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Respuesta de Germán Ortiz Leiva profesor del Programa de Periodismo y Opinión Pública de la Universidad del Rosario

¿Repensar la formación académica de la comunicación? El debate apenas comienza

2010/10/13

A propósito de un artículo editorial de la Revista Arcadia en la que plantea de manera crítica la formación de comunicadores sociales en Colombia y la invitación a participar en un debate amplio, resulta sugerente la propuesta sobre todo para quienes trasegamos en estos escenarios académicos y consideramos más que pertinente, una controversia en tal sentido como ha venido ocurriendo en la Argentina y en el último año en Brasil.

En el fondo la cuestión es la misma allá y aquí: ¿Es válido formar en la universidad y con igual método comunicadores y periodistas?; ¿Es necesario darle a unos y otros especificidad en su formación académica?; ¿Resulta oportuna la profesionalización de quienes ejercerán el periodismo o al ser éste considerado un oficio y/o arte por lo que no requiere fundamentación conceptual como exigen las profesiones?; ¿Es necesario el debate académico o habrá que dejarlo a los medios de información y la sociedad en general?, y finalmente, más allá de las discusiones epistemológicas que puedan emerger, lo que realmente importa ¿serán los efectos sociales que están causando tales confusiones vocacionales y profesionales?

Son algunas de las inquietudes sobre el asunto que de seguro no se van a resolver ahora mismo. Por lo pronto hay que colocar en blanco y negro la cuestión fundamental y dejar para otro momento los matices o grises de un asunto que se ha ventilado de muchas maneras dentro del país y al que quizás no le hemos dado la relevancia que merece: ¿Estamos preparando de forma adecuada comunicólogos, relacionistas públicos, presentadores de noticias, publicistas, gestores organizacionales, productores audiovisuales o periodistas bajo aquello que denominamos sin reparos comunicación social?

Lo primero por hacer es reconocer sin desazón que efectivamente hay una dificultad en la definición y en la formación profesional como causa de la primera, en relación con lo que quieren los jóvenes inclinados al vasto mundo de la comunicación.

Aunque percibido el asunto desde la propia academia a finales de los años ochenta, varios profesores pretendieron resolver el problema ajustando forzadamente, la comunicación a un estatuto disciplinar que nacía de sus entrañas a la vez que convertían en literalmente apéndices, al resto de prácticas comunicativas, oficios y profesiones que de alguna manera se mueven en este campo.

Aún así la dificultad en torno a la formación no se resolvió. Al contrario se hizo más compleja. Se terminó por tasar en igual medida los problemas de la realidad social y su comprensión que le compete más al periodismo, con las reflexiones en torno a la retórica, la estética, la semiótica, la imagen, que van más hacia los problemas del lenguaje y la comunicación de la que se han encargado por mucho tiempo serias disciplinas como la sicología, la lingüística, la filosofía o la sociología.

¿Crisis en la formación o en la concepción?

Ahora que se viene hablando de crisis – entendida como necesidad de cambio - de las empresas informativas, de quienes ejercen el periodismo, de quienes trabajan en temas de comunicación, se debiera hablar en igual sentido, de crisis en los modos de comunicación pero sobre todo, en las maneras como la estudiamos y enseñamos en nuestras clases.

Por supuesto, es una necesidad evidenciada en mayor medida en el periodismo - la práctica comunicativa por excelencia – por lo que podríamos estar siendo testigos de una transformación en los modos de entenderle lo que compete directamente, a instituciones educativas y programas curriculares más que a los propios medios de comunicación.

Para entender bien la cuestión veamos un ejemplo: cuando ingresamos al estudio del intrincado mundo de la salud se abren múltiples opciones desde conocer el funcionamiento del cuerpo, la prevención de enfermedades, los efectos de los fármacos, los cuidados de los pacientes, las relaciones entre mente y salud, el sentido común nos indica que no es lo mismo hacerlo desde la microbiología, la terapia física, la nutrición, la psicología, la enfermería, la optometría o la medicina por nombrar algunas de sus especialidades.

Por el contrario, cada disciplina de estas aunque estrechamente interrelacionadas, se desempeña mejor desde su propia perspectiva partiendo incluso de postulados que terminan por afectar las formas de enseñanza y práctica profesional.

Algo similar ocurre en la comunicación. Aunque todo esté afectado por prácticas comunicativas, no es igual estudiar los problemas de la comunicación desde la gestión organizacional, la publicidad, el análisis de audiencias y de contenidos, la comunicología, los problemas de la información, las relaciones públicas o el periodismo.

En muchos escenarios cabrán los análisis propios de la llamada Mass Communication Research (MCR) que desde los Estados Unidos intenta adoptar un cierto ropaje de ciencia independiente ante lo que pone como objeto de estudio, el proceso de la comunicación y sus implicaciones.

Para otros y sin menoscabo de lo que hoy se hace en las facultades de comunicación del país, resultan más indicados los aportes desde la teoría de la administración, la filosofía del lenguaje, la psicología social, la antropología cultural que con los diversos paradigmas surgidos en las ciencias sociales y humanas, estudian el hombre y uno de los hechos más antiguos, la comunicación en sus diversos niveles.

