Plagio, hospitalidad: notas

Carolina Sanín reflexiona sobre el plagio a propósito de la condena de dos años de cárcel de la escritora Luz Mary Giraldo.

2010/06/22

Por Carolina Sanín

0. La poeta y profesora de literatura Luz Mary Giraldo acaba de ser condenada a dos años de prisión por haber reproducido, sin entrecomillarlos ni citar a su autora, fragmentos de la tesis de grado de la estudiante Rosa María Londoño en un artículo sobre el poeta Giovanni Quessep.

1. En la noticia de prensa, a cuatro columnas y foto, Luz Mary se me aparece por haber omitido de su nombre el de otra mujer que la ocupaba. ¿Debe ocupar una prisión por haber sido la prisión de una ausencia? Recuerdo que una de las acepciones de “plagio” es secuestro.

2. Con su acto de copia inconsciente, la profesora ha contenido a la alumna. Ésta a su vez contenía a la profesora, quien se había ocupado con anterioridad y profusión del sujeto Quessep. Me pregunto si las dos mujeres se disputan una primogenitura (quién dijo primero lo que dijo sobre Quessep; en cuál se cultivó antes la semilla) o si quieren determinar cuál de las dos cautiva a su autor en mayor medida. Me he enterado de que Rosa María y Luz Mary tienen un notable parecido físico además de tener un nombre en común, mutuamente traducido.

3. La condena a Luz Mary me extraña por su desproporción y me atañe en tanto que soy, como la condenada, profesora de literatura. Preocupada por la frecuencia con que encontraba mis palabras en los trabajos de mis estudiantes, un día se me ocurrió pedirle a la clase que me citara: que me invitara formalmente y asumiera, abusivamente, que yo aceptaba la invitación. En los trabajos que siguieron a la admonición leí, adjudicadas a mi autoría, ideas que nunca se me habían ocurrido. La alternativa a la apropiación fue la tergiversación. ¿Acaso ese equívoco en el reconocimiento de la maternidad refracta el erotismo proscrito entre la profesora y el alumno?

4. Como estudiante he imitado, adulterado, traducido y traicionado a mis maestros. Como escritora, he hurtado de mis autores. Quizás haya querido inscribirme en una tradición haciendo de la envidia una técnica. Quizás he asumido que en la literatura la repetición redunda en propiedad, así como sucede con la prescripción adquisitiva en el derecho y no con la posesión en el amor.

5. He dormido con algunos hombres que tenían ideas. Después he repetido sus palabras sin darles crédito, como si las hubiera oído en el sueño. Nunca se me ocurrió que no me las hubieran regalado.

6. En al menos dos anunciaciones de Fra Angelico, cuando el ángel llega donde la María original (la tercera de esta historia) a anunciarle la encarnación del verbo original, la encuentra en compañía de un libro abierto.

7. Leo la sentencia que ha condenado a Luz Mary. Quisiera referirme a ella para intentar una defensa, pero no consigo que su forma me penetre. No puedo hacer una interpretación con el lenguaje del juicio, opuesto al de la crítica. Tendría que citar la sentencia literalmente, reconocer su extrañeza para mí; entrecomillarla y recordar que oralmente —dibujadas con los dedos— las comillas se usan para enmarcar un término cuyo significado no se quiere emplazar sino poner en entredicho.

8. Por estos días hospedo en mi casa a una amiga que está de viaje. En compañía, tentada permanentemente a conversar, no logro concentrarme para escribir con estilo. Si otra menos ocupada pudiera recoger ahora mis notas, le agradecería que los gestara. Entre tanto, copio: “la memoria regresó a la caída”. Es una visión mía. Es un verso de Luz Mary Giraldo. Es mío: lo imaginé mientras lo leía. A lo mejor un día olvido de dónde me llegó y logro incorporarlo, es decir, hacerle una lectura inspirada.

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