, campañas de aniversarios y espectáculos multimillonarios, eventos que inundan los medios de comunicación tradicionales, cosa que no sucede en ningún otro ministerio del gobierno.

Y la pregunta que subyace es la siguiente: ¿cuánto aportan estos eventos al sostenimiento del desarrollo cultural del país?

Porque ¿qué es mejor? ¿Hacer un evento de arte multimillonario en Cali o garantizar el pago de la luz eléctrica del mítico Museo La Tertulia o el funcionamiento de la Filarmónica de Cali? La respuesta obvia es la segunda. El problema es que ayudar a pagar la luz de un museo no produce ni fotos ni titulares. Hay que hacer eventos. La Secretaría de Cultura de Bogotá —siguiendo órdenes de la Alcaldía— vuelve a traer el Festival VivAmérica este año, a pesar del olímpico fiasco del año pasado. ¿Por qué en vez de hacer su propio evento, no apoyan al Festival de El Malpensante? ¿O la Bienal de Venecia, liderada por Franklin Aguirre, que no ha podido continuar por falta de recursos? ¿Por qué tiene que competir lo público con lo privado?

No queremos decir que el talante trabajador de la Ministra se reduzca a ejercer de ubicua anfitriona internacional. Sabemos que ha liderado importantes proyectos de ley para la cultura y ha promovido con ahínco su agenda de fortalecimiento de las culturas regionales. Ninguna gestión es fácil, más aún cuando los presupuestos para la cultura parecen encogerse como si fueran camisetas chinas.

Pero en Arcadia creemos que es mejor invertir en el Encuentro de Culturas Andinas que se llevará a cabo en Pasto a mediados de año —aunque sea un proyecto de la Gobernación de Nariño—, que poner otra vez a todo el país a cantar bambucos el 20 de julio. En Arcadia creemos que es mejor apoyar un proyecto periodístico juvenil de Ciudad Bolívar, o uno tan sólido y entusiasta como la revista de jóvenes Cartel Urbano, a publicar una gaceta propia. En Arcadia creemos que es mejor garantizar la superviviencia del único espacio cultural de Popayán, el Centro Cultural Bolívar, a punto de irse al traste por torpeza de los funcionarios de la Alcaldía local, que hacer una presentación a la prensa del Concierto Nacional en el Palacio de Nariño, asegurando que el Ministerio va a inmortalizar a Escalona. Porque eso ya lo hiceron los propios colombianos.

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