¿Y entonces que le queda a la comunicación social para enseñar en la academia? Es uno de los cuestionamientos en blanco y negro que se mencionó atrás, el cual debe invitar a una amplia discusión sin apasionamientos y sin desmeritar por supuesto, los esfuerzos y avances que se han dado particularmente en la América Latina en los últimos 25 años.

Por lo pronto la intención del escrito es ahondar más en lo que significa la formación académica del periodismo, su especificidad y las dificultades que se presentan.

El periodismo en la academia

El periodismo es una actividad intelectual que busca sobre todo, interpretar los hechos de la realidad social que marcan o afectan la naturaleza humana. Su función no es otra que la de darle sentido social al presente. Al igual que la historia, que intenta reconocer el pasado, el periodismo busca dar respuestas a la actualidad en escenarios cambiantes que hacen difícil entender las circunstancias del día a día. Al ser la realidad su objeto central de estudio, el buen periodismo debe estar marcado por el buen entendimiento de dicha realidad.

Concebido así, el periodismo va más allá del puro arte y creación innata de intelectuales con “buena pluma” que solo requieren de un hacer; su adecuado aprendizaje se acerca formalmente al de cualquier otra profesión de las ciencias sociales que requiere de un ethos profesional, para aproximarse al cómo hacer. En esencia el periodismo es una práctica, pero con ciertos matices que exigen entendimiento pleno para no seguir cometiendo errores en la formación y en su ejercicio que hoy se reprochan mutuamente los periodistas de oficio y los periodistas de academia a la vez que la sociedad, a todos los periodistas.

Como tarea exigente, sus esfuerzos no sólo están concentrados en dar cuenta de cuál es su función para la comunidad y el servicio que debe prestar a los ciudadanos, además de contar con el pleno entendimiento del entorno del que el periodista y reportero como intérprete del mismo, le compete saber.

En el oficio, el perfeccionamiento en el hacer mejora rutinas y técnicas. Como profesión, la experiencia se une al conjunto de saberes y métodos propios en torno a su objeto de estudio: la realidad social.

Así llegamos a un punto en el que coexisten rumores y verdades en torno a la formación de periodistas que vistos críticamente, permiten entender un poco mejor los rasgos de un debate que apenas comienza:

1. El periodismo es una carrera fácil. Entendido así el periodismo es más exigente que otras disciplinas. Basta entender los retos del aprendiz de reportero que se enfrenta a un mundo de múltiples lecturas ante las que debe responder adecuadamente, si aspira a lograr piezas periodísticas de cierta calidad.

2. Los énfasis resuelven el problema. No es verdad. Muchas veces los denominados campos de profundización soslayan el rigor de la ciencia y el conocimiento técnico de la disciplina que se estudia. Lo adecuado es intentar acercarse a la realidad tal cual lo hace el experto sin serlo. Si hablar de economía se trata, el conocimiento del cálculo diferencial, la historia de las ideas económicas, los efectos macroeconómicos, serán temas obligados para hablar con la técnica del buen periodismo.

3. El periodismo es antes que todo, arte y creación literaria. Aunque se han dado grandes reporteros con vena de escritores de talla mundial, ahora el periodismo de calidad surge del rigor de las ciencias sociales y humanas que le permite dejar de lado la intuición, para reencontrarse con las metodologías de indagación tan necesarias a la hora de ahondar en los hechos para escribir buenos reportajes.

4. El periodismo no es asunto de números. Cuando observamos los titulares de los noticieros, son cada vez más las noticias que provienen de informes y estudios que reconsideran la sociedad anumérica a la que nos enfrentábamos en el periodismo de antaño. La escasez de recursos, las políticas públicas - temas corrientes de la prensa – requieren de profesionales que lean con precisión metodológica, las cifras que impactan a la sociedad.

5. La realidad es un todo y como tal el periodista un todero. La vieja frase de “un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad” quizás tenga su mejor explicación aquí. De nada sirve el periodista que cree saber de todo y al final no conoce de nada.

A diferencia de la generalidad sosera, la especialización sobre una realidad específica del mundo, mejora la calidad del conocimiento del reportero. Con el rigor del experto, podrá llevar mejor datos y documentos que requiere para su trabajo. Sabrá reconocer lo importante de lo intrascendente.

Siempre se ha afirmado que el buen periodista no es aquel que guarda celosamente sus fuentes como muchos lo hacen, sino el que reconoce el sentido de los hechos y sabe cómo y a quien preguntar por ellos.

6. El periodismo se aprende mejor en las empresas informativas. Sin duda es así en algunos casos, no en todos. Si se tratara solo de la técnica y el manejo de instrumentos, los medios de comunicación tienen los recursos suficientes para estar en la vanguardia de los procesos de aprendizaje.

Sin embargo, estos mismos medios no cuentan con el tiempo para enseñarle al principiante – todo vale mucho dinero – menos para reflexionar metodológicamente, sobre lo que hace. Ahí está la academia y quizás sea lo único que justifique su presencia social y el tiempo que requiere en formar periodistas.

Finalmente vale la pena recordar una anécdota a propósito de la visita de un grupo de jóvenes estudiantes al despacho del afamado periodista norteamericano Benjamín Bradlee cuando se le preguntó qué recomendaba leer a periodistas en formación. Su respuesta fue tan simple como contundente: Hamlet de William Shakespeare. Allí encontrarán todo el drama de la condición humana que el buen reportero debe conocer.

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