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Respuesta de Adriana Guzmán, Decana de Comunicación Social de la Universidad de la Sabana

Bienvenido el diálogo, pero con argumentos

2010/10/13

Bienvenido el diálogo, pero con argumentos

Una de las primeras tareas que el periodista debe cumplir, antes de emitir juicios, lanzar descalificaciones y establecer culpables, es tratar de encontrar toda la información que le permita diseñar un panorama lo más objetivo posible para que las fuentes, y no él mismo, den cuenta de los acontecimientos, y la opinión pública se haga una idea aproximada a la realidad. Finalmente, con ello, la responsabilidad es del periodista y la afectación directa la tendrá, sin más, el público lector, oyente o televidente.

Eso, lo mínimo, el punto de partida que no se enseña en las redacciones, se imparte en las Facultades de Comunicación, de Periodismo o de las dos. Y se hace, atendiendo a la realidad, no inventando estructuras inaplicables ni evadiendo una realidad que queremos cambiar. Lo hacemos teniendo en cuenta las necesidades reales de los medios y las empresas de comunicación y conociendo de primera mano, cómo lo están haciendo y cómo podría hacerse mejor.

El agente detonador de este editorial es una columna de la Revista Arcardia, en la que se cuestiona fuertemente el maltrato de los futuros periodistas, especialmente en los medios, y el papel que cumplimos las facultades de Comunicación en la formación de estos profesionales.

El artículo resume una carga de críticas y generalidades, sobre lo que aquí se enseña y termina en una invitación a los decanos de las Universidades para hablar acerca de lo que estamos haciendo. Y bienvenido el diálogo, claro que sí. Este es el insumo fundamental para nuestro trabajo. Pero qué bueno que antes de llegar al debate haya interés por conocer lo que se hace de puertas para dentro, no sólo en esta Facultad, sino en otras muchas en las que intentamos enseñar lo que de verdad se requiere en el mundo real.

Yo, por lo pronto, respondo por esta Facultad. Desde hace 37 años, hemos pasado más de tres mil personas (también soy egresada), con el ánimo de formarnos para los medios y, con todas las vicisitudes, hemos ido afinando un proyecto que, considero, se acerca cada vez más a las redacciones, las oficinas de prensa, las entidades no gubernamentales.

Para ello, hemos hecho varias cosas. Desde hace años, hemos intentado combinar la academia con la práctica. Yo misma, desde el lugar que hoy ocupan mis alumnos, fui una crítica consumada de los profesores que me enseñaban redacción sin haber pisado un periódico. Y sigo siendo crítica de estas situaciones. Por eso, dentro de nuestro grupo de docentes, hacen parte personas que hemos vivido el periodismo, lo hemos sufrido, respirado, odiado y vuelto a amar.

Yo misma estuve diez años, antes de meterme en esta causa, de paso por los medios económicos y cuánta riqueza tengo hoy para compartir con los estudiantes. Y así, buen número de profesores que lo ejercen actualmente y que vienen a mostrar la verdad de los medios.

Luego, eso de que los estudiantes no tienen ni idea, pues no es tan cierto. El antiguo Rector de esta Universidad decía que lo primero para tener en cuenta en la construcción de nuestro Proyecto Educativo Institucional es que hay que trabajar con lo que da la tierra. Y nuestros alumnos son frutos de la vida misma, que es difícil, que tiene toda suerte de complicaciones, que deja un balance muy regular en el trayecto escolar y que se resume en alumnos poco preparados con las competencias básicas, poco ilusionados con un proyecto de vida y dispuestos a no ceder ante el sacrificio. Eso complica no sólo la pasión con la que uno de estos futuros periodistas debería encarar la profesión, sino la de todos los que quieren ser dignos de un título, en cualquier otro ramo.

Pero la tarea de las Facultades es tratar de ilusionarlos. Y sobre todo, hacer que piensen. Por eso, hay materias que a lo mejor, en una primera mirada, a un jefe de redacción no le sirven para nada. Eso de ver Antropología para qué, si es que yo necesito alguien que me encuentre noticias, se dirá. Sí, eso también lo enseñamos, pero es importante que el estudiante se entere de la carga que, como ser humano, puede sobrellevar una viuda de la violencia o un recién liberado del secuestro.

Además de mostrarles cómo se hace el periodismo, también hay que dejarles ver lo que pasa en nuestra sociedad, cuando a veces el egoísmo reina por encima de las virtudes y el maltrato se pasea por las empresas de comunicación, (No sólo de comunicación, sino de alimentos y bebidas, bancos y almacenes).

Episodios infortunados como los que se relatan en el editorial de Arcadia son inadmisibles y por ello, tratamos de enterarnos qué hacen nuestros practicantes, a dónde van. Además de que tenemos unos tutores que orientan a los alumnos sobre lo conceptual y lo práctico, yo misma busco espacios para conversar con los empleadores y conocer las realidades que ellos viven y que nuestros futuros egresados experimentan.

Y finalmente, algo (entre otras muchas cosas) que hacemos permanentemente es ajustar nuestro plan de estudios. Antes del debate, una invitación muy amable a conocer nuestro plan de estudios sobre todo a quienes están en los medios y las empresas.

Me parece un ejercicio pertinente entender para qué le sirve a un periodista ver desde una clase de historia, pasando por narrativa literaria, las varias redacciones en todos los géneros, hasta una de Vida, Razón y Fe, en donde por lo menos el futuro profesional se entera que la caridad nos hace humanos y que el respeto por el otro es lo mínimo a la hora de pensar en la noticia.

De nuevo. Qué bueno suscitar el debate sobre el periodismo, sus prácticas y el ejercicio, así como su aprendizaje y posibilidades para formar futuros profesionales.

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