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Respuesta de José V. Arizmendi Director del departamento de Comunicación y Lenguaje de la Universidad Javeriana de Cali

"A diferencia de otras profesiones más antiguas, la educación en Comunicación no ha alcanzado todavía algunos acuerdos básicos".

2010/10/13

Muchas gracias por el editorial donde invita al debate sobre la formación de comunicadores y periodistas en Colombia, que contiene el inusual aporte de reconocer el maltrato a practicantes y egresados por parte de los veteranos del oficio. Propongo dos áreas de análisis: el territorio de la academia y el del mundo laboral.

A diferencia de otras profesiones más antiguas, la educación en Comunicación no ha alcanzado todavía algunos acuerdos básicos. En Estados Unidos, por ejemplo, ni siquiera la Asociación Nacional de Comunicación, ICA, cuya convención reúne todos los años a unos 4.000 expertos, ha llegado a consenso sobre la lista de asignaturas indispensables. Morreal y Blacklund, decían en el año 2002 que “como disciplina, no estamos de acuerdo en los cursos que se deben ofrecer, cuáles deben ser obligatorios, o qué contenido deben tener las asignaturas básicas ni las introductorias. Pero esa no es necesariamente una mala noticia. De hecho, podría representar una de nuestras mayores fortalezas”.

En América Latina, la investigadora chilena Claudia Mellado acaba de divulgar los resultados de una consulta a 35 investigadores y docentes de Periodismo y Comunicación de 16 países latinoamericanos, según la cual hay una tendencia de la academia de la región a seguir pensando el periodismo a partir de los medios de comunicación, “a pesar de la ampliación del mercado laboral y la evolución de los currículos de los programas de comunicación, que han favorecido a las relaciones públicas y la comunicación corporativa”. Mellado encontró que en Centroamérica, por ejemplo, predomina una visión absolutamente restrictiva del ejercicio del periodismo y no validan la comunicación social como campo natural de formación para los periodistas, no consideran que el periodismo haya alcanzado el estatus de profesión pese a ser enseñado en las universidades y desconocen lo que sucede en otros países de la región. En cambio los académicos del resto de Latinoamérica, especialmente de Chile, Venezuela, Colombia y México, manifiestan mayor disposición de convertir al periodista en un comunicador capaz de gestionar información en diferentes formatos y soportes. No obstante, un porcentaje importante también rechaza la fusión del periodismo y la comunicación bajo una misma denominación profesional (Signo y Pensamiento, número 56, página 274, disponible en la web).

En Colombia hay 81 facultades y escuelas de Comunicación social, Periodismo, Producción audiovisual y temas afines, distribuidas en 30 ciudades. En la primera mitad de esta década, la Asociación de facultades de Comunicación, Afacom, hizo posible un acuerdo sobre la lista y categorización de los contenidos que deben cubrir los programas académicos. Y el Ministerio de Educación promulgó la Resolución 3457 del 2003, que prescribe las competencias profesionales que deben desarrollar los estudiantes. Se podría decir que son dos avances, todavía parciales, porque en la práctica parece que todo Decano, todo profesor y hasta todo director de medio tiene su propia fórmula de currículo ideal en la cabeza. Por contraste, para diseñar un programa de Medicina en el país existe desde 2003 un “currículo nuclear” de 28 páginas, producto del consenso de Ascofame, y para uno de Ingeniería es posible basarse, por ejemplo, en el “Computing Curricula 2005” de la IEEE, que en 62 páginas describe contenidos y competencias para las cinco variedades más tradicionales de la profesión.

Por otro lado, el mundo laboral es mucho más disperso. Después de 8 o 10 semestres de preparación, un egresado universitario enfrenta un mundo donde hay medios (canales, emisoras, empresas editoriales o multimediales, con periodismo o sin él) y también hay centenares de empresas del sector privado y público que tienen necesidades de comunicación con públicos internos y externos. Su buen desempeño depende de lo que haya aprendido, de sus talentos personales y, también en gran medida, de las expectativas que tengan sus empleadores sobre una persona de 23 o 24 años de edad. ¿Debe saber de Ciencia Política y de historia? Si va a trabajar en la sección política o de noticias generales, sí. Si va para la de deportes o económica, no. ¿Debe saber tomar fotografías o hacer cámara? Yamid y Coronell son respetados por sus colegas, sin haberlo hecho nunca. ¿Deben manejar bien el idioma y argumentar claramente por escrito? Indispensable, aunque no sobra recordar que escribir bien es una tarea que tarda toda la vida y los gazapos que a diario vemos en los medios de Colombia y el mundo lo prueban.

En síntesis, la educación de Comunicadores y Periodistas enfrenta en todas partes el reto de diseñar un tronco común de asignaturas y estrategias pedagógicas, que por un lado le dé identidad y por otro desarrolle las habilidades necesarias para pegarle al “blanco móvil” (Bastenier) de la actualidad, con las limitaciones propias de una especialidad profesional a la vez joven y muy afectada por el sector más dinámico del cambio tecnológico: el de las comunicaciones.

Invitaciones como la de Arcadia enriquecen el debate y a las Facultades y escuelas de Comunicación colombianas nos corresponderá ir madurando los resultados.

Cordialmente,

José V. Arizmendi C.

Director del departamento de Comunicación y Lenguaje

Pontificia Universidad Javeriana

Cali

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